Los contenedores

  25 Noviembre 2019

Contenedores, cenizas y votos

contenedores-2No recuerdo bien cuándo ni dónde escuché eso de arden los «inocentes contenedores». Con tanto acontecimiento «histórico» he zapeado de un canal a otro buscando información sin el «síndrome Ferreras». Sí recuerdo que fue en una de las retransmisiones de las manifestaciones por las calles de Barcelona. El adjetivo me sacudió el tímpano y me hizo pensar si los contenedores podían ser o no inocentes. La sucesión de las imágenes de televisión ofrecían planos cortos de siluetas humanas azuzando las llamas de los contenedores echando sobre ellos líquidos inflamables.

Y mientras los directos mostraban cajones de basura ardiendo, ya fueran de Chile, Hong Kong, Barcelona, París, Ecuador, Teherán, Siria, Palestina o Bolivia, no dejaba de pensar que los contenedores pueden ser cualquier cosa menos inocentes. Son testigos y cómplices de todo cuanto sucede en las calles que los acogen. ¿Se imaginan cuántas confidencias y traiciones, materiales o simbólicas, habrán sido depositadas en estos dispositivos de plástico? Todos los secretos que alojan desaparecerán cuando las llamas los transformen en cenizas.

Sean o no inocentes, me pareció que este mueble urbano de pronto se estaba convirtiendo en metáfoca del convulso tiempo que nos toca vivir. Es más, las crónicas televisivas los han convertido en protagonistas de una tragedia, en el sentido clásico. Pues en la representación que contemplamos en la pequeña pantalla, se inmolan con el propósito de liberar a los antagonistas que permanecen presos en el escenario de lo terrenal.

Tal es el protagonismo de estos artefactos que, sin ir más lejos, en la recogida del Ondas por Salvados, Jordi Évole mencionó a los contenedores, como hicieron las candidatas y candidatos en los múltiples debates televisivos. Por cierto, estos programas estuvieron trufados de expertos en demoscopia, una infografía espectacular —impresionante la de TV3— y además trascurrían en un escenario de videojuego. ¿Lo trágico no será que las televisiones nos vienen a decir que las urnas se han convertido en otra suerte de contenedor pero ya sin secretos, ni siquiera el de voto?

Me llamó la atención que cuando el helicóptero volaba por la sierra de Madrid con el cofre de huesos, ninguno de los cientos de comentaristas televisivos hiciera alusión al cargamento de la aeronave como «contenedor». Es difícil justificar la cantidad de horas que le dedicaron las televisiones a este acontecimiento, sin distinción de línea editorial de las cadenas, todas se fueron a la carroña. Pero este adjetivo no desautoriza el no haber utilizado el término contenedor para nombrar lo que trasladaba la aeronave aquel día. Y si no lo hicieron es porque algo no funciona en el contenedor mental de quienes diseñan la programación de las cadenas de TV.

Al menos esto es lo primero que me viene a la cabeza cuando se observa el seguimiento que han hecho las distintas cadenas de televisión de la campaña electoral. Sabiendo la audiencia que tienen, ¿en qué medida los contenidos vertidos no han sido condicionantes de los resultados finales? El filósofo Alba Rico decía en una columna de opinión que en estos momentos prevalecía el ministerio sobre el magisterio al que ya casi nadie escucha.

La comunicación hoy apela más a lo primario que a la razón pensante y reflexiva cuando se trata de rumiar las informaciones y argumentaciones que nos llegan de las distintas fuentes. La visualización de este fenómeno, a mi entender, se materializó en la entrevista al líder ultraconservador en El hormiguero (Antena 3). Lo desconcertante es que este modelo narrativo se reprodujo en los debates electorales, ya fueran promovidos por la televisión pública, La Sexta o la Academia de RTV.

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No obstante, si se ha de hacer una salvedad es el debate con cinco candidatas que organizó La Sexta y moderó la siempre intensa Ana Pastor. El debate fue más ágil y esclarecedor que aquellos otros que protagonizaron los hombres. En el último, hasta Ana Blanco tuvo que poner verbo a lo que todos estábamos viendo: ninguna mujer tras los atriles, todos eran hombres.

Pese a las pequeñas diferencias, el patrón seguido en estos eventos televisivos era bastante parecido: todos arreándose candela entre ellos y el o la de Vox haciendo su camino: colocar de forma clara sus mensajes, simples y directos. Además procuraban no enredarse con ninguno de los candidatos o candidatas, muchas veces ni siquiera se molestaban en contestar a las acusaciones. No parecían estar interesados en cruzar acusaciones ni ensombrecer su discurso con los comentarios de los demás candidatos. De esta manera los mensajes del partido ultraconservador, salían directos y nítidos a los oídos de la audiencia. Tanto es así que ahí están los resultados finales del 10N.

De algún modo podría decirse que la vencedora de las recientes campañas electorales ha sido el gran contenedor de la TV. Salvo algunos matices, los candidatos y candidatas fueron rodando de plató en plató, sin reparar demasiado en la línea editorial de cada cadena. De hecho, el partido ultramontano prohibió entrar a sus actos a periodistas de algunos medios de comunicación, lo que se saldó con declaraciones de rechazo más o menos duro por parte de las candidatas y candidatos. Pero nadie pasó a la acción ni dejó de participar en los canales que jaleaban a ese partido indecente. Con lo cual, como decía un analista político, han contribuido a «blanquear» el ideario político del partido de los 52 y, de paso, otro desplante a la libertad de expresión.

Pese a las circunstancias, el recurso al espectáculo es ilimitado. Los recientes premios Ondas y en particular los Iris, se vuelcan con los informativos y especialmente con los de TVE, incluido el innovador La 2 Noticias. Tal es el papel de la TV que hasta el abrazo de los dos líderes nos los presentaron como un secreto desvelado. Incluso el acceso a la presidencia del gobierno boliviano de un funesto, otro más, personaje salido de la televisión se nos muestra como milagro (Santa Clara es la patrona de la tele y se celebró el 21 de noviembre).

¿Ejercerá ahora la TV de parlamento en vez de simple contenedor?

Escribe Ángel San Martín

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