La audiencia subrogada

  14 Octubre 2011
Televisiones públicas e independencia 

Los-Simpsons2Hace unos días mantenía el filósofo Enrique Lynch que las teleseries se han convertido en “megalargometrajes” seguidos a través de diferentes artilugios, no ya sólo en la tele. Sostiene que el éxito de audiencia y de fidelidad, pone de manifiesto los cambios en los hábitos de consumo de la ciudadanía. No se siguen tanto para aprender algo nuevo como para relacionarse con alguien que le libere de las miserias del presente. Las longevas teleseries al uso, se rellenan con personajes y situaciones de ficción, cuyas hazañas invitan a escapar de la cruda realidad.

Los gestores de estos megarrelatos cambian personajes y argumentos para subir a su carro a las sucesivas generaciones. Trufan el presente televisual con retazos del pasado, sin exigir al telespectador otra cosa que mucho tiempo para seguir el relato y muchas ganas de entretenerse. Y, viceversa, ambientadas en el pasado incorporan elementos que rezuman actualidad: robo de bebés en Gran Hotel (Antena 3), especulación inmobiliaria en Cuéntame o desempleo y pederastia en Amar en tiempos revueltos.

Semejantes recursos narrativos, por supuesto, no son nuevos. Distintos medios han ejercido parecida función a lo largo de la historia de la humanidad. Ahora el más poderoso, pese a Internet, sigue siendo la tele y la multitud de productos que contribuye a promocionar. Tal vez por ello el objeto de deseo de quienes profesan alguna ambición de poder.

Podemos visualizar esta perversión política al observar cómo tratan de convertir al propio medio en el mensaje. Al menos esto es lo que parece estar sucediendo. En plena onda expansiva del neoliberalismo conservador, las televisiones públicas supuran por los cuatro costados. En la BBC van a despedir a varios miles de trabajadores, mientras que la todopoderosa Fox —privada— no llega a un acuerdo económico con los 6 actores que ponen su voz a Los Simpson, colocando en el alero la continuidad de la longeva teleserie.

El consejo de administración de RTVE intenta personarse en la redacción de informativos a través del iNews, al menos en la de Asturias el consejo arremete contra el presidente Álvarez Cascos por los recortes anunciados. La televisión pública valenciana le paga a tertulianos que arremeten contra la enseñanza del valencià, uno de sus objetivos fundacionales, mientras que en Castilla La Mancha ponen de jefe al tertuliano Nacho Villa, cuyo sueldo es superior al de la presidenta autonómica. ¿Será que tiene más responsabilidad en la gobernanza que la propia Cospedal?

La noticia del mes pasado fue la decisión de Antena 3 de retirar para siempre la cochambre de casquería intimista DEC. La noticia del día siguiente es que los tertulianos de este programa no se iban al paro, sino a trabajar para Tele 5. Mejor suerte ha tenido Pilar Rahola, tertuliana del programa de Julia Otero en Onda Cero, y despedida por Antena 3. Tras el error llegó la rectificación, es admitida de nuevo. Gesto que ella sublima hasta el empalago en La noria de Tele 5. ¿Es que no hay ni uno solo con algo de dignidad para salvar el carromato televisivo?

Pienso que sí los hay, aunque tal vez estén demasiado callados. A modo de ejemplo ahí está Pepa Bueno, en el informativo de la noche, dando a conocer que el consejo de administración de RTVE desistiría al día siguiente de controlar el trabajo de profesionales como ella. Serena pero contundente, con un toque en la mirada a cámara como diciendo “y esto no ha hecho más que empezar”. Sin embargo, no pudo dar la noticia que muchos esperábamos: todos los miembros del consejo reconocen el error cometido, de cuya gravedad se hacen cargo presentando su dimisión, al menos los “progresistas”. ¡Nada, ni por éstas, salvo uno, todos permanecen amarrados al sillón!

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Si esto hacen unos políticos ¿por qué a Pilar Rahola que va de tertulia en tertulia, le vamos a pedir mayor coherencia ideológica? A fin de cuentas la Duquesa de Alba enviuda y desposa con tanta facilidad como los tertulianos cambian de cadena o acusan de senil el último televisual casamiento de doña Cayetana. ¡Con dinero no hay ideologías!

Estas últimas semanas he escuchado y leído a diferentes analistas económicos afirmar que esta crisis, entre otras causas, es la consecuencia lógica de la ideología hegemónica. Mandan y especulan los mercados porque eso es lo que quieren los políticos que nos gobiernan y, lo peor, a quienes se vota. ¡Ay del 20-N que se avecina! Pues bien, con las televisiones está pasando algo parecido. Los gobernantes no creen que el estar “bien informados” sea un derecho de ciudadanía, sino un privilegio reservado a quienes puedan pagárselo.

En este algoritmo las televisiones públicas, sufragada su independencia con el dinero de todos, no cabe. Razón por la que con distintas artimañas pretenden controlarlas, para de ese modo articular un megarrelato —en formato teleserie, tertulias de cotilleo, reality shows, etc.—, con el que contribuir a que los telespectadores remonten el vuelo y salgan de la agobiante realidad cotidiana. No prevalece el razonamiento, sino la frase hecha y sonora para cautivar la conciencia de las gentes. Recurso narrativo especialmente abusivo en estos momentos de campaña electoral.

No puedo recordar cuántos reportajes, documentales y especiales he visto estas últimas semanas sobre el desahucio de las familias estafadas. Cierto que el drama humano es tan grande como insignificante el problema en términos económicos y demográficos. Luego, ¿por qué se exhibe tanto en la pequeña pantalla? Y es que con el miedo en el cuerpo es más fácil gobernar, incluso calmar a los indignados ante tanta especulación. ¿Habrán inventado la tele para pensar por el pueblo?

Escribe Ángel San Martín 

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