Epidemia de ofendidos

  20 Abril 2017

Vuelve la censura

arbol-de-deseosLa semana pasada se despidió, por vacaciones, la troupé de El intermedio (La Sexta). Se van, como ya viene siendo habitual y para regocijo de sus fieles, con un homenaje irreverente a la semana santa. Sacaron en silenciosa procesión a quienes en los últimos meses hicieron méritos ante los tribunales de justicia para ser “procesionados” de esa guisa. Se ironiza sin contemplaciones sobre unos personajes que han vivido por encima de sus posibilidades metiendo la mano en la caja. La parodia, en efecto, es efectista y muy crítica con los reales personajes. Ahora bien, además de divertida esta crítica ¿puede resultar ofensiva para los defensores de la semana santa?

Buena parte de este último programa, Wyoming y Dani Mateo se dedicaron a hacer pública su consternación, pues la Audiencia Provincial de Madrid admitió a trámite una demanda contra ellos por hacer una broma sobre la cruz del Valle de los Caídos. Pero es que pocos días antes habían estado haciendo lo propio contra una sentencia que establecía una pena muy dura a la tuitera que hizo chistes a propósito de Carrero Blanco. Unas semanas antes se enjuició a un cantante y hace unos meses a unos titiriteros. ¿Hasta dónde pensarán llegar con tanto celo censor?

La tendencia, desde luego, es muy preocupante. Entre otras razones porque no está pasando únicamente por estos pagos. Sólo que aquí tenemos a un partido que concentra sobre sí mismo todas las esencias ultras, también la de la censura. Es difícil entender que los líderes del partido en el gobierno disculpen a quienes los tribunales “investigan” —caso del expresidente de Murcia— y luego descarguen toda su rabia sobre quienes retuitean chistes, a veces con poca gracia.

Con este panorama frente a nosotros, cómo no nos vamos a ofender e incluso indignarnos ante la pequeña pantalla. Por ejemplo la semana pasada viendo al Sr. Aznar gesticular y hablar sobreactuando hasta el ridículo. A todo esto sin que el maestro de ceremonias, Bertín Osborne, le pusiera un correctivo dialéctico en su programa Mi casa es la tuya (Tele 5). No hay manera de resultar más insolente y pegado a su prepotencia hasta reescribir la historia. Con razón en Pòlonia (TV3) parodiaron dicho programa, además con bastante mejor suerte de público —entiéndase de redes— y crítica que el original.

De todos modos al programa de Bertín ya le ha salido un competidor, pues Antena 3 acaba de poner en marcha los martes por la noche el programa El árbol de tu vida. Con el formato de sentar en un sillón a un famoso o famosa, para hablar de su vida, a Toñi Moreno se le nota demasiado que quiere destacar, casi tanto como el protagonista. Eso sí, a cada cual lo suyo, el aporte documental que hace de los personajes es digno de destacar, sobre todo si lo comparamos con la intrascendencia de Bertín o la petulancia de Risto Mejide. Pero la cosa no irá mucho más lejos, ya que la presentadora acaba de fichar por Tele 5 para sustituir a la Campos. Supongo que estos ejecutivos que traen y llevan a las presentadoras, no se les ocurrirá ponerle al nuevo programa un título como El árbol caído.

En este caso el cambio es de empresa, pero en La Sexta hemos podido comprobar estas semanas una mutación, cuanto menos sorprendente. El domingo por la noche en vez del Salvados de Jordi Évole, ahora tenemos a Cristina Pardo oficiando la actualidad en Malas compañías. Es un programa que lleva el mismo sello de la productora de Salvados, extremo que se nota en demasía. Se nota en el tono de realizar las entrevistas, en la estética de los escenarios e incluso en la planificación.

osborne-y-aznar

Las dos novedades, además de la incisiva presentadora, es la dramatización de las conversaciones que antes se leían en off y, especialmente, el que los personajes entrevistados son el alter ego de quienes nos muestran los telediarios declarando ante los tribunales. Personajes que si bien nos suenan sus nombres, no hemos podido ponerles cara. Este programa, pese a que no añade mucho más informativamente, sí contribuye a la visualización de las tramas secundarias de la corrupción.

Pero estos trasiegos no deben despistarnos de lo que realmente está sucediendo con la libertad de expresión y el mal de los ofendidos. Desde luego, creo haber sido víctima de este mal al escuchar al Sr. Ministro del Interior, aparte de algún otro miembro de su partido, haciendo valoraciones sobre la entrega, por parte de la organización terrorista ETA, de la geolocalización de sus zulos. Es muy llamativo que un hecho tan largamente esperado, haya tenido tan poca presencia en los medios. Sin duda, no lo han jaleado tanto como se hacía con los disparates que los del PP soltaban contra cualquiera que no comulgara con su política antiterrorista. La doble moral que sistemáticamente aplican los líderes de este partido, ¿no resulta también ofensiva para las gentes de bien? Luego tendríamos que ir a demandarlos.

Según Javier Sardá o Elisa Beni el “darse por ofendido” es otro ejemplo claro de doble moral. Por lo tanto, no debe formar parte de ningún código penal ni mucho menos ser motivo suficiente par admitir a trámite una denuncia que recorte la libertad de expresión. La tribuna desde la que hablan estos tertulianos, La sexta noche, es buen ejemplo del encuentro gritón de ofendidos y ofensores, que de todo hay. Pues tanto pueden ofender juicios de valor ante determinadas situaciones como los insultos personales. Mención especial se merece la banalización de los muertos que muestran machaconamente los telediarios sin denunciar las causas.

Instalados en la post verdad no es tiempo propicio para la libertad de expresión. Sin necesidad de ponerse exquisitos, estoy a punto de considerarme ofendido, por ejemplo, con ese programa de TVE-1 titulado El árbol de los deseos presentado por un ex deportista. En él pudimos ver y escuchar, la semana pasada, a una serie de niños y niñas de un colegio del Opus Dei soltar sus lindezas. Al margen de las convicciones religiosas de cada cual, ¿no reincide TVE con lo de hacernos comulgar con la inmensa cruz de aquel valle?

Escribe Ángel San Martín

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