Brumas veraniegas

  27 Octubre 2010

Septiembre 2010

En verano también... lo mejor es no ver la teleNo les voy a engañar, este verano apenas he visto la tele. Si acaso, un poco y de reojo. Pero sí lo suficiente como para advertir un hecho, como mínimo, llamativo. Se trata de algo que, por lo demás, materializa una afirmación de Vázquez Montalban, formulada hace unos años, cuando decía algo así como que la televisión estaba transformando el espacio público en publicitario. No sé si la realidad será tan contundente o no, aunque pienso que se le aproxima bastante.

Paseando una noche de agosto por un pueblecito italiano, vi que la gente tomaba el fresco nocturno en la calle alrededor de una pantalla de televisión. Escena que, con pocos días de diferencia, se repetía de modo muy semejante en otro pueblo francés y en el mío, que está por Castilla. Lo que fluía de la pantalla a la que atendían estos vecinos en las puertas de sus casas, era muy semejante: unos bustos despellejándose entre sí y, de vez en cuando, saltaban de sus sillas con aspavientos y dando gritos. La respuesta de los telespectadores, pese a estar separados por cientos de kilómetros, era también muy parecida: risotadas y comentararios entre ellos a propósito del espectáculo que contemplaban.

Llama la atención que un grupo de vecinos salga a la calle a relajarse al final del día, y lo que hacen es ponerse delante de un vodiferante monitor de televisión que silencia sus palabras. De modo que el producto televisivo “ocupa” el espacio público de la calle con mensajes, como se decía hace años, orientados a alienar a las clases populares. En Italia y España tenían sintonizados canales de Berlusconi, en el corro francés no pude identificar la mosca de la cadena. Se trataba, de todos modos, de viejos formatos para entretener que se vienen repitiendo año tras año. Por ello resulta indignante el interés comunicativo que ponen todas las cadenas en estos momentos para que nos enteremos de las supuestas novedades que añaden valor a sus respectivas programaciones para la temporada otoño-invierno. ¡Qué narices, si es más de lo mismo!

Las novedades, como mucho, en la ficción que se importa, porque lo de acá sigue siendo lo de siempre: vuelve otra edición de Gran Hermano (dicen que se han presentado al casting varias decenas de miles de candidatos y candidatas, cosa que no tiene otra explicación si no es la de estar los aspirantes en las listas del paro); Gran Reserva se vende embotellada en quioscos; José Luis Moreno resucita a Las Chicas de Oro; se inicia una nueva temporada de Amar en tiempos revueltos; una cadena privada promociona la ficción de los Príncipes de Asturias, como si no tuvieran bastante con la que les envuelve; los programas matutinos suman a sus nóminas “nuevos” tertulianos y tertulianas y arrancan temporada con entrevistas a personajes de la vida pública con morbo en sus vidas privadas; los informativos de La 1 sieguen siendo los más vistos y los que más confianza suscitan entre la audiencia y, para no seguir, las retransmisiones deportivas se incrementan y estiran hasta alcanzar, de un modo u otro, a toda la programación. Bueno, no sólo a ésta. Menudo cabreo tienen los directivos de Prisa con la fuga de varios de sus comentaristas deportivos a la radio de los obispos. En fin, éstos hacen lo mismo que Mediapro con los derechos televisivos, se los venden al postor más solvente, por eso la televisión valenciana se quedará sin partidos de fútbol.

En definitiva, las gentes se concentran masivamente alrededor de la pequeña pantalla, para seguir un cotilleo ideológicamente reaccionario

En definitiva, las gentes se concentran masivamente alrededor de la pequeña pantalla, para seguir un cotilleo ideológicamente reaccionario y las peripecias deportivas de una generación afortunada en diferentes disciplinas. De fondo “la roja” concita actos de comunión universal y nos enteramos que a la nieta de Franco le pone los cuernos su último marido. Es decir, el mundo sigue rodando. En Francia, Sarkozy, al volver de vacaciones, expulsa a un grupo de ciudadanos y ciudadanas por su pertenencia a una minoría étnica; en Italia se aplica sin contemplaciones la “ley mordaza” a los medios de comunicación divergentes y, por aquí, se habla desde la derecha política de la privatización de los canales autonómicos (probablemente siguiendo el modélico ejemplo de Terra Mítica), porque la derecha económica tiene los demás y, para mayor gloria los “representantes democráticos” convocan ruedas de prensa sin permitir preguntas, como hace el “rey desnudo” de Valencia. ¡Todo un ejemplo de libertad de expresión… trufada de despotismo sin lustre!

¿Con estos mimbres audiovisuales qué sociedad puede esperarse? Mala cosa si es cierto lo que dicen las encuestas, y es que crecen las audiencias dedicando cada vez más tiempo a ver la pequeña pantalla. Es como una bola de nive, cada vez más grande y con escasas posibilidades de licuarse. Ante lo cual, la verdadera revolución, verde y sostenible, sería convertirse en insumisos televisivos. ¡Nada de tele! Claro que, si esto sucede, cómo rellenaría yo esta columna. Más grave aún, ¿cómo combatir sin el delirio publicitario los desaires de lo público?

Escribe Ángel San Martín

Mala cosa si es cierto lo que dicen las encuestas, y es que crecen las audiencias dedicando cada vez más tiempo a ver la pequeña pantalla