Imágenes políticas

  23 Febrero 2012
El fin del mundo, los Goya y los TP de oro 

Goya-Elena-AnayaCuenta una leyenda maya que el fin del mundo está próximo. El vaticinio tiene un guarismo tan preciso como el siguiente: 12-12-2012. Para entonces sería recomendable tener el espíritu en calma y el cuerpo desprovisto de bienes materiales. El tránsito conviene hacerlo en las mejores condiciones posibles, por si acaso.

Admito, no obstante, la escasa confianza que me inspiran este tipo de anticipos del futuro. Sin embargo, en esta ocasión, el día a día parece abocarnos al pronosticado final, a tenor de cómo nos están limpiando de polvo y paja tanto el cuerpo como el espíritu. Para éste, sobredosis de miedo y, para el otro, disciplina cuartelera. Sólo hay que ver el interés, porra en mano, mostrado por los agentes del orden contra quienes se resisten a la dieta en Atenas, Barcelona o contra los chicos y chicas del Luis Vives de Valencia. ¡Ver YouTube para más detalles!

El día de la clausura del happening pepero en Sevilla, Telecinco abría el informativo de mediodía, al igual que TVE, con las imágenes de las manifestaciones en Madrid y Barcelona. Unas imágenes que mostraban a la multitud concentrada en protesta, según el off de la cadena privada, por los recortes del Gobierno. De inmediato se añadía algo así como: “Con estas imágenes los sindicatos quieren hacer recapacitar al Sr. Rajoy sobre su reforma laboral”.

La imagen siguiente era la del susodicho, ante el atril de metacrilato azul, arengando a sus compromisarios con eso de “hemos hecho la reforma justa y necesaria que España necesita”. Y un recadito para quienes estaban en ese momento manifestándose por las calles: “para esto nos ha votado la mayoría de los españoles”. El tono y énfasis del orador parecía proclamar eso de “no nos moverán”. Acto supremo de perversión del lenguaje para así confundir al resto de mortales. ¿Por qué utilizarán con tanta profusión el término España? ¿Creerán acaso que es su cortijo?

En este siniestro arte de corromper el significado de las palabras, parece ser un alumno aventajado el Ministro de Educación. En una reciente entrevista radiofónica leyó un texto como síntesis de la manipulación ideológica de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Lo cual, según él, era motivo sobrado para suprimir dicha materia. Luego resultó que la cita no estaba sacada de ningún libro de texto, sino de otro ensayo que nada tenía que ver con el objeto de su diatriba.

Goya-maria-leonEso sí, en El gran debate (Telecinco) del otro sábado, Isabel Durán aclaró que en realidad la cita del ministro estaba sacada del libro de apoyo al profesorado, no del manual que manejan los estudiantes. Con estas contribuciones a la confusión, ¿por qué no suprimen los gabinetes de prensa de todos los ministerios?

Pero volvamos al asunto de las imágenes. La otra noche seguí la entrega de los Goya en TVE, más por el morbo de ver si el “no a la guerra” se convertiría en el “no a los recortes laborales”. Pero nada, pudo el glamour con el compromiso, aunque guiños no faltaron. Uno de ellos fue el de María León que dedicó su Goya a Pepita y a tantas otras mujeres que “han aprendido a perdonar pero no a olvidar” o la de Isabel Coixet cuando al recoger el premio dijo que nadie “podrá apartar a la justicia del juez Garzón” (cito de memoria).

Lo llamativo, al menos en estas dos ocasiones, es que la realización de la retransmisión rompe con el “diálogo visual”: ofrecer un plano de la persona aludida desde el escenario. ¿Por qué no se nos ofreció un plano del Ministro de Educación y Cultura presente en el lugar de autos? ¿Mudó el Sr. Ministro el entrecejo al escuchar tales alusiones? O la de aquel productor que pedía una televisión pública fuerte para impulsar la producción cinematográfica. Nos quedaremos sin saberlo, porque los realizadores nos privaron de esas imágenes con chispa política. La retransmisión resultó plana, sin alicientes ni sorpresas. Quizá por ello, la gala del “cine español”, como diría el mismísimo ministro, perdió audiencia (poco más de 4 millones) respecto a la de años anteriores.

Es posible que los responsables de RTVE, avisados de lo que les viene encima, prefirieran “despolitizar” las imágenes, pues si “adoctrinan” les pasará como a la asignatura antes aludida: ¡serán suprimidos! De hecho ya les han hecho saber que contarán con 200 millones menos que el año precedente, y esto sin haber recibido todavía las cuentas que les está haciendo la Sra. Merkel.

En los Premios TP de Oro, según votación del público, TVE fue la cadena más reconocida. Recibieron algún galardón sus series de ficción, informativos y hasta el canal infantil (Clan). A tenor de lo cual, podríamos convenir que la programación de la cadena pública está a años luz de lo que nos ofrecía cuando el Sr. Urdaci mandaba en ella. Ahora bien, ¿cuánto tiempo más va a poder seguir manteniendo estos más que aceptables niveles de calidad?

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Nada más asomarme a eso que llaman las “redes sociales”, me asombré al leer los improperios que se vertían sobre los premios TP a TVE. Muchos de los comentarios denostaban la obsesión por la “memoria” que late en teleseries como Amar en tiempos revueltos, Cuéntame y hasta en Águila roja. Incluso alguno de los enredados advertía que en estas series se difamaba a la iglesia católica y los cuerpos de seguridad del viejo régimen aparecían como matones. Críticas de parecido tenor tienen su correlato en la prensa diaria de línea más conservadora. ¡Ya pueden descansar! Las series objeto de sus críticas pronto dejarán de emitirse, según anuncio de los responsables de la televisión pública. ¡Más víctimas de los recortes!

De todos modos, a mi entender, resulta difícil justificar que TVE ponga sus medios al servicio de las veleidades de los ricos y famosos que viven en medio de un lujo obsceno. Me refiero a programas de la guisa de Comando actualidad (La 1) que nos introduce en los palacios o en las carteras sin fondo de unas “pobres” gentes. Entre otras razones porque no tienen para enseñar más que su falta de escrúpulos a la hora de gastar dinero. Se supone que tampoco los deben tener para conseguirlo, pero nada se dice al respecto. Vale que son baratos de producción, pero es que esos tipos no merecen pasar por una tele pública. Más aleccionador, en tal sentido, es ver Crematorio (La Sexta), donde uno comprueba cómo se las gastan para conseguir y despilfarrar las grandes sumas de dinero.

Las palabras las retuercen tanto que ya no podemos ni utilizarlas para hablar de lo que nos está pasando. El fin del mundo nos lo presentan como inexorable. Contra estos vaticinios, habrá que volver la mirada a las imágenes cargadas de política. Da igual que las haya creado un artista congelando a Franco, aparezcan en el telediario donde un ministro de educación es pillado en mentira, las distribuya un partido con su líder en pleno uso de la neolengua o las facilite un videoaficionado con los antidisturbios apaleando a bachilleres. Cualquier imagen es válida, menos las verdades absolutas, máxime cuando se invocan en nombre de la democracia.

Escribe Ángel San Martín

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