Sabuesos

  12 Agosto 2018

El aparato ideológico más poderoso

network-rosaPor el riesgo de conspiración en los despachos de TVE, a punto de vacaciones la cadena pública estrena una serie de humor blanco: Sabuesos (martes a las 22.30). La produce Plano a Plano y adopta una fórmula muy socorrida, de éxito casi asegurado. El primer capítulo lo siguieron más de dos millones de telespectadores, incluso sus comentarios en las redes sociales fueron elogiosos. Por el contrario, lo más criticado y no sin razón, es el forzado acento del protagonista y la extremada simpleza de las situaciones.

Más allá de algunas otras consideraciones, el producto resulta digno y entretenido. El relato avanza apoyándose en los tics de las series producidas por estos pagos. De todos modos, lo que más me interesa resaltar aquí es el subtexto: otra vez y aunque sea en clave de humor, nos topamos con los cuerpos y fuerzas de seguridad tratando de proteger nuestras vidas y, de paso, también las propiedades. Se fue Olmos y Robles, emiten Servir y proteger, Hermanos y detectives y ahora llega Sabuesos. Por no mencionar la larga lista de ficción policial que campa por las cadenas privadas.

Vivimos ciertamente unos tiempos muy convulsos en todos los órdenes de nuestras vidas, tanto en lo privado como en lo colectivo. Y lo que da la impresión es que ante la falta de otras medidas más razonables, tratan de controlarnos valiéndose de la videovigilancia, del big data y de una narrativa televisiva orientada a inflamar nuestro «superyó».

Si mi memoria no falla, para el psicoanálisis esta es la instancia que castra la subjetividad sin dejar rastro. En otras palabras: es el padre represor. Ante la pequeña pantalla cada individuo interioriza las normas con las que juzgar lo que está bien y lo que es punible. Ante la pérdida de credibilidad de los marcos normativos, que cada cual decida lo que se puede hacer y lo que no.

Es un alivio, al menos provisional, comprobar que ya no hay «viernes negros» en RTVE. Los sabuesos se van y Rosa María Mateo asume el marrón de administrar la casa de los horrores (en sentido figurado). Si le dejan hacer algo, por poco que sea, seguro que lo notaremos en la programación y en los contenidos. El nivel de manipulación y despropósito es de tal magnitud que no le costará demasiado enderezar un poco el rumbo de la radiotelevisión pública. Máxime si va a contar con la colaboración de profesionales como Olga Viza, Franc Rivera y otros de talla parecida.

Los mayores problemas, sin duda, le van a surgir de los despachos, dadas las altas expectativas que los políticos se generan ante el medio televisivo. No en vano estamos —según la vieja terminología— ante uno de los aparatos ideológicos más poderosos de los estados modernos. De ahí que quienes circundan las esferas del poder, se lo disputen hasta el absurdo, tal como pudimos comprobar estas semanas con el filibusterismo parlamentario en la elección de Rosa María Mateo como administradora provisional del Ente.

Es fácil advertir que el nuevo equipo no lo va a tener nada fácil. Quien sustituye al «dueño del sentido común», ahora ejerciendo de registrador en una ciudad costera, es el «hombre máster». Político cuya marca informativa va a seguir saltando de los juzgados a los telediarios. Al igual que sucede con otros correligionarios suyos, enfangados en la corrupción de ayer y de hoy. Ante una situación tan comprometida, ¿cómo y quién va a embridar los flujos televisivos?

Tras la ascensión a la gloria del poder, Pablo el joven no parece muy dispuesto a parar e incluso desterrar a los ultramontanos que le susurran al oído cosas atroces sobre la RTVE de Zapatero y el resto de asuntos públicos. De momento nos habla de una imagen en la que «millones» de africanas y africanos avanzan hacia este suelo patrio. Para estas mentes tan recortadas, el barco italiano Aquarius, atracado en el puerto de Valencia con más de seiscientos desahuciados, es el responsable tanto de la «hispanofilia» como de la fotografía de Pedro Sánchez en el desembarco.

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Uno de estos días, en el canal TCM, se pasó la película Quiz Show (El dilema, 1994), de Robert Redford (recientemente jubilado a petición propia). Sin ser nada del otro mundo, la película daba algunas claves para repensar lo que sucede en el entorno del medio televisivo, de entonces y de ahora. Me resultó un tanto descorazonador cuando hacia el final de la peli una voz en off sentencia lapidariamente: no somos delincuentes ni estafadores, simplemente gente del espectáculo. La cita no es textual, pero sí recoge lo fundamental, ya se refiera a los concursos con premios millonarios, a las series de ficción o a los informativos. Por cierto, ¿la habrán visto los políticos corruptos?

Es muy preocupante, casi tanto como el cambio climático, que sabuesos como Putin, Trump o los jovencitos del PP, lancen constantes dentelladas contra los medios de comunicación. Mientras la derecha ultramontana tiene claros sus objetivos, el resto no parece andar tan lúcido. Un ejemplo: los sabuesos de las tertulias encontraron campo abonado para sus prácticas discursivas en el viaje de Pedro Sánchez a un festival veraniego.

Ciertamente son admisibles algunas de las críticas formuladas a esta excursión presidencial, pero es sonrojante el silencio generalizado ante las «hazañas» de la industria del ocio. Se ha criticado muchísimo lo del avión —cuestión de dinero— pero nadie ha dicho nada sobre el hacinamiento, el sexismo, el clasismo e incluso el exhibicionismo consumista de quienes acuden a estos eventos musicales. Observen con atención las imágenes y comentarios que nos ofrecen en los telediarios sobre estas macroconvocatorias festivaleras. ¿Será ese el modelo de sociedad que se les propone a nuestros hijos e hijas?

A cuento de estos silencios y aquellos sabuesos, me viene a la cabeza una observación reciente de Caballero Bonald (entrevista en El País, 28/7/2018). En un momento de la misma dice que la ficción no debe limitarse a hacer crónica periodística, más o menos rigurosa, sino que ha de ser «el arte de crear una nueva realidad, de interpretar estéticamente el mundo, no de copiarlo». ¿Lo habrán leído los responsables de Sabuesos o Policías en acción?

Con la mirada puesta en nuestras televisiones, nos preguntamos: ¿qué será más ficción, lo que se cuece en los despachos del negocio audiovisual —en caso de duda preguntar al grupo municipal del PP de León— o las historias que nos cuentan en la pequeña pantalla? Se lo dejo a su criterio y, mientras resuelven el dilema, no descuiden el disfrute estival.

¡Feliz verano!

Escribe Ángel San Martín

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