Populismo penal

  13 Octubre 2013

Adiós Informe Semanal, hola Messi 

espana-ras-cieloAdemás de miope soy incrédulo, por tanto incapaz de comprender las luces y sombras que ocupan la pantalla. Observo que el problema no es sólo mío, lo compartimos la mayoría de la audiencia de buena voluntad.

Justo la que no da crédito a las piezas que presentan como información últimamente en Informe Semanal (La 1). Y como la mayoría teleadicta hace mutis, entonces los responsables de TVE desplazan el programa a una hora intempestiva no apta para gente sensata. Así, cuando los telespectadores lo hayan borrado de sus retinas, entonces los diligentes ejecutivos retirarán definitivamente de la parrilla uno de los programas emblema de la tele pública.

El procedimiento es de una eficacia pasmosa. Recuérdese que lo mismo se ha hecho con El debate de la 1 de los miércoles, con la escuela pública, con la sanidad, con las pensiones, la cultura —no es el IVA, es la calidad por lo que no se ve cine, dice el Gran Montoro—, con la vivienda como derecho y con todo aquello de lo que pueda disfrutar el pueblo llano. En esta operación de demolición, el juego entre las mayorías silenciosas y las minorías chillonas es fundamental, según argumentario y voz del Sr. Floriano y la Sra. Cospedal, proclaman cada vez que les ponen un micrófono delante.

Cuando uno se pone ante un informativo y escucha que sólo una minoría está contra alguna de las iniciativas del Gobierno, entonces es preciso fijar la atención sobre la pantalla. En ella aparecen mayorías o minorías, según conste en la escaleta de la confusión. Por ejemplo, cuando la alcaldesa de una población madrileña autoriza una exposición con armas y símbolos fascistas, en la tele lo que sobresale es la bandera nacional. Lo cual encaja perfectamente con el discurso exculpatorio de la autorización, porque —dicen— en aquel colegio se exponían muchos más objetos. Si los simpatizantes con semejante iniciativa son mayoría o minoría, poco importa. El daño está hecho ya y profanada otra escuela más.

Hace uno días pudimos ver en todos los informativos de las teles, cómo Messi era jaleado y aplaudido a su llegada a un juzgado. Este jugador, dueño de la magia del fútbol, resulta que hace trampas para pagar muchos menos impuestos. Lo inaudito es que cuando va a dar cuenta de ese comportamiento insolidario, una mayoría/minoría de niños, acompañados de sus padres, aclaman su virtud futbolera. Sin embargo, allí no estaba por eso, sino por un presunto delito de fraude fiscal. ¡Qué ejemplo en tiempos de crisis!

Nada más lejos de mi intención que pedir a las televisiones que supriman esas imágenes de sus informativos. Es preciso verlas, por supuesto. Pero no se pueden poner para mostrar el reconocimiento popular a este jugador, aplaudido por sus habilidades con la pelota y ahora también por la evasión de impuestos. Las imágenes de tal recibimiento son la ilustración de un populismo ágrafo y consentidor con las provocaciones del dinero. Una actitud que justifica el que los Roldán, Roca, Bárcenas, Fabra y demás presuntos corruptos se conviertan en sujetos de aclamación popular.

Me resultó llamativo y, desde luego, muy poco afortunado por parte de los programadores de TVE el que, justo cuando el citado jugador andaba por los juzgados, emitieran el documental Quiero ser Messi (La 2). El relato era escalofriante. Se mostraban con toda crudeza las condiciones de absoluta indefensión y explotación en las que se forman estas estrellas cuando aún son niños.

Vale que los padres no sólo consientan sino que además fuercen a sus hijos a entrar en esas escuelas de futboleros. Pero el que los organismos que deberían velar por los derechos de los menores no digan nada, es otro ejemplo de su doble moral. El documental puso de manifiesto que el fútbol es un deporte de mayorías, pero también sometido a unas reglas de explotación de minorías. Eso sí, los padres y madres entrevistados reconocían estar dispuestos a hacer lo que sea con tal de que uno de sus hijos intente remedar a Maradona. Es un medio de promoción social. Y para regocijo educativo de las masas, ahí queda el edípico regate dialéctico de Messi: “De la plata se ocupa mi papá”.

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En una tertulia, por supuesto radiofónica, decía una magistrada del Supremo que el Gobierno practicaba sistemáticamente “populismo con el Código Penal”. Aprovecha los delitos de mayor trascendencia social, para de inmediato proponer la reforma del articulado correspondiente. Según la última iniciativa legislativa un carterista, si es pillado, irá a la cárcel pero no si un empresario despide injustamente a media plantilla y le pasa dinero negro a un partido político como pago de favores. Mucho menos si es una estrella de masas.

En varios momentos de la tertulia, la referida magistrada, argumentó que los recortes en educación y cultura se pretendían compensar incrementando las penas en el código. Menos aulas y más celdas, pero sin posibilidad de reinserción.  Mientras tanto, se les deja a las televisiones ejercer su labor educativa. Ahí está el exhibicionismo truculento del homicidio de menores como el de Sevilla y más recientemente el de A Coruña. Con tanta pócima en las mientes, ¡como para entender El Quijote o mejorar nuestro nivel de comprensión lectora!

Un ejemplo en “positivo” lo vimos en el programa de promoción cultural de la marca patria: España a ras de cielo (La 1) y presentado por el actor Francis Lorenzo. Pues bien, durante la visita a la Alhambra, el presentador explicitó en varias ocasiones ante sus invitados que era la primera vez que la visitaba. ¿La confesión es ficción o realidad?

Aunque para ficción la presentación de la “nueva imagen” del antiguo Canal Nou que renace como Nou. Eso sí, envuelta en los colores de la gaviota azul y con el propósito de ser plurales y rigurosos en la información. ¿La confesión será de verdadera o parte del argumentario de la minoría confirmada en RTVV?

No es nada sencillo dirimir si la razón está de parte de la mayoría silenciosa o de la ruidosa minoría.  Desde luego que el alimento intelectual que se le ofrece desde el medio público de la televisión, es pobre y populista. Figure o no en el Código Penal que prepara el Sr. Gallardón, desde la pequeña pantalla no se puede señalar quiénes tienen la razón y quiénes no, sean o no mayoría. Como tampoco se puede pedir no hablar de aquello que “no se va a poder demostrar”, según afirmó el Sr. Rajoy en una entrevista concedida a un canal de la televisión norteamericana. ¡Qué bochornoso trabalenguas!

Escribe Ángel San Martín

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