Excursionistas incandescentes

  28 Agosto 2011
El papa en Telemadrid y RTVE 

jmj-1Dicen que en la economía del conocimiento los intangibles son un valor en alza. Nada banal en un momento tan crítico para la economía. Intangible, a estos efectos, es todo aquello que, sin tener cuerpo material, “toca la moral” del respetable y mercadea con ello. Sin duda, en el manejo de estos bienes tan cotizados nadie puede competir hoy con la Iglesia católica. De hecho es la corporación multinacional más antigua de cuantas ostentan tal privilegio.

No les ocultaré que estos días he “flipado en colores” ante la pequeña pantalla. Ya sé que, pese a todo, era mejor eso que salir a la calle bajo un sol tan de rigor como el de este agosto. Así que con mi libro y mi botellita de agua, a la sombra, ponía la tele para contemplar el periplo del representante de Dios en la Tierra. Al margen de otros detalles no menores, debo reconocer que los paseos de Benedicto XVI por Madrid resultaron ser un espectáculo televisivo de primera magnitud (aunque con sabor de remake). Quienes viendo esas imágenes no se hayan convertido es porque están definitivamente poseídos por el señor de negro con cuernos.

El planteamiento de la retransmisión ha sido meridianamente claro: a) argumento de viaje: la idea de tránsito es fundamental en la religión católica y, además, los telespectadores podían asociarla a sus presumibles vacaciones; y b) formato de teleserie: cada evento se retransmitía como un capítulo que obligaba a ver el siguiente para entender la trama.

Desde la llegada del papa a Madrid hasta la despedida, el protagonista tenía un set diferente y un ejército de figurantes voluntarios y voluntarias ataviados con vestimentas de vistosos colores. Sus caras en los primeros planos de la tele exhibían la alegría de estar ante algo sobrenatural. Eso sí, cuando algunos de estos rostros además hablaba, uno percibía que el sol agosteño había hecho estragos en sus neuronas.

La figuración se movía en grupo siempre tras la bandera de su país de origen. Así el comentarista, sin despeinarse ni aflojar su alzacuello, formulaba la observación inevitable sobre la procedencia del grupo. Si bien las imágenes sugerían que detrás de tanta fe ecuménica había no poco nacionalismo diferenciador. No obstante, los planos generales mostraban una estampa de la feligresía “multicultural”, porque el papa ama a todos por igual. ¿También a quienes en África morían de sed y hambre en esos momentos?

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Cada capítulo narraba una celebración religiosa. Los oficiantes, con vestuario propio para cada ocasión, actuaban en decorados de cartón piedra interpretando su papel. Los blancos, amarillos, rojos o negros de sus indumentarias, permitía que las imágenes denotaran la jerarquía de cada cual. Así que cuando un personaje vestido de calle, aunque de etiqueta, entraba en escena ya sabías que acabaría hincando la rodilla en tierra. El Sr. Bono, no contento con el besamanos, repitió el gesto varias veces con reiterados cabezazos. ¡Cualquiera diría que es la tercera autoridad jerárquica de un Estado democrático!

El momento de mayor brillantez narrativa, sin duda, fue la retransmisión del vía crucis. El itinerario estaba jalonado de obras de arte de valor incalculable y propiedad de la iglesia. Ahora bien, cada obra provenía de una diócesis, magnífica versión confesional de la “España plural”. Pero como sucede en la vida, ni Dios ni los humanos vemos por igual a las diferentes tierras. Así, la mía, León, le tocó exponer ante el mundo la tercera caída de Cristo con la cruz, justo cuando los centuriones romanos se ensañaron dándole patadas. ¿Qué concepto se llevarán de nosotros, los leoneses, quienes sólo nos conozcan por este vía crucis de culebrón?

Un relato audiovisual de tantas horas y para una audiencia no demasiado interesada en el trasfondo de la cosa aunque millonaria, debe contar con ingredientes dramáticos. Así que la narración introdujo antihéroes que provocaron momentos de enorme tensión. El principal antagonista de toda la serie fue el cósmico e inapelable calor durante el día y la noche. Los peregrinos JMJ luchaban bajo un sol de justicia con tal de experimentar la aparición y ascensión del papamóvil. El clímax se produce en Cuatro Vientos, cuando una tormenta de agua y viento tumba varios decorados de cartón piedra y el papa se queda sin gorrito en pleno sermón. Según mandan los cánones, los buenos siempre ganan. De inmediato los actores de reparto protegieron al protagonista, a quien le reescribieron, en plena representación, el diálogo para despedirse y regresar a los camerinos.

A este hilo narrativo se sumaron otras acciones disruptivas que contribuyeron, si cabe, a darle más emoción al desenlace de la historia contada por TVE y Telemadrid. Ahí estaba la manifestación de los laicos contra la abusiva exhibición del poderío vaticano. La manifestación se aliñó con algunos altercados que, al intervenir la policía, entra en acción la intriga política. Y por si no era suficiente, el hilo narrativo se va complicando con las críticas del movimiento 15M, de gays y lesbianas e incluso de los pocos grupos progresistas que van quedando en esta iglesia de grandes eventos. Las referencias a las acciones antagónicas había que seguirlas a través de otros medios, pues la tele les dedicaba escasos segundos en los informativos y nada en los directos. Por cierto, ¿nadie les habrá dicho a los señores de RTVE y Telemadrid que son medios públicos de todos los españoles?

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Pues sí, tan desproporcionado despliegue de medios para producir la señal institucional de la visita del papa, corrió a cargo de las corporaciones citadas. Éstas ponían los medios humanos y materiales para traducir en sonidos e imágenes la fe de los asistentes a las JMJ. Sin embargo, para la distribución nacional e internacional de la señal, se contrató a Overon (del grupo Mediapro). ¡Bueno, no vean la espuma que fluye en los blogs y foros ultras sobre este contrato! En uno de ellos, el menos cristiano, a mi entender, se dice que el Vaticano cedió al chantaje de Zapatero, pues éste recibiría al papa si la distribución de la señala institucional se le daba a los “amigos” de La Sexta. En fin, cada cual con sus paranoias.

Tampoco en estos blogs y foros, llenos de exabruptos, se hace ningún comentario sobre quiénes pagarán la factura del despliegue de medios exhibido tanto por RTVE como por Telemadrid. Precisamente dos corporaciones con unas finanzas en números tan rojos que se cuestiona su viabilidad. Bueno, sí, he oído en la radio decir a un obispo que también con el dinero de los impuestos que él paga, el Gobierno de Zapatero financia actividades como la manifestación laica aludida y los abortos. ¡Ni caritativos ni diplomáticos, qué vergüenza!

De todos modos de estas declaraciones tampoco hemos de hacer mucho caso, pues según la última oleada de Metroscopia (julio de 2011), la confianza que nos suscitan los obispos es de 3,1 sobre 10. Pero ojo, según esta misma encuesta, muy poca confianza más nos despierta tanto la televisión (4,1) como la iglesia católica (4,0). Entonces, ¿qué diablos hago yo hablando de unas instituciones en las que casi nadie cree ni confía?

Tras la narración del viaje queda una idea: la tele pública, una vez más, nos ha querido hacer comulgar con ruedas de molino. O quizá, se me ocurre, sus responsables querían congraciarse con la derechona haciendo ya campaña a su favor. Una derechona que se ve victoriosa y por eso despacha con el papa en la sacristía. ¿Se podrá hablar de algo serio en un habitáculo con tantas leyendas…?

Escribe Ángel San Martín

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