Apuntes de la tele al sol

  01 Agosto 2011
La tele refleja nuestra mentalidad ciudadana

camps-dimiteSegún mantiene algún conspicuo analista, nada menos de L’École des Hautes Études, la televisión actual es un reflejo de la mentalidad ciudadana del momento, al igual que el resto de medios artísticos. Razón por la cual muchos otros estudiosos sostienen que el cine y la TV deben tomarse como fuentes en los trabajos historiográficos.

Bueno, en lo fundamental, estoy de acuerdo con estos planteamientos. No obstante, me suscitan algunas dudas que trataré de exponer como mejor pueda.

La primera y a la que no creo deba dársele mayor importancia, es considerar a la televisión, sensu stricto, como un “medio artístico”.  Si es algo parecido, lo es en la medida que articula un discurso sobre la realidad basado prioritariamente en imágenes.

Casualmente, vivimos en la época del “apoteosis de lo visual”, que decía la corresponsal de TVE en Italia hace unos días. Y por lo que parece, el impacto primario de las imágenes es mucho más contundente que las palabras, máxime cuando éstas se articulan a partir de la reflexión. Tal vez por este motivo los poderes de toda laya, procuran controlar el medio televisivo, ya sea de forma directa (Murdoch o Berlusconi), ya sea indirectamente (Telefónica o el grupo Planeta). Si la fragmentación de las audiencias está provocando la quiebra de algunas empresas del sector, ¿por qué Planeta pretende comprar Veo 7 e incluso La Sexta?

Tomando otro ejemplo de actualidad, observaremos que la derecha más presentable está desacreditando el modelo autonómico amenazando con renunciar a las competencias en materia de sanidad y educación. Adviértase que son las más directamente relacionadas con la función redistributiva de los poderes públicos. No renuncian, sin embargo, ni a las de urbanismo (ámbito del negocio especulativo para la derecha neocon), ni a las televisiones locales y autonómicas (ámbito de recreación ideológica en manos, no todas, de la derecha ultramontana).

Mientras sesteamos lo que queda de verano, los ejecutivos de las teles no descansarán. Tienen por delante mucho trabajo para mayor satisfacción de sus patrocinadores. Ya sabemos que, por ejemplo, el ponderado periodista Vicente Vallés, del canal 24 horas (TVE), se va a presentar el telediario en Antena 3. Un año antes lo hizo David Cantero rumbo a Tele 5 y se espera algún abandono más durante este verano. De modo que la estrategia está clara, si los informativos de TVE eran los que más confianza y audiencia concitaban, lo mejor es descabezarlos, así la “realidad” se presentará en dosis visuales más digeribles y, sobre todo, sin disonancias.

Todos estos cambios se producen en un momento crítico para las televisiones públicas. Sólo baste recordar que RTVE sigue descabezada, pues no hay acuerdo entre los grandes partidos para sustituir al dimisionario Alberto Oliart. En la tele autonómica de Castilla-La Mancha, la pluriempleada de su presidenta, ha colocado al frente nada menos que a su peineta de procesión: el ultraconservador Ignacio Villa (ex de la COPE).

En el País Valenciano continúa dirigiendo la televisión autonómica un periodista que consiente privar y racionar la actualidad informativa según los intereses partidistas. RTVV todavía no se ha enterado que los trajes del Sr. Camps se los había “pagado” Pepiño Blanco o que los excesos del PP valenciano se sufragaban con “donativos” de la CAM. En estos menesteres Telemadrid es más directa: ilustra visualmente el 15-M con imágenes de las cargas policiales en Grecia o reescribe la historia de la Guerra Civil dándole una pasta a una universidad privada confesional por un documental plagado de falsedades.

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Claro que ahí tenemos la recién estrenada serie en TVE con el muy significativo título de Plaza de España, programada los lunes en horario estelar. Vuelven a retomar los aledaños de la Guerra Civil, como el arranque de Amar en tiempos revueltos o de Cuéntame... La nueva serie logró una muy buena acogida entre la audiencia, tal vez porque se pensaban encontrar a la intrépida Laura desenmascarando a algún asesino. Ya veremos qué sucede en las próximas entregas.

De todos modos, la serie vuelve al tono de comedia, con unos personajes que no se sabe bien si quienes los interpretan no creen en ellos o es el momento histórico que les sirve de telón de fondo lo que les resulta ignoto. Juego de incredulidades que provoca, cuanto menos, la sonrisa.

Ahora bien, como se preguntaba un telespectador en el blog de la serie (http://encuentrosdigitales.rtve.es/2011/gorka_otxoa.html), ¿se pueden hacer chirigotas a propósito de un acontecimiento tan dramático? Y me pregunto yo, ¿debe ser esta la contribución de TVE a la Memoria Histórica?

Está claro, los gestores de la tele aprovechan los soles estivales para recomponer su negocio. ¿Qué podrán descubrir, me pregunto, los estudiosos del pasado cuando analicen estas imágenes de “ficción”? A los demás nos toca seguir tales andanzas más que como recreación artística de nuestra peripecia vital,  debería ser sobre cómo la derecha intransigente —observen qué pronto se ha dejado de hablar del descerebrado y asesino noruego— hace negocio con nuestros pensamientos y emociones.

Así que, luego, ante las urnas, ¡cómo no les vamos a votar si son tan “majos”! La inercia tanto tiempo alimentada desde sus televisiones, acaba dando los frutos deseados. Por tanto, ya se pueden convocar las elecciones generales. Eso sí, que en la campaña nadie prometa protegernos de los fantasmas que nos muestran en la tele de cada día. ¡Esos son sus fantasmas, no los nuestros!

Escribe Ángel San Martín

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