Confundir sí importa

  28 Abril 2013

Del papa con la Roja al atentado de Boston 

rajoy-papa-3Ni las imágenes son definitivas, pese a su nitidez, ni las palabras, pese a su apariencia, son inocentes. La televisión produce y reproduce con fruición historias verosímiles a base de mezclar imágenes y palabras. Con ellas muestran y describen realidades de apariencia tan cotidiana que logran cautivar nuestra atención. Luego, a fuerza de repetirlas una y otra vez, nos las acabamos creyendo. Es así como acarician nuestras mentes desde la tele. Así las seducen y confunden sus referentes a través de los flujos mediáticos.

Una de esas imágenes sin palabras nos llegó desde el Vaticano. Sobre alfombra roja el Sr. Rajoy intercambia regalos con el papa Francisco. Entre ellos se les ve hablar animosamente, pero luego ambas partes guardaron silencio público sobre los temas que habían abordado en la audiencia. Tampoco nadie explicó por qué motivo la esposa del presidente español, con peineta y vestido negro, caminaba tras ellos en vez de ir los tres a la par.

Ajenos al “protocolo”, determinados sectores conservadores se permiten hacer duras críticas a la “primavera árabe” porque en alguno de esos países las presentadoras de los informativos de televisión vuelven a aparecer con el chador en la cabeza. Por qué el velo es “provocación” en un caso y “respeto” cuando se anda de visita por el Vaticano?

El corresponsal de una cadena de radio, con claros síntomas de cabreo, decía desde Roma que lo que se sabía del encuentro entre Rajoy y el Papa fue lo que informaron los servicios de prensa del Vaticano. Nada de nada por parte del Gobierno de España. Y aquéllos sólo comentaron el intercambio de regalos, entre los que destacaban la camiseta de la selección española de fútbol. El cronista concluía irónicamente sobre la brevedad de los buenos propósitos del nuevo Papa, ya que rompe el compromiso de informar en la primera ocasión importante que se le presenta.

Para el informativo de TVE la visita fue todo un reconocimiento internacional y el silencio sobre lo tratado en la reunión de apenas 25 minutos, “discreción” diplomática. Eso sí, en el mismo informativo le dedicaron un generoso cameo al Sr. Rouco Varela para que le reprochara al Gobierno lo lento que va en sus recortes de la ley del aborto y la de los matrimonios gays.

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Otra de las imágenes que me viene quitando el sueño es la de los tres ejecutivos del PP impartiendo doctrina en algún lugar de Madrid. Sonrientes y sentados en un taburete alto, cual barra de garito, Cospedal, el ministro Soria y el Sr. González-Pons sueltan moralina envenenada ante sus seguidores. La imagen, desenfadada por publicitaria, ha circulado por los informativos de las distintas cadenas y medios impresos. La fotografía se produce para decirle al pueblo llano que, al fin, los dirigentes del PP se acuerdan que hay pueblo más allá de su acción política y por eso los confunden de esa guisa.

La imagen recoge el momento y lugar en el que la Sra. Cospedal dice que los escraches son “nazismo puro”. Para algún tertuliano de El gran debate (Tele 5), simplemente estos dirigentes desconocen el significado histórico del nazismo. Otra lenguaraz tertuliana descalifica este recato intelectual y afirma que eso de los escraches (el Ministerio del Interior recomienda utilizar en su lugar la palabra “acoso”) es igualito que lo de los terroristas de ETA.

Así, a base de guantazo semántico e insulto personal, se desautoriza a un movimiento social que está poniendo en jaque a políticos incapaces de acercarse a hablar con el pueblo que dicen representar.

Hace un par de semanas desfilaron por el informativo de TVE los portavoces de los distintos partidos políticos, argumentando su posición ante el proyecto de ley del PP sobre los desahucios. Las imágenes estaban tomadas dentro del Parlamento, apenas alguna referencia visual a lo que estaba pasando en la calle. Sin embargo, cuando uno mira la crónica de ese mismo día en lo que llaman redes sociales resulta que no hay ni una sola imagen del interior del Parlamento, todas son de diferentes acciones de reivindicación realizadas en las calles, y no sólo en las de Madrid.

Se “visualiza” así la creciente disociación entre lo que parlamentan y acuerdan los políticos y aquello por lo que se moviliza la gente. Brecha que resulta tanto más llamativa, por producirse en plena vorágine sobre la “transparencia”.

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Pero la calle comienza a ser es un lugar poco recomendable, sobre todo para realizar acciones ajenas a los intereses de los poderes establecidas. Lo de Boston está siendo un buen ejemplo de tales sensaciones. Más allá de lo execrable del asesinato de personas inocentes, resulta muy llamativo que a las pocas horas del lamentable atentado en la meta de la maratón, el FBI haya identificado a los presuntos responsables. Es más, sin dejar de ser presuntos a uno ya lo han “cazado” y al otro, en el momento que escribo estas líneas, dice Almudena Ariza que la policía lo tiene cercado en una casa (bueno, la web de la BBC dice que ya lo han herido y detenido). En la imagen televisiva, ella aparecía en primer plano y detrás dos policías armados hasta las cejas. Todo el fondo de la imagen era una calle desierta, en calma tensa. Sí, casi como las del lejano oeste esperando a que el forajido saliera del salón para dispararle desde la ventana del sheriff.

Detalle importante. Uno de los presuntos asesinos de Boston fue abatido en el mítico campus del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). ¡Qué contrariedad! Dicen las crónicas que la policía identificó a estos dos jóvenes gracias a las grabaciones de las cámaras de seguridad colocadas en la fachada de unos almacenes. Tarea a la que también contribuyó la imagen que un ciudadano captó con su iPhone.

El MIT, símbolo internacional del poderío tecnológico de USA, no dispone de capacidad para evitar la masacre en la maratón de Boston, pero cuando sus ingenios caen en manos privadas permiten identificar y ajusticiar a los presuntos en tiempos de guerra sucia. Ciertamente la tecnología no previene, pero por lo que se ve sí permite enmendar los fallos previos.

Estos relatos televisivos de imágenes y palabras, nos hablan del estado de la democracia en nuestras sociedades. Se paralizan las crónicas del resto del mundo, para ver en “directo” cómo la policía identifica y ejecuta sin leer derechos ni intervención de la justicia. ¿Y si no hubieran sido ellos?

Los dos hermanos chechenos, a partir de las fotos de unos particulares, pasaron en pocas horas de anónimos ciudadanos a ser “terroristas” y, de inmediato, “cazados” a balazos por los agentes del orden. A todas luces es una barbaridad, una demostración de poder antidemocrático, por más que nos lo muestren como un videojuego o un reality de “caza talentos”.

Definitivamente: ¡la tele me confunde!

Escribe Ángel San Martín

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