Fuego en la tele (agosto 2009)

  02 Agosto 2009

Escribe Ángel San Martín Alonso

Luis Bárcenas, el famoso tesorero del PPLa canícula estival amenaza con desquiciar a las sufridas audiencias, como también parece hacer estragos en la industria catódica. Uno se pone ante la tele y de inmediato te convierte en testigo mudo de mil desgracias. Empiezas por no encontrar en la pantalla a los rostros de referencia, los contenidos se reciclan hasta el hastío, aunque el plató esté en la playa, continúan con la crónica negra sobre la violencia de género, las muertes en la carretera, de la peste H1N1, los incendios forestales, la crisis económica que no remite y la patronal reivindicando el despido libre.

Al observar los estudios de audiencia de este último trimestre, se descubre que los picos se concentran en los informativos en detrimento de la ficción. Da la impresión que las peripecias del Sr. Bárcenas gestionando las cuestas del PP o del Sr. Camps probándose trajes regalados, tiene más emoción que las conjeturas de los forenses de CSI o las intrigas en Los hombres de Paco.

El problema narrativo es que no está muy claro el límite entre la realidad y la ficción. De hecho, es fácil encontrar paralelismos formales entre el plantón de la patronal a sindicatos y Gobierno y el acoso en La señora del marqués a los trabajadores de la mina y a las trabajadoras de la casa de citas.

Mientras nos abruman con los detalles de la vida y obra del finado Michael Jackson, en los cortes publicitarios se anuncia para septiembre el lanzamiento de un videojuego y la reedición discográfica de los Beatles, ya no se sabe si dar crédito a las hipótesis de la conspiración contra la vida del autor de Thriller o seguir viendo al doctor House.

Michael Jackson

El caso Gürtel avanza a parecido y desesperante ritmo narrativo que Amar en tiempos revueltos, como si el favor de la audiencia fuera connivente con los delincuentes de guante blanco. A todo esto, me pregunto yo, ¿qué será más real, ver en todos los informativos a Esperanza Aguirre cantando el himno nacional embutida en una camiseta amarilla o a la Patiño despellejando en la sobremesa de Antena 3 a alguna bañista marbellí?

Aunque me resisto a admitirlo como principio rector de la mirada televisiva, va a tener razón Jesús Hermida. El incombustible periodista, "testigo" hace cuarenta años del paseo por la luna, ha dicho recientemente que "el auténtico protagonista fue la televisión". Ni la NASA, ni Armstrong y el desarrollo tecnológico materializado en el Apollo 12, son comparables a lo que la televisión consiguió aquel 20 de julio de 1969.

La extraña pareja: Camps y Esperanza, el de los trajes y la del himnoY digo que puede tener razón porque la propia tele alimenta la conspiración, pues estas semanas hemos podido ver documentales sobre el "montaje" del paseo lunar e incluso mi abuela se murió diciendo que las imágenes de un hombre en la luna no eran más que otra película de los americanos. Lo incontrovertible es que la televisión ofreció a todo el mundo un relato de la "aventura espacial", lo que ya no suscita tanto consenso es el hecho en sí, si realmente esos pasos se dieron en la luna o en un estudio cinematográfico de Londres. Prevalece, por tanto, el relato sobre los acontecimientos, tal vez por ello tenga razón el Hermida, máxime si observamos los asuntos y personajes que aparecen y desaparecen en la pequeña pantalla.

Conscientes de este principio, me digo yo, es el que está conduciendo a los señores de las ondas, a renovar su negocio con importantes novedades políticas, económicas y tecnológicas, como la migración a la TDT (televisión digital terrestre). Llama poderosamente la atención que con este calor y con el cansancio del año laboral a las espaldas, se ultime el modelo de financiación de RTVE. De modo que a la vuelta de vacaciones nos podemos encontrar con una TVE sin publicidad, cofinanciada por los presupuestos públicos y los beneficios de las industrias del sector, con un canal de pago dedicado a eventos deportivos a los que TVE no puede concurrir, además de la previsible fusión de dos cadenas generalistas. De manera que la industria que nos "reconstruye" la realidad, se regula mientras estamos despistados con los atractivos vacacionales. Sin embargo, no se habla por ninguna parte de la constitución de un órgano regulador del todopoderoso sector audiovisual, como ya existe en otros muchos países civilizados.

Por si a la vuelta de vacaciones me encuentro con la carta de despido de los jefes de esta "rentable" publicación, sólo les diré a estos capitalistas una cosa más. Si mi trabajo para esta revista tenía algún sentido, era porque la televisión analógica emitía relatos diferenciados para el proletariado y la burguesía, distinción que la TDT borra de raíz. La multiplicidad de canales digitales lanza un macrorrelato uniforme, reiterativo y pixelado para una masa de gente ociosa, convertida ahora en consumidores de tecnologías avanzadas (Ortega y Gasset dixit).

Y si ya no hay cuentos en la tele, ¿qué les puedo contar yo en este pequeño espacio? Mi despido es inevitable, así que a disfrutar, en cualquier lugar, de lo que tengan más a mano durante las semanas que faltan hasta recibir la temida carta de mis patronos. ¡Feliz verano!

Ya lo decía la película 'Capricornio uno': lo del viaje a la luna fue sólo un montaje televisivo