Los lobos

  19 Julio 2019

Los concursos en televisión

saber-y-ganarEn medio de la canícula estival y política, la televisión nos despertó de la siesta a golpe de millones de euros. Un grupo de intrépidos concursantes había ganado el mayor premio de la «historia» de la tele; según afirma la propia tele. Es cierto que a comienzo de año un concursante de Pasapalabra (Tele 5), se llevó un millón de euros. Algo más de lo que finalmente les quedará a cada uno de los componentes de Los lobos, ganadores de ¡Boom! (Antena 3), descontados los requerimientos fiscales. Pero en el espectáculo del saber, al margen de los millones, el referente no es otro que Saber y ganar (La 2), presentado por Jordi Hurtado desde hace más de 20 años.

La referencia a este programa no es gratuita. A principios de julio, un concursante, ante el comentario del presentador por el error en la respuesta, comentó algo así como que «el saber no está mal, lo que importa es lo de ganar». Observación que, por supuesto, me suscita numerosas cuestiones.

La primera y en relación con los grandes premios conseguidos en los programas citados, es que la narrativa construida por la televisión gira en torno al dinero obtenido y sus vicisitudes fiscales, adquisitivas, etc. Mientras que el saber de los premiados queda en un segundo plano, como si no sirviera para producir relatos televisivamente atractivos. ¿Será esto parte de la pos verdad? 

Es posible que así sea, no lo dudo. Pero también hemos de reconocer que hay otros programas con los que sí se contribuye a crear relatos científicos sobre asuntos y preocupaciones sociales. Con mayor o menor fortuna cabe destacar la aportación de programas como Órbita laica, Cazador de cerebros, Cámara abierta 2.0, Zoom-net, entre algunos más. Sí, sí, la mayoría de ellos promovidos por la televisión pública, porque velar por los saberes de la población es tarea de los poderes públicos.

Pasó hace unos meses con Fran González en Pasapalabra, y vuelve a repetirse ahora. El citado concursante completó el rosco en diferido, pues a través de las redes se había anticipado que eso sucedería en el programa siguiente. En el caso de Los lobos, sucede lo mismo, no solo se anticipa su éxito, sino que además la cadena de televisión traslada el programa a una franja de máxima audiencia. Pese al spoiler sobre la resolución del concurso, en ambos casos batieron records de audiencia. Conocer de antemano el desenlace no parece, al menos en estos casos, que disuada al respetable de asomarse a la pequeña pantalla para comprobar si se confirma o no lo anunciado.

Todos sabemos que estos programas son pregrabados, a veces con varias semanas de antelación. Sin embargo, esto no justifica el que se traicione de esa manera uno de los condicionantes del relato: mantener la tensión dramática y la incertidumbre sobre el desenlace de los conflictos de la historia. En esta ocasión las cadenas no han tenido ningún problema en desvelar el desenlace.

Aun así concitaron a casi un tercio de la audiencia —en Pasapalabra se quedó un poco más abajo— ante el programa que proclama a los agraciados con una suculenta suma de dinero. Lo que en principio podría interpretarse como una falta de respecto a la audiencia, se convierte en éxito de gestión de las respectivas cadenas.

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La serialización de estos concursos, entre los muchos que pueblan las programaciones de las distintas cadenas de televisión, nos lleva a otra consideración. Para mantener en primera plana el concurso, las cadenas pasean por sus platós a los protagonistas de la historia. Atresmedia ha llevado a los ganadores de ¡Boom! por muchos de los programas de Antena 3, de La Sexta y demás medios afines de prensa y radio. No es que aporten grandes luces sobre los entresijos del programa, no suelen ir más de reiterar la «experiencia de ganar» y alguna que otra anécdota surgida en medio de las muchas horas de grabación.

Sin embargo, a través de estos paseos por los distintos medios, nos enteramos que muchos de estos concursantes son «profesionales» del género televisivo. Van de programa en programa y con los dineros que recaudan preparan el siguiente concurso, incluso abandonando su puesto de trabajo. Y para ser profesional, hay que estar formado. Motivo por el cual, algunos de los agraciados tiempo atrás, aprovecharon el tirón televisivo para montar una academia de preparación de concursantes. No solo han de aprender palabras o expresiones propias de la cultura de concurso, también deben saber cómo comportarse ante las cámaras de televisión o cómo gestionar su propia red de fans y seguidores.

No me cabe la menor duda que programas como el protagonizado por Los lobos, contribuyen a fomentar un tipo de saber. Sin duda un saber fragmentado, dicotómico y orientado a ganar concursos y no tanto a comprender el mundo. Ni siquiera el que habitan los concursantes que reciben miles de euros si el azar les sonríe. Dudo que con el saber promocionado desde tales concursos se pueda entender la historia y las circunstancias de personas que tanto hicieron por la televisión como Chicho Ibáñez Serrador, Lolo Rico o Eduard Punset. Fallecidos recientemente y a los que las distintas televisiones han dedicado un esfuerzo importante para glosar sus vidas profesionales.

De todos modos, les han dedicado menos tiempo del que proporcionalmente les corresponde en función de su aportación —no exenta de puntos críticos— a la cultura televisiva y narrativa de este país. Un esfuerzo que, sin embargo, es mucho más cicatero que cuando el referente son los deportes o la farándula y sus protagonistas.

Hace no demasiado tiempo falleció en accidente de tráfico un futbolista, a cuya figura humana y deportiva le dedicaron abundantes y prolongadas referencias incluso en los telediarios. Tratamiento televisivo casi tan impropio como el que les dedican a las alteraciones del orden en los informativos de todas las cadenas. Si luego alguien se atreve a salir a la calle, que no diga que no estaba advertido. Con mayor motivo si, además, como debe, es incondicional de las series en streaming.

Ahora bien, si Los lobos nos han despertado de la siesta con su éxito, ¿los políticos nos sorprenderán hablando unos con otros por teléfono? Si no lo hacen, entonces tendremos que mandarlos a que aprendan modales en la academia de La otra mirada (La 1). Y mientras esperamos acontecimientos, ¡que disfruten del verano o… de lo que sea!

Escribe Ángel San Martín

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