Con el aro al cuello

  04 Agosto 2012

Las Olimpiadas de Londres 2012 

londres2012-1A ritmo frenético circulan por las pantallas los éxitos y fracasos de los atletas olímpicos. Los cinco aros vienen a simbolizar la competición entre todos los mortales, sin distinción de clase, género ni color. Tal es también la letra y el espíritu del eslogan viral de la convocatoria Londres 2012. Ante una proclama así cualquiera se niega a llevar esos aros por montera. Sin embargo, ¿es oro todo lo que reluce?

Si tomamos como referencia la sesión inaugural, dirigida por el director de cine Danny Boyle, la endogamia del relato fue más que evidente. Entre los protagonistas de los microrelatos que componían el discurso inaugural, ni una sola concesión más allá de las islas. Los referentes temáticos de aquéllos se tomaron exclusivamente de la versión más “elegante” del Reino Unido. Si fueron campeones de la revolución industrial, también lo fueron del expolio colonialista.

Tal vez este sea el motivo por el que Boyle incluyó extranjeros entre la abundante figuración. De hecho, qué ironía, se dice que entre los mineros había algunos que lo eran de verdad en las cuencas asturianas. Sin duda, ¡todo un detalle de diplomacia europeísta del Sr. Rajoy! Cuando se rinde homenaje a las series británicas de éxito, se hace un breve inserto de la familia Alcántara (Cuéntame cómo pasó de RTVE). Según las comentaristas de la retransmisión, María Escario y Paloma del Río, era el guiño personal del director a una de las teleseries que más le gustan.

Por cierto, estas dos profesionales del comentario deportivo, no estuvieron demasiado afortunadas haciendo lo propio de la sesión inaugural. Tanto en los medios profesionales como en las redes sociales se han publicado chascarrillos y objeciones de todo tipo. Uno de los más “retuiteados” es el “orden alfabético” de España en la lengua inglesa, proferido por María Escario. No obstante, hay otro detalle que me llamó la atención y que hacía más difícil el trabajo de las dos comentaristas, más allá de su reiteración sobre quién sería el último relevista de la antorcha o sobre la identidad del personaje que encendería la llama olímpica en el estadio.

Me refiero al estilo de realización televisiva dado a todo el evento. El relato tenía en la “historia” su hilo de continuidad, por lo que se seguía sin dificultad. Sin embargo, en la pantalla se sucedían planos generales, a veces tan generales que costaba adivinar lo que estaba sucediendo, quiénes intervenían. Por otro lado, se insertó rotulación en contadas ocasiones, algunos nombres propios y poco más. Tampoco los planos detalle o primeros planos abundaron para visualizar las pequeñas cosas (a excepción del espectacular contrapicado en el encendido del pebetero). Lo cual, sin duda, obligaba a que las comentaristas se emplearan a fondo para hacer más asequible el significado de lo que la realización trasladaba a las pantallas. Numerosos críticos profesionales y opinantes de las redes sociales, han pedido que lo mejor es que en la próxima ocasión se estén calladitas María y Paloma.

Juicio excesivo aunque sí se les debe exigir más rigor en los comentarios y no “tapar” las imágenes, ni tratar de desvelar lo que los responsables del evento quieren que descubran los propios telespectadores. Eso sí, para ello la realización debería haber sido, tal vez, algo menos cinematográfica y más televisiva, la puesta en escena era suficientemente potente como para cautivar la atención de las audiencias.

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Por ejemplo, la secuencia en la que James Bond recoge a la Reina en palacio y la lleva al estadio no requería comentarios, porque su humorístico desarrollo lo explicaba todo. Como mucho se podrían haber señalado los fallos de raccord, si bien dudo de la pertinencia narrativa de tales detalles.

Mi intención inicial era señalar alguna de las muchas contradicciones atrapadas en el símbolo de los anillos. Se insiste en que todos somos Londres 2012, luego uno advierte que sólo ganan quienes pasan primero por el aro. Las comentaristas de RTVE insistieron hasta la saciedad que era la primera vez que todas las delegaciones incluían mujeres: ¿qué había pasado con el olimpismo en todas las anteriores?

Cuando vemos en las pantallas los rostros desencajados de quienes acaban de acceder al Olimpo o han sido arrojados de él, sólo asaltan dudas sobre si eso es o no humano. La feroz lucha por la plusmarca es empeño de unos pocos. No es la apuesta por la cultura del esfuerzo físico saludable y sostenible, asequible a toda clase y condición.

La última observación es que lo de Londres 2012 aparece por todas partes. Las televisiones cosechan audiencias millonarias con las imágenes de los atletas ganando o perdiendo. Luego estas imágenes circulan por las redes sociales, trufadas de los comentarios más diversos, unos afortunados y otros desgraciados. Todo lo cual responde a lo que un gurú de la informática ha formulado recientemente: la lógica de la computación nos ha convencido que la calidad está en la cantidad; cuanto más, mejor es. Las “amistades” en las redes y los millones de “audiencia” ante las pantallas, son el argumento inexpugnable. En definitiva, Londres 2012 está siendo la puesta en escena visual de este fenómeno y la inauguración su estampa dramatizada.

Escribe Ángel San Martín

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