Ripio en la gala de los 50

  26 Diciembre 2007

Escribe Ángel San Martín Alonso

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 Chicho Ibáñez Serrador

Que el mundo está al revés, no es ninguna novedad. Lo dijo Eduardo Galeano hace tiempo, y lo repitió el otro día en la tele a preguntas de Baltasar Magro ( De cerca, La 2 de TVE). Con entrevistas así y esa serie documental de Voces contra la globalización. ¿Otro mundo es posible? (también de La 2), da la impresión que desde la tele quieren hacernos entender la locura del mundo que nos rodea. Desde luego que madurez para hacerlo no les falta, pues RTVE acaba de celebrar sus bodas de oro. Efeméride que celebró con una gala televisiva a la vieja usanza. Con éxito de crítica, por lo leído, no demasiada, pero sí de público que acudió en masa a la cita como en las grandes ocasiones futboleras. A todo esto sin contar con los millones de televidentes repartidos por el mundo y que al parecer lo vieron a través del Canal Internacional. Es decir, la audiencia se colgó de una gala cargada de añoranzas y escasa de proyecciones sobre el futuro. ¿Ironía o cálculo político de la celebración?

No estuve pegado a la pantalla las más de tres horas que duró, pero en las idas y venidas no escuché que se hablara del porvenir que le espera a TVE. Tampoco, salvo alusiones veladas, se habló de lo que pensaban los más de 4.200 trabajadores que en breve se irán a la calle. Los candidatos a ello serán, según el acuerdo entre patronal y sindicatos, quienes en este año 2006 cumplan los cincuenta. Es decir, los artífices del tiempo celebrado en la gala eran despedidos, aunque con una buena parte de su sueldo bruto. Por la misma razón podrían haber aprovechado el fiestorro televisivo para subastar la empresa, también tiene 50 años. Lo recaudado, dadas la fechas en las que estamos, se podría donar a alguna causa justa de las muchas que hay en el mundo.

El criterio de corte, la edad cumplida, es tan arbitrario como cualquier otro. Por tanto, no lo cuestiono. Lo que resulta irracional y muy propio de los tiempos de confusión en que vivimos, es que se haga con el consentimiento pleno de los sindicatos. Se me ocurre y no estoy demasiado imaginativo, que otro criterio podría haber sido jubilar a quienes no pegan ni un palo al agua, ya sea por incompetencia profesional o por mala fe personal. Aplicación neta del principio de productividad, tan socorrido en otros expedientes de regulación de empleo. Bien pensado, también podía haberse optado por poner en la calle a quienes entraron en “la casa” a instancias de algún mandamás del Ente, desde Suárez hasta Cafarell. En ambos casos, un suponer, el dato objetivo de la edad sería indiferente.

La mencionada gala era también un homenaje a Chicho Ibáñez Serrador, cabeza fundamental en la loada historia de RTVE. Cuando en medio del escenario se le pregunta qué le parece la televisión que se hace ahora, él contestó con otra pregunta: "¿De verdad quieres que te diga lo que pienso?". La presentadora soltó una risa histérica y el público del patio de butacas se arrancó con un estruendoso aplauso. Lógicamente a Chicho no se le dio la oportunidad de expresar lo que pensaba al respecto, aunque nos lo imaginamos. Ahora al ver la nómina de quienes deben abandonar el barco de Prado del Rey, se advierte de inmediato la cantidad de “chichos” que dejarán de pensar para la tele. ¿Cómo es posible, en los tiempos que corren, prescindir de tanto capital humano? ¿No hay algo de estafa social en el saldo de muchos de estos profesionales que tanto costó su formación?

Ya sin estas cabezas pensantes, la “berlusconización” de la televisión será mucho más rampante. Los contratos precarios y el pensamiento borroso se encargan del resto: telerrealidad y casquería sentimentaloide a toda máquina, como en buena medida sucede ya. Ahí está el amago de retirar de la parrilla el antes mencionado Voces contra la globalización. Maniobra que pone a parecida altura a ese “documental” sobre la vida privada del matrimonio de Lola Flores y el Pescailla, retenido cautelarmente por una juez. Para hundir un poco más a la televisión, los partidos políticos hacen sus propios documentales, explicitando así su desconfianza de la televisión que ellos deberían proteger. De hecho, como hemos podido comprobar días atrás, sindicatos y consumidores, se han echado a la calle en Madrid y Valencia para reivindicar en sus televisiones respectivas más libertad de expresión. Las expectativas no pueden ser menos alentadoras: contratos basura contra masa crítica, ¿qué cabe esperar de tanta impostura?