La visibilidad de los gestos (enero 2008)

  24 Enero 2008

Escribe Ángel San Martín Alonso

Sin que sirva de precedente, por lo inhabitual en la sección, permítanme en esta ocasión comentar “la frase” de un obispo. No es mi intención echar más leña al fuego, pero es que estos tíos con faldas y gorrito rojo son capaces de decir cosas enjundiosas.

garcia-gasco_vicente.jpgUna de ellas me la encontré en el Aleluya del 6/1/08, editada por el Arzobispado de Valencia. En una de las piezas, firmada por la Agencia Avan, se recogen las afirmaciones más brillantes que el jefe dijo en la manifa de Madrid el pasado 30 de diciembre. En su arenga a la tercera edad exaltando los valores invisibles de la familia, García-Gascó dijo: “...en una cultura dominada por los medios de comunicación es muy importante la visibilidad de los gestos” (pág. 3). La frasecita me tiene desvelado desde que la leí.

En ninguna de las crónicas del citado evento político, ni en los publirreportajes de las cadenas afines, ni en las posteriores exégesis tertulianas de las diferentes televisiones, ni vi ni escuché referencia alguna a esta bíblica frase. Su traducción al lenguaje de los mortales viene a significar que un gesto, el que sea, para que tenga algún valor se ha de visualizar en las pantallas hoy a nuestro alcance. Eso justamente es lo que están haciendo los pastores católicos: convertir la catequesis y sus sermones en prácticas de alfabetización audiovisual. Experiencia, como se sabe, en este tipo de enseñanzas la acumulan desde hace siglos. Lo que ahora hacen es sólo actualizar su ideario con las aportaciones de las teorías frikis  y las más consolidadas del “vigilar y castigar”, pero sin dejar hematomas.

Según dicen, los gestos que no se ven no sirven de nada, ni siquiera vale la pena practicarlos. Es necesario objetivarlos visualmente. Principio, por lo demás, inaplicable a gran parte de lo que nos presentan como dogma de su credo. A tal efecto han optado por dotar de visualidad a los gestos que realizan, a sus acciones y hasta a buena parte de sus bienes inmuebles (el Aleluya citado lo cogí en un museo catedralicio en el que pagué por entrar). Todo ello ha de ser el verbo hecho imagen lanzado por los rayos catódicos de cualquiera de nuestras pantallas. Pues éstas vienen a ser como aquel ojo, enmarcado en un triángulo equilátero, que representaba a Dios en los catecismos de antaño. Porque hoy las pantallas, sobre todo de televisión, son las que nos vigilan a cada uno de nosotros, no al revés como se argumentaba en la teoría crítica formulada por la escuela de Frankfurt (Le Monde Diplomatique, de enero, dixit).

juan_carlos_i.jpgDe hecho, cuando al final del día, uno trata de conciliar el sueño revisando lo que ha maquinado durante la jornada, lo único que fluye a la mente son eso, gestos sueltos, gestos visualizados y vistos en la tele. Pongamos algunos ejemplos.

Los monárquicos, antimonárquicos y anarquistas, es posible que no recuerden nada de los documentales y reportajes que sobre el monarca Juan Carlos I emitieron las distintas cadenas con motivo del reciente cumpleaños. Sin embargo, todos tenemos en nuestras neuronas ese plano medio con un rostro desencajado diciendo: “Pero, ¿por qué no te callas?”. Afortunados, desafortunados e indiferentes a la lotería, ya no recordamos nada de aquellos festejos de barrio descorchando cava con el décimo premiado. Pero sí ese primer plano con el gesto de rabia de una trabajadora por cuenta ajena, a quien le habían robado el boleto agraciado. Con independencia de lo que uno piense sobre la familia, es imposible olvidar ese plano entero de Antena 3 en el que un hombre, de rodillas, le solicitaba amor a una mujer, la misma que asesinó unos días más tarde. Educados, maleducados y antisistema puede que no recuerden nada de lo que viene diciendo Benedicto XVI, pero sí tendrán en su retina ese plano general en el que el mentado decía misa de espaldas a la mirada de sus seguidores. Con independencia de nuestra filiación política, es posible que no sepamos nada de la trifulca interna del PP, pero todos tenemos en la cabeza ese plano picado mostrando a Ruiz Gallardón, con Rajoy al fondo, muy concentrado sobre su teléfono móvil jugando a los barquitos. Por no hablar del plano detalle con el gesto amoroso de Sarkozy a su modelo, justo cuando paseaban entre las pirámides egipcias. 

inaki_gabilondo.jpgSon nada más que gestos. Gestos visualizados a través de la televisión. Pero es la televisión que nos vigila y castiga, serializándonos y dividiéndonos en medio de una multitud también dividida y serializada. Es, en el fondo, lo que se pretende con la proclamada visualización de los gestos. El gesto es un tangible que se puede distribuir, mientras que las ideas son un bien ajeno a esas reglas.

Y al escribir esto se me viene a la cabeza la felicitación navideña de Iñaki Gabilondo. En primer plano y tono trascendente, nos decía: “Que la televisión nos sirva para entender la realidad, no para evadirnos de ella”. A todo esto, ¿será un gesto de La Cuatro hacia su audiencia o una idea de Gabilondo? ¡Ustedes mismos decidan!