Ardores inquietantes

  01 Septiembre 2013

Intercambios entre cadenas de televisión 

nacho-abadUno se entera que acaba el verano cuando las promos de los programas de la nueva temporada te arruinan la siesta. Cuando en medio del sopor abres un ojo y ves que la política sigue estancada en las “comisiones de investigación”, mientras que las novedades están en la tele.

Como el tira y afloja con el ERE de RTVV o las intrigas por los intercambios del personal entre cadenas. Las más poderosas fichan en la cantera de la competencia a los rostros con tirón en las mañanas y las tardes. TVE, no obstante, salva en las mañanas a Mariló Montero, pese a que algunos de sus colaboradores se le han ido, pero a ella la dejan como quintaesencia de lo que este Gobierno entiende por “cultura”.

Las redes sociales han estado sobreexcitadas las semanas pasadas al enterarse, en plena siesta, que los ejecutivos de Antena 3 habían fichado al criminólogo de Ana Rosa Quintana (Tele 5). Se trata, nada menos, que del cazador de exclusivas Nacho Abad. Más allá de la guerra entre una cadena y otra por las audiencias, lo que hay de fondo, dicen los expertos, es un cambio de tendencia.

Según parece ni los realities ni la crónica del corazón resisten el paso del tiempo. Así que lo último es acudir, cámara en mano, a los sucesos con sangre. Terreno en el que el reportero Nacho Abad no tiene parangón entre los cronistas del folletín.

La presencia de la crónica negra en los programas de la mañana, no deja de ser otra manera de colaborar con la política dominante: más alcahuetes y menos servidores públicos (pensamiento pillado al Sr. Gallardón). Al igual que la proliferación de programas de ayuda/emprendedurismo que estas semanas pone en marcha TVE, inspirados en más caridad y menos derechos (por obra y gracia del Sr. Wert).

Las exclusivas del reportero Nacho las zurcía en plató Ana Rosa con sus tertulianos deslenguados. Así conseguía los picos de la audiencia mañanera a base de casquería gruesa: asesinatos, robos, tiroteos, veredictos judiciales, etc. Casos como el de Bretón, el de Ortega Cano, el juicio de Julián Muñoz, la cornada mortal a un festero de pueblo o la herencia de alguna noble, era el terreno en el que se desenvolvía a la perfección este tipo con apariencia de duro.

De todos modos el sabueso de las exclusivas que no se pase de listillo, pues debe saber que entre la Quintana y la Griso hay un elemento común y es el valor de cambio en función de la audiencia. Y si éstas no generan plusvalías, acabarán con Nacho presentando un programa menor y de madrugada. Tal es el caso, por ejemplo, de la aclamada Gloria Serra, que pasó del fin de semana con Jordi González y audiencias récord, a un programa noctámbulo de denuncia en La Sexta. Por cierto, si continúa este invierno le dedicaremos unas líneas porque algunas ediciones son bien interesantes.

Más allá de los cambios de personas, lo preocupante es que las fuerzas y cuerpos de seguridad ocupen también la programación de la tele. En La Sexta ya tenemos a Policías en acción y TVE anuncia para muy pronto un programa de temática parecida.

Para entendernos: las ciudades están llenas de “zonas videovigiladas” sin que sepamos nada sobre el uso que se hace de esas imágenes; nos acabamos de enterar que la agencia estadounidense de seguridad pagó grandes cantidades de dólares a las majors de Internet por facilitar datos de los usuarios. Ahora los programadores de la tele diseñan espacios en los que, con cámara empotrada, nos introducen en las vivencias de una patrulla de la policía en plena acción. ¿Será ésta la nueva educación para la ciudadanía de quienes se quedarán sin beca?

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Algo muy distinto es cuando una noche de verano, tras respirar el fresco en una terraza, llegas a casa pones la tele y te sale Rafa Lobo en camisa vaquera dando el parte del día (La 2 Noticias). Supongo que esa noche no había ningún responsable de vestuario, y se puso lo primero que pilló en el armario. ¡Qué desastre! De hecho esa noche me la pasé enterita en vela. La imagen sigue en mi retina y me impide conciliar el sueño aún hoy.

Aquel día nos contó, como si tal cosa, que el juez del Alvia había imputado a los responsables de seguridad de Adif, pero que esto era normal. Tan normal como que en verano se queme el monte, que proliferen los signos fascistas en el entorno del partido de gobierno sin que nadie dimita, que prosiga la sangría humana en Egipto, que los responsables del PP sigan ocultos pese a los nuevos datos del caso Bárcenas o que el Ministro de Exteriores ponga en fila a los de Gibraltar. El presentador, sin inmutarse, iba desgranando una a una estas noticias, aunque  parecían bastante más graves de lo que daba a entender el tipo.

Mientras escuchaba estas historias en TVE, me vino al pensamiento una afirmación de Vicenç Navarro cuando decía hace unos meses en un artículo de prensa que nuestro sistema político, confeccionado en la transición, “se caracteriza por su escasísima sensibilidad y calidad democrática”. Entre otros motivos, porque las fuerzas de ultraderecha no renunciaron entonces a su ideario político sino que se pusieron al abrigo de instituciones del Estado y medios de comunicación. Trincheras desde las que conservar esencias e ir minando el escaso pensamiento progresista sobreviviente.

En efecto, la actualidad depara más que preocupantes detalles del retroceso que estamos viviendo estos últimos años. Ahí están esos jóvenes militantes del partido que nos gobierna haciendo guiños públicos al fascismo. Manifestación que les sale gratis, como también a los políticos que no respetan instituciones democráticas ni discos duros con indicios delictivos. Angela Merkel acudió en acto electoral a un campo de concentración en el que murieron miles de judíos. Al mismo tiempo cientos de ciudadanos son gaseados en Siria sin que los organismos internacionales paren de inmediato ese horror.

Son tantas y tantas cosas que uno no acierta a entender cuánto está sucediendo. Desde luego que la información en pro de la “alta política” confunde y hasta transgrede los preceptos democráticos. Es humano el dolor por la muerte de una persona como Rosalía Mera, de acuerdo. Pero si se alude a su fortuna y a su generosidad también habría que hablar de dónde paga los impuestos Inditex o de los sueldos de quienes cosen sus camisas en México o Bangladesh. Seguro que conociendo estos detalles, las honras fúnebres hasta serían más respetuosas con los finados.

No cabe duda que la información razonable es el mejor antídoto contra los numerosos ardores de nuestra sociedad que socavan la convivencia. ¿Por qué la televisión se empeña en contribuir a semejante despropósito?

Escribe Ángel  San Martín

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