¿Qué está pasando ahí...?

  06 Diciembre 2013

El Gobierno valenciano acabó con Canal 9 

canal 9-13Ni corto ni perezoso, el Gobierno valenciano acabó con RTVV. Un juez de Paterna sentencia que, por las buenas o por las malas, las instalaciones de la televisión valenciana se han de desalojar.

El suceso se data un 29 de noviembre, a media mañana y con las cámaras en directo. El héroe del momento fue Paco. Paco “el Telefunken” dice que él no tira del cable, que no quiere cortar la señal. Decide irse para su casa sin cumplir el encargo. Horas antes la policía tampoco pudo o supo cómo cortar la señal. Al final, uno de los “liquidadores” mete el alicate en un enchufe y funde los plomos. ¡Torpes e indignos hasta el momento final!

En el directo de esa mañana, desde el plató de informativos y con récord de audiencia, pudimos escuchar las reflexiones, entre otros muchos, de Iñaki Gabilondo. Sus palabras fueron toda una lección a propósito de dos cuestiones fundamentales. Una de ellas sobre las siempre conflictivas relaciones entre la prensa y el poder. Entre ambos, dijo Gabilondo, nunca puede haber componendas. Pues siempre serán eso, relaciones marcadas por la lucha de poder.

En segundo lugar se preguntaba cómo es que los trabajadores de RTVV pudieron tragar tantos sapos sin haberse rebelado mucho antes. Y seguía preguntándose, cómo es que los demás colegas de profesión también “hemos” permanecido callados. Cómo es que la sociedad valenciana se desentendió de su radiotelevisión ante una gestión tan desastrosa como la que se estaba haciendo. Todos, concluía, tenemos algo de responsabilidad en lo que ha sucedido con RTVV. Por cierto, tanta indiferencia se va pareciendo cada vez más a la controvertida “banalidad del mal”. De todos modos los responsables máximos son esos señores del PP empeñados en destruir los servicios públicos que no se parezcan a un PAI.

El propio Gabilondo insistía en un asunto que varios de los “invitados” en el plató ya habían planteado. Una vez consumada la quiebra de un derecho, en esta ocasión encarnado en la RTVV ¿cuál será el siguiente? Porque la cuestión de fondo es precisamente esa: la toma y quiebra del Estado que garantiza los derechos civiles fundamentales. Cuando el presidente, Sr. Fabra al salir del pleno del Consell, precisamente celebrado en Ibi, lejos del escenario de los hechos, dijo que tan doloroso era cerrar RTVV como cerrar una empresa, y de éstas se cierran decenas a diario.

El implícito de semejante comparación no deja lugar a duda: para el Molt Honorable es lo mismo la empresa que, pongamos por caso, fabrica helados, que la que presta un servicio público fundamental, cual es el de la información. Si realmente cree que esto es así, lo que procede es que de inmediato abandone la presidencia de la Generalitat. No tiene sentido ejercer un cargo del poder ejecutivo, mediante delegación democrática, cuando realmente se siente “empresario”.

El rabioso directo de esa mañana ofreció algunas otras escenas difíciles de olvidar. A primera hora llega a la verja cerrada del centro de producción Beatriz Garrote, presidenta de la asociación de las víctimas del accidente del metro. Le abren la verja, entra y allí mismo se inicia una entrevista con siete años de retraso. Mientras hablaba alguien le dice algo al oído, la coge de la mano y salen corriendo de espaldas a cámara. Nos dejan perplejos al verlas desaparecer tras una esquina del edificio.

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Al momento y entre aplausos, aparece Beatriz en el plató de informativos desde donde se estaba haciendo la “televisión de todos”. Llega justo al lugar en el que sistemáticamente se les había negado cualquier tipo de presencia física y simbólica. Lo patético de la escena sólo se puede justificar por lo crítico del momento. Con ese accidente no sólo perdieron la vida 43 personas, sino que a sus familiares se les ha negado la más elemental justicia y reconocimiento. En aquel momento, con la corrupta fanfarronada de la visita del papa Ratzinger consiguieron taparlo todo. ¿Restituye algo esta entrevista de última hora?

Volviendo al plató de esa mañana, se veía que allí estaba una generación de trabajadoras y trabajadores, cuyo compromiso con la causa informativa es difícil poner en duda. La cuestión que me llamó la atención es por qué no estaban allí esos jovencitos y jovencitas, que sin más mérito que el de amistad o consanguinidad, ocuparon muchísimos puestos en los centros de producción de RTVV. Creo que hubiera sido interesante verlos allí, ver sus caras al comprobar que son responsables directos de que la Nou sea ya otro juguete roto.

De manera que si es verdad lo que esa generación decía poco antes del apagón, y decía que la RTVV es de los valencianos, todo ellos deberían pasarse por los juzgados a denunciar cada uno de los casos que conocen de corrupción interna. De gentes que estaban en nómina y no acudían, algunos, ni siquiera a fichar. Denunciar a quienes censuraban las piezas informativas o “tomaban nota” de quienes bajaban a las concentraciones. Denunciar a las productoras que contrataron por encima de los precios y condiciones razonables. Para que nos resulten creíbles sus proclamas sobre el valor de RTVV mientras la cerraban, deben acudir a los juzgados. Lo que está en juego es el derecho a la información, es el respeto a una institución pública. Tenemos derecho a saber, entre otras cosas, si se cerró RTVV para hacer desaparecer pruebas documentales sobre el quebranto patrimonial del ente.

De las trabajadoras y trabajadores de RTVV debemos extraer y aprender la lección oportuna. Como trabajadores nos compran, halagan y humillan para luego tirar como deshecho en el agujero negro. Nadie puede sustituirnos en la defensa de nuestros propios derechos y libertades.

En este sentido no puede ser más sintomático el último plano de la vieja RTVV: un trabajador, asomando por encima del hombro de dos policías que le cerraban el paso, pegado al móvil, pregunta a alguien fuera de plano: “¿Jordi, dime qué está pasando ahí dentro?”.

Ligero temblor de la imagen y funde a negro.

Escribe Ángel San Martín

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