La depre televisiva (diciembre 2008)

  26 Diciembre 2008

Escribe Ángel San Martín Alonso

crisis_coches.jpgHace unos días escuchaba en uno de los informativos de la tele que los fabricantes de coches aprovecharían estas fiestas para “contener” la producción. En otro informativo, por la noche, se añadía a la noticia el comentario que probablemente esas cadenas de producción en enero tampoco se pondrían en marcha, destruyéndose así miles de puestos de trabajo. Al día siguiente, en el informativo de la Sexta, se insistía en que la venta de coches estaba en mínimos históricos. Pese a la tendencia, aclaraban, dos marcas alemanas lograban incrementar las ventas de modelos de gama alta en más de un 10 %, respecto al mismo período del año pasado. ¿Quiénes serán los que en esta coyuntura pueden comprar coches caros?

Desde luego que en la programación de las diferentes televisiones no podemos encontrar respuesta al interrogante, ni siquiera en la entrevista que Gabilondo le hizo al dadivoso Zapatero en la Cuatro. Hemos de reparar en los detalles menores para advertir cómo la tele interpreta y propaga un mensaje economicista para la clase media. Justo para quienes en vez de pasearse con un coche de alta cilindrada deben minimizar gastos y ocupar su tiempo de ocio viendo la pequeña pantalla.

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Según ha quedado demostrado, la actual economía especula con el poco dinero de mucha gente. Cuando esos desalmados han juntado una cantidad obscena de dólares, entonces se declaran insolventes dejando a los pequeños ahorradores, aspirantes a ricos, más pobres que cuando no tenían casi nada. La televisión nos muestra a éstos, en entrevistas a pie de calle, lamentando su exceso de confianza en alguien trajeado que les había prometido fortuna sin par. Mientras que a los especuladores –en masculino porque todos los conocidos son varones– los visualizan saliendo de un juzgado de Nueva York protegidos por sus escoltas y rodeados por una nube de periodistas. Así vimos esta semana en todas las televisiones a Madoff y en plano corto a las víctimas lamentando su infortunio.

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Ahora los tertulianos de la tele y los circunspectos opinantes nos dicen que el motor de la economía es la confianza, el sosiego con el que se afronta una operación de compraventa. De modo que el problema no anida en las entrañas del capitalismo sino en los resortes emocionales de quienes no tienen más remedio que acatar sus reglas. Si alguien tienen que abstenerse ahora de comprar un coche, suscribir una hipoteca o celebrar las fiestas con cava de postín, es por culpa de su estado de ánimo no de las cuentas.

el_comisario.jpgPor si no fuera suficiente, todas las cadenas, sin excepción, programan series de ficción cuyos protagonistas desafían las leyes de la gravedad capitalista (El Comisario, El Internado, Herederos, El castigo, CSI, etc.). Tanto desafuero contra la propiedad privada y las buenas costumbres, sólo parece ser domeñado por las fuerzas de orden público con el apoyo de avanzados ingenios  de la ciencia.

Sorprende que las televisiones se muestren en sus informaciones tan cenizas y aguafiestas, como si los presentadores y presentadoras se regodearan hablando del paro, el cierre de empresas, el desfalco de los fondos de inversión, atracos, y zapatazos como el que le lanzaron a Bush. Sorprende mucho más semejante actitud cuando uno repara en que las televisiones están en manos del gran capital. Incluso las públicas acabarán bajo su tutela si prospera la directiva europea que restringe la subvención estatal y le prohíbe emitir publicidad, teniéndose que financiar con los beneficios de las privadas.

barak_obama_time.jpgPero a lo que voy. Los teóricos más conspicuos del capitalismo dejan de interesarse por conceptos como el de inflación, precio del dinero o el equilibrio entre oferta y demanda. Su objeto de atención es el estado emotivo de los consumidores y como modelo recurren a la caja de condicionamiento operante en la que Skinner observaba cómo las ratas evitaban el calambrazo.

Los asesores más próximos de Obama se sirvieron ya de este modelo durante la campaña electoral y, dado el éxito, los ha incorporado a su equipo económico (Time dixit). En esta coyuntura, la televisión no puede seguir sembrando dudas sobre la equidad del capitalismo, porque entonces los telespectadores no consumiremos lo suficiente como para remontar la crisis actual. Y, ya se sabe, si la economía no va bien, tampoco habrá televisión.

Sin pretenderlo me ha salido una columna depresiva, me consuela el que resulta coherente con el tono de la programación de las televisiones y con el bajo ambiente navideño que transpiran la mayoría de las ciudades. Por cierto, esto es el condicionamiento operante, ¡yo también estoy siendo víctima! Les ruego me disculpen, me voy ahora mismo al sofá con la mantita a gozar de Cine de barrio que hoy va de belenes y de la añoranza desmemoriada de aquellos tiempos tan felices.

Queridas lectoras y lectores, ¡a disfrutar y hasta el año que viene!

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