Dos lustros sin lustre (la televisión de 1998 a 2008)

  04 Enero 2009

Escribe Ángel San Martín Alonso

logo_tdt.jpgMuchos analistas mantienen que la televisión sigue siendo la “locomotora” que tira de la gran industria del ocio y del entretenimiento. Afirmación que es aplicable tanto a las televisiones de aquí como a las de cualquier otra parte del mundo.

La televisión, junto a las religiones o a las pestes –no sólo las que afectan a la salud pública–, han sido los principales factores desencadenantes de esto que llamamos alegremente “globalización”. La casualidad ha querido que dicho fenómeno aparezca justo con el renacer digital de esta revista ¿Será también Encadenados responsable de la globalización?

De momento y para no enfadar a los jefes, me ocuparé de resaltar algunos de los cambios experimentados por la televisión durante estos últimos diez años.

La digitalización

Sin duda, el más espectacular es el que alude a la innovación tecnológica experimentada por el medio en sus tres fases: producción, transmisión y recepción. Los expertos hablan de la “convergencia tecnológica” como la característica que mejor define la innovación en este campo, la cual se funda en la digitalización de las tres fases señaladas.

logo_antena3.jpgGracias a ello ahora recibimos la señal en un receptor liviano y en formatos que luego puedan distribuirse por las pantallas deslocalizadas en móviles, ordenadores, videoconsolas, etc. El desarrollo tecnológico es tal que la espectacularidad de éste comienza a suplantar al contenido. El ejemplo lo ofreció la CNN en la noche electoral de los EEUU, al dotar de presencia virtual en el estudio a una de sus corresponsales que físicamente estaba a cientos de kilómetros. Lo importante ya no era el relato que la corresponsal debería hacer desde el “cuartel general” de Obama, sino comentar desde el estudio lo que estaba sucediendo. De modo que la novedad tecnológica sustituye simplemente a la noticia.

La convergencia tecnológica está conduciendo también a la concentración del poderío televisual en unos pocos grupos. Durante la década de los noventa se produjeron estos grandes movimientos empresariales, mientras que con el nuevo siglo consolidan su presencia en el mercado diversificando canales. Configuran grupos de comunicación que operan simultáneamente en la radio, prensa, TV, editoriales de libros –incluidos los textos escolares–, producción de cine, Internet y ahora también en los medios gratuitos. Mediante la diversificación de riesgos en el negocio de la comunicación, lo que consiguen es acaparar un poder omnímodo sobre las opiniones publicadas.

La dictadura de las audiencias

logo_canal_plus.gifMuchos productores del medio hablan de la “dictadura de las audiencias” para aludir a la feroz lucha por las cuotas de pantalla. En pos de lo cual se permiten los programadores quitar y poner en la rejilla, sin previo aviso, lo que consideran que conviene más a la competitividad. No reparan en practicar ese mal tan extendido: la contraprogramación, saltarse los códigos de autorregulación, suprimir una serie al segundo capítulo o inundar de publicidad el programa que interesa a la audiencia.

Y para fidelizar a la clientela ponen en marcha sofisticadas estrategias de mercadotecnia, como el participar en concursos a través de la telefonía móvil, intervenir en foros, blogs o wikis. No hay programa de televisión que se precie y aspire a un buen share que no tenga una ostentosa presencia en Internet, incluso “suben” capítulos para el acceso gratuito, además de secuencias en YouTube y a algunos de sus protagonistas les crean avatares en Second Life.

De modo que la condición de audiencia ya no es sólo por el hecho de ver la televisión, sino que se distribuye al conjunto de actividades que la red de redes le proporciona en relación con la programación televisiva. Y es que las encuestas detectan que la audiencia de televisión ha bajado en estos dos últimos años, audiencia que repescan a través de las otras múltiples pequeñas pantallas.

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La ética y los contenidos

Por lo que se refiere a los contenidos, también estos últimos años han sido pródigos en innovaciones.

logo_sexta.jpgSiguiendo la estela de la realidad virtual, las televisiones han girado hacia formatos en los que la espectacularidad roza e incluso sobrepasa los límites éticos: son los formatos inspirados en los reality shows y los talk shows. El morbo truculento y la privacidad se están convirtiendo en fuente de “inspiración” para horas de programación en las distintas cadenas de televisión, sin reparar en copiarse y repetirse unas a otras hasta la náusea o el juzgado de guardia (Tele 5 y La Sexta).

La trasgresión en estos formatos tanto de las normas de competencia empresarial, como narrativas y de convivencia cívica, sirven como reclamo de audiencias y ocupación de jueces y letrados, que así consiguen su minuto de gloria en la televisión. Quienes huyen de estos formatos y tampoco acuden a las salas de cine, encuentran ahora satisfacción en la ficción que ofrecen las televisiones, género que está alcanzando altos niveles de pulcritud narrativa (Juan Cueto dixit). Si bien la insistencia en temáticas relacionadas con el orden –sanitario, policial o juvenil– desdice el alarde creativo de los guionistas de las teleseries.

Telepasión española

logo_cuatro.jpgEl panorama televisivo español de estos últimos años tiene su enjundia particular, además de participar de las tendencias internacionales.

Si tuviera que destacar una característica de nuestra televisión, sin duda señalaría la ineficiencia del mercado televisivo debido fundamentalmente a tres factores.

Por un lado, la permanente intervención de los gobiernos en la gestión y línea editorial de las televisiones públicas, además de maquinar, como en su momento lo hizo el PP con Telefónica, para crear un grupo de comunicación afín.

En segundo lugar, cabe destacar la gran fragmentación de la oferta, aquí hay televisiones de implantación global, estatal, autonómica, comarcal, local y hasta vecinales. Circunstancia que las empequeñece y resta potencial creativo, además de dejarlas a merced de la voluntad de los políticos de turno que les consienten hipotecas financieras incluso por encima de lo legalmente establecido (Telemadrid y RTVV).

logo_telecinco.jpgDe manera que las televisiones, en tercer lugar, se ven impelidas a luchar encarnizadamente por el pastel publicitario y por los contenidos con más audiencia... que son los deportes. Por éstos pagan cantidades astronómicas, lo cual ha puesto en delicada situación económica a Canal + y en el futuro inmediato podría pasarle lo mismo y por idéntico motivo a La Sexta, que además del fútbol ha pujado muy alto por los derechos televisivos de la Fórmula 1. Los analistas consideran que si el Gobierno, de quien se dice que está detrás de este creciente grupo de comunicación, no le concede un canal de pago para explotar comercialmente esos derechos, pronto entrará en bancarrota.

El panorama, pues, no es nada halagüeño y lo que es peor, durante estos últimos años ha empeorado. Todavía no se ha puesto en marcha una autoridad reguladora, como podría ser el Consejo Audiovisual, para ordenar la producción, distribución y consumo de los medios. Ahora bien, sólo podría cumplir con este cometido si gozara de un cierto margen de independencia, cosa difícil viendo lo que está pasando en nuestros pagos con otros órganos de parecidas funciones en otros ámbitos económicos, culturales o judiciales.

Tal vez por esto los ciudadanos de este país confían muy poco en la televisión y saben menos de la TDT, aunque casi la mitad de la población ya es usuaria, según el barómetro elaborado por el CIS este septiembre.

Si no se fían y saben tan poco de la tele ¿cómo es que le dedican tanto tiempo a contemplarla? ¡Seguro que es por culpa de la crisis! 

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