Chupatintas en la tele

  18 Enero 2012

Rajoy, Lehman, Tarancón, Fraga y los tuiteros 

mariano-rajoyCuenta el cronista que en el lugar de autos cosechó fama sin parangón el embreamomias de Pantagruel. Tras zamparse un par de zancudas, pronunció dictamen tan justo que dejó contentos por igual a rufianes, jueces y nobles, a demandante y demando. Logró convencer al primero que, siendo un chupaquesos, se tenía bien ganado el quedarse sin la vaca motivo del litigio. Mientras que al segundo, tras reprocharle su falta de miramiento con la vida del animal, le condenó a hacerse todos los días enjuagues bucales con abrojos para ahuyentar el hedor a vacuno y, además, a proveer de heno al demandante a lo largo del invierno, con lo que alimentar otra vaca. Dicho lo cual, dio por zanjada la causa.

Pese al tiempo transcurrido desde aquellos días, el ejemplo no ha cundido. Cierto que prohombres de tan singular catadura, como el antedicho, no nos han faltado. Sin ir más lejos, durante las últimas semanas la pequeña pantalla nos muestra el rostro de los supermanes gestores de Lehman Brothers o Goldman Sachs. Mas no por haber hecho algo extraordinario, salvo favorecer la hacienda de los especuladores, sino porque ahora ocupan puestos de primera línea en varios gobiernos europeos, como el nuestro.

Actúan en comparsa y saben cómo llenar los telediarios. Ahí está el último recorte a la credibilidad de la deuda pública asestado por la agencia Standard & Poor’s. Todos los medios nos trasladaban la psicosis en su búsqueda de la primicia sobre qué países serían los recortados. El mismísimo Sarkozy tuvo que asomarse de inmediato a la televisión para decir que aquí no pasa nada.

Al día siguiente nuestro presidente sacó pecho en Málaga, eso sí, ante sus correligionarios dispuestos a aplaudir cualquier dicho del líder. Allí dijo eso de “El Gobierno que presido sabe perfectamente lo que tiene que hacer y lo hará”. El rictus del buen señor, junto a lo enfático de sus palabras, pasaron por todos los informativos. Sin duda, era el antídoto ante los malos augurios que durante el viernes se nos repetía en las telepantallas.

Menos mal que el contrapunto, en versión de los telediarios, nos lo da el Sr. Rubalcaba. Presentan al personaje, cual maestro rodeado de jóvenes, deambulando por la tarima meditabundo. En éstas se vuelve hacia la cámara y lanza un interrogante entre retórico y jocoso con el dedo índice señalando el cielo: “¿Desde cuándo el Sr. Rajoy sabe perfectamente lo que hay que hacer?”. Y sin esperar a que reaccionen sus discípulos, se contesta: “Desde luego que si lo sabe, lo ha disimulado muy bien. Antes en la oposición y ahora siendo Presidente”.

Da la impresión que, tal vez me equivoque, la narración televisiva en directo de los descalabros económicos va orientada más a inocular el miedo en el cuerpo civil que a reclamar justicia. El caso es que al personal le va la marcha, pues las audiencias, como la deuda soberana, está en máximos históricos. ¡Barlovento dixit! Claro que, con tanto recorte, lo más barato sigue siendo ver la tele en casa.

Toledo

La narración televisiva se completa con una programación plagada de reconstrucciones del pasado. Ante lo indigesto del presente, la apuesta segura de las productoras son las ficciones del pasado, entre otras: el culebrón Amar en tiempos revueltos, La Señora, Borgia, Toledo, Águila roja y, muy pronto, Isabel, la de Castilla. Casi todas ellas con un más que aceptable éxito de público y crítica.

En la misma línea pudimos ver estas navidades el biopic Tarancón, el quinto mandamiento. Resultaba gracioso ver a Pepe Sancho vestido de cardenal, aunque me gustó mucho más escuchar en la radio al cura Martín Patino puntualizando las enormes diferencias e incluso errores entre el personaje recreado y el de la vida real.

Le disgustó que se presentara al cardenal como protagonista cuando en realidad sólo quería hablar de tú a tú con los actores del momento. Le disgustó que la miniserie no pusiera de relieve el empeño de Tarancón en denunciar el “engaño”, referido a muchos políticos de la época, y el “clericalismo” de las autoridades del régimen, porque eso sólo hacía que provocar el anticlericalismo. Justo lo que está sucediendo en estos momentos, según apreciación del anciano y lúcido cura rojo.

¡Un paréntesis! ¡Con qué desfachatez se reescribe la historia! Mientras reviso este texto, oigo de fondo los cortes con las declaraciones sobre Manuel Fraga, y vuelven sobre mí las palabras de Martín Patino: ¿Cómo no sentirse “engañados” cuando se teje un consenso universal, salvo el líder de IU, que el finado Fraga ha sido un grande y libre de la madre patria? ¿Cómo no hablar de “anticlericalismo” cuando los jueces condenan a los poderes públicos a pagar una pasta por despido improcedente de una profesora a la que un obispo le rescindió el contrato de trabajo por casarse con un divorciado? ¿Saben que la sentencia se funda en una regulación promovida por el Sr. Rajoy siendo ministro de educación? A todo esto, ¿han oído que se le vaya a recortar la subvención pública a la iglesia?

Durante las pasadas fiestas, las televisiones nos ofrecieron diversos reportajes sobre los “presuntos” delitos económicos del yerno real. Las  piezas vistas en Telecinco y en La Sexta, pese a los matices informativos, no me llamaron especialmente la atención. Ya en los primeros días del nuevo año, TVE tercia en la “operación Babel” con un reportaje en Informe semanal. ¡Vaya la que montaron las llamadas redes sociales! Se acusa a TVE de todo lo inimaginable, menos de contar la “verdad” sobre semejante escándalo.

Tarancon-2

Sin embargo, los 15 minutos que duró me resultaron lúcidos y muy bien documentados. ¿Que no chapoteaba suficientemente en las cloacas de la Zarzuela? Sin duda, la línea editorial quería mantenerse en lo documentado contra el protagonista de la historia, que no es poco.

Lo sorprendente es que una vez más las redes sociales se movilizan en direcciones harto sospechosas.

Se sabe que alguien próximo al gobierno anterior filtró que el desarrollo de la polémica “ley Sinde” iría al último consejo de ministros de Zapatero. Cuando éste ve el revuelo de los “tuiteros”, decide retirarla en el último momento. Luego, en el primer consejo de Rajoy, se aprueba el mismo texto y en las redes no se ha dicho ni pío. Redes que le han dado caña a El intermedio o Salvados, como a La noria, provocando la retirada de publicidad.

Cuando uno lee estos mensajes, como los dirigidos contra Informe semanal, saltan a la vista al menos dos evidencias: muchos de ellos responden a una misma estructura de discurso y la mayoría están inspirados por un pensamiento nulo y ultraconservador. De hecho sólo hay que observar la línea editorial de los medios que toman como referencia y dan pábulo a esos “tuits”.

De modo que la televisión es capaz de contarnos, condimentado con historias y personajes de época, cómo nos hacemos un poco más pobres cada día. Entonces, ¿por qué quieren cerrar las televisiones? No, nos equivoquemos. Ahora las entregan a la “gestión” de los especuladores financieros, como antes las habían vendido a los especulares del ladrillo. Alejadas de los controles públicos, prefieren el de los “tuiteros”, necesitan las teles para convencernos que hemos de comprarles a 5 lo que sólo les cuesta 1.

¿Será ése el destino de Canal 9? Difícil saberlo, porque a Garzón por escucharlos miren lo que le está pasando.

Escribe Ángel San Martín

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