El síndrome del balón

  26 Abril 2011

Del Real Madrid-Barça a la falta de información en TV

madrid-barcelona3El empacho futbolero no tiene antídoto. Parece que el mundo se niega a seguir rodando sin el consentimiento del llamado deporte rey. Pero realmente esto no es más que el efecto de los gases lacrimógenos que vierten las pantallas sobre nuestros ojos. Un efecto de realidad que nos atrapa encantándonos con los caprichosos movimientos de la pelota y de quienes la patean.

El miércoles de pasión, La 1 de RTVE ofreció urbe et orbe la final entre el Barcelona y el Real Madrid. Mediáticamente calentaron la previa con rumores, chismes, cotilleos y vaticinios hasta convertir el encuentro en una anécdota más del gran relato serializado que estaban produciendo. Transcurridos los minutos de juego, el relato ha continuado con tintes de épica postmoderna. Es un recurso no violento para fidelizar a las audiencias, aunque éstas siguen su peculiar itinerario visual por las pantallas.

Según los informativos de TVE, fue el programa más visto del año con casi 13 millones de telespectadores aquí, no se cuentan los foráneos. Sin embargo, el llamado “minuto de oro”, cerca de 15 millones de telefutboleros, no se produjo cuando Ronaldo marcó el gol. Según mis informantes y mis modestos conocimientos del susodicho deporte rey, el gol se marca en la prórroga que es cuando, en términos narrativos, debería producirse el clímax agónico, máxima tensión ante la incertidumbre del desenlace. Sin embargo, la gente en ese momento ya estaba en otro rollo, tal vez porque el desarrollo de los hechos les interesa menos que el relato audiovisual que de ellos se hace.

Sólo si esto es así, uno se puede explicar gran parte de lo que está sucediendo en nuestras sociedades. Y quienes mejor han entendido tan torticera paradoja fueron los programadores de Tele 5, pues mientras La 1 retransmitía el partido en alta definición, ellos ponían en pantalla la casquería analógica de Enemigos íntimos.

Por un lado, hacía referencia a lo que estaba sucediendo en la parcela símbolo de la especulación urbanística de Valencia, a la vez que se mantenían fieles a su estilo de serializar la telebasura que, en esta ocasión, salpicaba a las señoras Lomana y Esteban. Por cierto, ¿para cuándo la aplicación de la ley de igualdad al formato y a los contenidos de estos programas?

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En otras cadenas se limitaron a programar, quizá apocados por el tirón del “directo” de TVE, películas con los contenidos y la tradición típicos de cada año por estas celebraciones confesionales. Así también van preparando el clima para los días de pasión religiosa que se avecinaban.

De hecho en un debate ultra de Veo 7, un invitado se defendía como podía de las acusaciones del moderador y algunos otros tertulianos, de provocar y denigrar a los creyentes católicos por programar una procesión alternativa el día de jueves santo. El hilo discursivo del debate era bien elocuente: si se autorizan procesiones ateas, la quema de iglesias y el linchamiento de clérigos será lo siguiente. Para el presentador lo segundo ya ha llegado: el conflicto con la capilla de la Complutense o el fuego en la sacristía de la catedral de Barcelona lo ilustran con solvencia. A lo que otro conspicuo tertuliano apostilla que la programación de la serie La república en La 1 de TVE es otro paso más de los de Zapatero para volver a las andadas de aquellos tiempos estos días rememorados.

Por cierto, ¿cómo en un Estado aconfesional las televisiones sostenidas con fondos públicos dedican tanto tiempo de programación a las procesiones y demás actos religiosos? ¡Bueno, y la que nos espera con esa boda “real” que se avecina!

Sorprende que una sociedad tan impregnada por la información abdique de sus derechos y hasta de su dignidad, admitiendo hechos y valoraciones tan descompuestos. Si realmente los hechos fueran descritos con meridiana claridad y argumentada la pluralidad de sus motivaciones, es posible que nuestros pensamientos y criterios de convivencia también fueran otros. Pero es que el estilo con el que nos narran los acontecimientos futboleros, lo aplican también al resto de acontecimientos.

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El sábado de la manifestación convocada en Madrid por las víctimas del terrorismo, la presentadora del tiempo en el informativo de medio día en Antena 3, concluía su resumen diciendo que la previsión era una tarde soleada por lo que la climatología no podía ser excusa para no acudir a la manifestación. Un alto representante político decía sin ruborizarse que la puesta en libertad por la justicia de Troitiño, era parte de la negociación del Gobierno con la banda y, otro muy notable jurista, argumentaba que el ministerio debía haberle aplicado la “detención preventiva”.

Reiterados estos cortes de declaraciones tan desafortunadas, acaban imponiendo efectos de realidad. De modo que las cosas son como las cuentan, mucho menos del modo que sucedieron. Esto último suele quedar tan oculto que ni siquiera queda rastro de lo ocurrido, como la manifestación en Valencia contra el cierre de en este territorio de las emisiones de TV3. ¿Cómo puede ser que a estas alturas se produzca tal cacicada? ¿Cómo es posible que los partidos democráticos le impongan a los informativos los documentos partidistas que ellos mismos elaboran sobre sus actos electorales?

En buena lid los responsables de informativos deberían negarse a informar a partir de ese material o de las ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas. Pero claro, semejante actitud presupone la claridad de la información y, como hemos comentado, lo que hacen es recrear estados de ánimo a  partir de la “actualidad”.

En fin, malos tiempos para la libertad de expresión y también para la de pensamiento. ¡Qué lástima que la televisión, incluidas las públicas, pongan tanto empeño en alimentar el síndrome del individuo pegado a un balón! 

Escribe Ángel San Martín

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