Al fin habló

  18 Septiembre 2012

Rajoy en Televisión Española 

rajoy-tve-2Retomamos el “pulso político” con las palabras televisivas del Sr. Presidente. La noticia no es lo que dijo, que no dijo nada nuevo, sino que al fin habló. Y lo hizo ya en una RTVE tomada por los suyos, despejada la redacción de los infiltrados por Zapatero. ¡Qué paradoja! Precisamente quienes, sin embargo, desempeñaron una labor informativa bien valorada por público y crítica, reconocida a la vez con más premios que nunca antes. Para marcar diferencias con el pasado, se sentaron ante el Sr. Presidente a unas y a un periodista no demasiado dispuestos a incomodarle.

El formato y contenido de la entrevista parecía ser la escenificación televisiva del estado de ánimo con el que estamos la ciudadanía: taciturnos y confundidos. El mensaje central es que estamos como estamos, porque nos hemos portado mal. Esto es, hemos gastado mucho más de lo que teníamos. Mensaje repetido hasta la saciedad por el partido en el gobierno con el propósito, sin duda, de culpabilizar a la población. En el transcurso de la entrevista el invitado ponía ejemplos reforzando esta vertiente del discurso precocinado, de indudable calado populista. ¿Cómo no aceptar que nos recorten todo lo que les venga en gana, si solicitar una hipoteca es igual que pedir el “rescate” a Europa?

La moraleja gubernamental está ahí: para no ser desahuciados de nuestra piel de toro —esto implica el rescate según vemos en Grecia y Portugal—, es preciso pagar hasta el último euro de la deuda. Es una fórmula sutil de decir que nos seguirán recortando los servicios básicos, como ya van diciendo por ahí varios ministros bajo el eufemismo de “reforma”. Quienes dudamos, por puro optimismo, de tan negro futuro, nos hundimos definitivamente el viernes pasado ante un documental en La 2 (La doctrina del Shock) sobre la estrategia de rapiña de los especuladores.

Además de las geniales relecturas hechas en El intermedio (La Sexta) de la presencia del Sr. Rajoy en TVE, hay dos elementos que contribuyeron a generar expectativas inusitadas (en algún momento se superaron los cuatro millones de telespectadores). Uno de esos alicientes, extratextual desde luego, es que se programó a los nueve meses de haber accedido a la Presidencia del Gobierno.

Tan maternal referencia daba a pensar que, al fin, contemplaríamos el Gran Parto de la Recuperación. Nadie se esperaba que lo alumbrado fuera el aborto de un feto informe. Seguro que su amigo y miembro de gabinete, el Sr. Gallardón, habrá tomado nota por no haberse atenido a sus “supuestos”. ¿No debería condenarlo a “prisión permanente revisable”?

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El segundo aliciente de la entrevista es que visualizaba ante el respetable lo que Noam Chomsky denomina “autoculpabilidad”, como estrategia de manipulación informativa. El decorado del plató era minimalista, con transparencias y predominando los azules. Pero lo más preocupante es que tanto la presentadora, excesivamente discreta, como el invitado y el resto de periodistas, se disponían en corro. Un círculo blanco había en el suelo del plató que ninguno de los presentes pisaba pero que a todos unía. El relato repetía el mantra del derroche por parte de todos, el tono y los gestos, anudados por la circularidad, nos implicaba a los telespectadores en el despilfarro. Cómo, pues, no autoculparnos de los males que aquejan a España y de merecernos, en consecuencia, todo lo que hagan contra nosotros para salvarnos el dúo calavera De Guindos-Montoro.

La estrategia informativa seguida con la diada catalana es muy parecida, tratamiento algo atemperado con la manifa multitudinaria de Madrid. Al día siguiente de la entrevista en Barcelona se manifestaban cientos de miles de ciudadanos libres del estigma rajoyniano. La panorámica mostraba una plaza redonda llena de gente y las calles convergentes atestadas también de personal.

La imagen, simbólica, por supuesto, de la periferia contra el centralismo sobrepasa el mensaje gubernamental. Así que, según yo vengo a pensar, los nuevos responsables de informativos de TVE debieron barruntar: para no desconcertar al personal mantengamos la línea editorial. La mani de Barcelona se deja para última hora del telediario —ya conocido como “parte”— y así no se crea conflicto cognitivo. Lo equívoco es por qué los responsables han convertido un acto de coherencia informativa en una vergonzante disculpa y por un motivo aún más insultante para el sentido común. A todo esto, ¿si el motivo fuera cierto cómo es que no fulminaron a los responsables?

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Es obvio que si a quienes censuraron la noticia sobre la manifa catalanista los hubieran devuelto a Telemadrid, de donde salieron, quizá nos habrían informado mejor de la de Madrid. ¿Con cuánta suavidad han dejado apagar informativamente la convocatoria sindical de este fin de semana? Siempre pendiente, al menos hasta ahora, de la rabiosa actualidad, como ha sido Informe semanal,  cómo es que no dedicaron una de sus piezas a esas manifestaciones. Y ya puestos, ¿se habrán olvidado sus responsables del comienzo de curso de la fiambrera bajo el brazo?

No cabe la menor duda, la “ficción” parece gustarles más a los ejecutivos de la tele pública. Por eso este verano nos han atosigado con las reposiciones, siguen con la exitosa Cuéntame cómo pasó, el sucedáneo recién estrenado Stamos ocupa2 y ahora con las intrigas y revolcones en la corte de Isabel.

Todo esto está muy bien, es entretenimiento educativo según el ministro Wert, pero también podrían hablarnos del “revolcón” jurídico a la concesión, por ejemplo, de las licencias de la TDT en la Comunidad Valenciana. Si se explicara bien todo este embrollo, podríamos enterarnos de cómo y a quiénes irán a parar las televisiones públicas en su actual desguace.

Ya puestos y para evitar sorpresas de última hora, nada mejor que una entrevista al Sr. González Pons, que de esto sabe un rato. En cualquier caso, siempre nos quedará Salvados de La Sexta.

Escribe Ángel San Martín

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