De moral temblorosa

  22 Enero 2013

Eretitis aguda en televisiones autonómicas 

juicio_nuremberg-1Las pasadas fiestas me encontré casualmente con una amiga de antaño. Tras el inicial y sorprendido intercambio de saludos, después de tanto tiempo, le pregunté cómo estaba. Sin remilgos me soltó que le acababan de diagnosticar una “Eretitis aguda”. Los síntomas eran bastante claros y el pronóstico desastroso. Cuadro clínico ante el que los facultativos no tienen nada que hacer.

Mi amiga, entusiasta del diseño gráfico, comenzó hace muchos años a trabajar en la joven RTVV. Cuando pudo se fue a una productora londinense para profundizar en lo suyo. Tras un tiempo allá, concursó y consiguió una plaza de rotulación y grafismo en Telemadrid. Cuando ella se incorporó eran cuatro técnicos en su departamento, desde hace unos años hay doce. Algunas de las últimas incorporaciones no saben ni poner en marcha el ordenador. Días previos a las fiestas el jefe les dijo que sus nombres, los de los técnicos, estaban en la lista provisional del expediente de regulación de empleo (ERE). En unos meses las tareas más técnicas se externalizarán, por lo que sólo necesitan “gestores”, o sea, a los seis restantes.

Tras hablarme de su situación laboral, le hice algún comentario que, a tenor de su reacción, no le gustó demasiado. De hecho me tocó pagar el café, pese a que me había invitado ella. Sé que no es políticamente correcto, pero le dije que ahora debe tomar la amarga pócima para curar la enfermedad que ella misma había contribuido a provocar. Le pregunté y pregunto, ¿por qué no denunciaron que en su departamento había seis contratados que no sabían ni hacer la “o” con un canuto? ¿Por qué se callaron entonces?

Jueces, médicos, profesores, policías, bomberos y trabajadores de las televisiones autonómicas se echan a la calle para reivindicar el valor de los servicios públicos. Todos sabemos que estos servicios se los están vendiendo a sus amigos para que hagan negocio a costa de nuestra salud, educación, seguridad, etc. Y lo hacen porque antes han devaluado el trabajo y el valor social de cada trabajadora/trabajador público.

Si mi amiga se calló cuando en su departamento “colocaron” al sobrino de un consejero, en el fondo, la estaban preparando para el desenlace dado ahora al ente de Telemadrid, RTVV, los hospitales de referencia, las escuelas o al registro civil.

Mi amiga y todos nosotros, conscientes o no, hemos sido cómplices de situaciones en las que descaradamente se faltaba a la verdad y a la justicia. Claro que no todos en el mismo grado que la Sra. Cospedal o el Sr. Montoro. Pues bien, uno de los personajes de ¿Vencedores o vencidos?, clásico programado la noche pasada por La 1 de TVE, decía algo así como: “¿Aun sabiéndolo, qué podíamos hacer nosotros?”. El gran juez, interpretado por Spencer Tracy, atónito ante semejante contestación, proclama en el veredicto que los cómplices son también culpables de la causa que se juzga.

Desconozco si fue intencionado o no, pero ha sido muy oportuna la emisión de ¿Vencedores o vencidos? El juicio de Nuremberg. Y la programa la cadena pública de televisión que comienza a ser escandalosa su contribución a crear complicidades con un orden falto de verdad y de justicia.

Unos días antes de emitir esta película, justo cuando todos los medios estaban hablando de la “promoción” del exconsejero de sanidad de Madrid a la empresa beneficiada con sus privatizaciones, sus informativos permanecieron mudos pese a la tormenta periodística de la mañana. Tampoco hablaron, cuando tocaba, del pisito que en Marbella tiene el Presidente de la Comunidad de Madrid. Sí les mereció una alusión al caso, cuando el susodicho había declarado en Radio Nacional que la vivienda era de su propiedad.

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Resalto la oportunidad de la mencionada película porque es todo un latigazo a la anomia moral en la que vivimos. ¿O tal vez es la “lustrosa mierda”, según expresión de Vicente Verdú, que nos ofrecen a diario?

Uno de estos días me llamó la atención lo inoportuno de la escaleta del informativo de La 1 y cuyo significado se me escapa. Comienza Ana Blanco a hablar de la sentencia del Constitucional, contraria al euro por receta en Cataluña, e insertan un corte de veinte segundos en el que Elena Valenciano exalta el sólido liderazgo que ejerce su jefe, el Sr. Rubalcaba, en el partido y en la sociedad cambiante de hoy. Como no se pidieron disculpas por el posible error, me pregunto: ¿cuál es la clave informativa de semejante montaje?

Desde luego que hemos de hacer algo, no podemos permanecer impasibles ante la degradación moral a la que nos someten. Está claro que no puedo pedirles que no vean la tele, entre otras razones porque según constatan los contadores de audiencia, cada día le dedicamos un poco más de tiempo. No sé si será para estar mejor informados, desde luego sí para poder “participar” en las redes sociales, tal como se nos pide desde los platós. ¿Cuántos programas nos han pedido estas fiestas ser “solidarios” con los damnificados de las crisis mandando un sms o tuiteando un mensaje?

De todos modos no dejen de ver la tele, por favor. Si ustedes dejaran de verla o aquélla permaneciera en negro como han hecho durante una semana con Telemadrid, estoy seguro que el consejero delegado de Encadenados nos inyectaría una “eretitis” crónica. Luego nos venderían al mejor postor que, como se sabe, en estos momentos es la Conferencia Episcopal como lo ha demostrado comprando Punto Radio. La verdad que también se podría quedar con nosotros el empresario José Luis Ulibarri que ahora tiene dinero fresco, pues ya ha vendido casi todas las TDT que le concedió con singular licencia el Sr. González Pons.

De todos modos, qué puñetas, estén atentos a la tele. Si sale Rajoy, Cospedal o doña Esperanza diciendo que no les “temblará la mano” a la hora de aclarar las cuentas de su partido, ojo, nos están sacando la cartera del bolsillo. Si algún tertuliano, Ruiz-Gallardón o el mismísimo ministro de educación, dice que de esta crisis saldremos “reforzados”, no se lo crean, es para consolarnos mientras nos acaban de desplumar.

Así que para disipar la amarga duda que late durante toda la película mencionada, será mejor  que nos pongamos a pensar: ¿qué debemos hacer ante lo que sabemos?

Escribe Ángel San Martín

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