Fervorín y Machirulo

  21 Marzo 2017

De Hora punta a A... y punto

hora-puntaA menudo se dice que la exuberante visualidad es lo que convierte a la televisión en un espectáculo hipnótico. La sucesión de imágenes y el modo en el que fluyen, cautiva la atención de fieles e infieles. Pero ahora, en plena era de lo “post”, incluso la tele es ya post, el énfasis lo ponen en agrandar la distancia entre las palabras y los hechos, entre la intención y el efecto de discurso. En muchas ocasiones la televisión construye relatos a partir de palabras y expresiones con las que, en vez de clarificar, nubla un poco más el horizonte. 

Es muy difícil, o tal vez imposible, encontrar una imagen que exprese la noción de “machirulo”, pronunciada por Irene Montero, dirigente de Podemos. El vocablo fue utilizado por la diputada en un rifirrafe parlamentario. Tampoco tiene ilustración posible la palabra “fervorín”, ahora proferida por el portavoz del PP, Sr. Hernando, de inefable facundia en las ruedas de prensa. Qué valor puede tener la palabra “justicia” si, tras una sentencia condenatoria por corrupción, unos van a la cárcel y otros no. Y de éstos se dice, además, que son “gente de ley” por lo que sería injusto encarcelarlos. ¿Quién puede entender esto?

La palabra machirulo se ilustra con la imagen de una diputada interpelando y censurando a un diputado conservador que la mira con desprecio. Porque esto es lo que sienten hacia los demás, máxime si no defienden sus privilegios de clase y de género.

El vocablo fervorín se pronunció en rueda de prensa, con el propósito de descalificar a los demás parlamentarios. Sólo se pedía el seguir investigando las responsabilidades por el escándalo de Bankia.

Más visual es el término “atornillado” a la silla que el Sr. Rivera le dedicó al presidente de Murcia. Mientras que en TVE se las gastan de otro modo: retiran de la web las imágenes del drag queen ganador del carnaval canario para no ofender a los obispos. Los mismos que quieren fichar a Pablo Iglesias como sacristán en las misas que televisan los domingos.

Se trata de palabras altisonantes que luego tienen un intenso recorrido en las redes y demás programas de la postelevisión. Pero no todas disfrutan la misma suerte. Fervorín ha sido analizada desde la perspectiva de encubrir y paralizar a la oposición, por pretender saber lo que el PP quiere tapar. Mientras que la de machirulo ha ido de tertulia en tertulia pero fundamentalmente para descalificar a quien la pronunció. Disputa de la que sale indemne el diputado que la provoca y, sobre todo, los estereotipos de género que inspiraron su comportamiento. Estereotipos que durante el mes de marzo, tantos dicen no compartir.

La confusión entre la palabra y lo que se pretende decir, pasa también con algunos programas, sobre todo cuando les falta chispa. Donde éstas saltan es en TVE a propósito, entre otros, del programa, en hora punta, de Javier Cárdenas (Hora punta, La-1). Primero fue Andreu Buenafuente haciendo chirigotas con el estilo y contenidos presentados por Cárdenas. Broma que el presentador de TVE no aceptó de buen grado. Pero es que la oficina de defensa del telespectador del ente público se está llenando de quejas contra este programa. Según dice su responsable, a la audiencia no le gustan ni los contenidos que aparecen diariamente ni el horario de emisión.

Sin embargo, para este ejecutivo, el problema lo tienen los telespectadores. Por lo visto no han entendido que el prime time en TVE empieza a las once de la noche. Tal vez piensen estos responsables que como al día siguiente nadie trabaja, se puede prorrogar la velada televisiva bastante más allá de medianoche. Hasta entonces y tras el informativo que tampoco para de recibir críticas, se emite un programa como Hora punta, de variedades e insulso porque no hace más que chascarrillo sobre la actualidad. ¿Y con un programa así pensaban los programadores hacerle sombra a El Intermedio de Wyoming en La Sexta?

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Pero cómo se puede tener una idea tan llena de prejuicios de las capacidades de las audiencias. Confusión que no es exclusiva de los responsables de TVE, pues las demás cadenas no van sobradas de gestos respetuosos con sus telespectadores. Como ya hemos dicho, los informativos de la cadena pública, pero también de las cadenas privadas, escatiman bastante la equidistancia y el respeto a la veracidad. Todos parecen estar convencidos del triunfo de la “postverdad”.

Desde luego que estamos en medio de malos tiempos para la libre circulación de la información. Ahí está el ejemplar Trump que convierte en verosímil cualquier distopía. No sólo no piensa acudir a la cena de corresponsales en la Casa Blanca, sino que además deniega la entrada a sus ruedas de prensa a los medios que no le halagan e incluso difunde un bulo a propósito de un inexistente atentado en Suecia. Pero es que ni el Congreso y ni la Casa Blanca parecen satisfacer sus exigencias, pues prefiere desahogarse en las redes sociales, particularmente en Twitter. ¿Hay mayor desprecio a las instituciones democráticas?

Pese a que las televisiones van como van, parecen seguir siendo una fuente de poder. De hecho, aquí ya tenemos la cabeza visible de la “nueva” televisión valenciana. Según decisión del Consell Rector de la Corporació Valenciana de Mitjans de Comnicació, la encargada de refundar la televisión será Empar Marco, filóloga y antigua trabajadora de RTVV. Como directora ya ha avanzado el nombre del ente televisivo en gestación. Se llamará À., con el permiso de la derecha a la que no le gusta demasiado la lectura fonética de la marca. Tal como se cuenta en los mentideros, el acto creativo proviene de la agencia publicitaria de Risto Mejide, que no debe saber mucho de filología.

El controvertido presentador anda por ahí cargado con su tresillo de cadena en cadena. Ahora acaba de despedir la temporada de Chester in love en la Cuatro. Es un tipo tan suyo, que ni siquiera cuando tuvo sentado, hace unas semanas, a Javier Mariscal en el sofá, logró sacarle algo que mereciera la pena. Y es que alguien con la violencia estética y verbal con las que trata a sus invitados, es difícil pensar que vaya a crear algo que suscite consenso y armonía.

Tal vez por ello, la reacción a su propuesta no ha podido ser más inmediata. Desde luego que es muy osado no ponerle de nombre a un neonato ni siquiera una palabra. Sólo una letra, eso sí, la primera del alfabeto, que ya es ser pretencioso. Aunque es posible que la letra sea un homenaje a The A-Team (NBC), teleserie emitida por TVE en los ochenta como El equipo A. Se trataba de cuatro justicieros, excombatientes del Vietnam, que buscaban camorra para recuperar su lugar en el mundo. ¿Habrá alguna relación entre la vocal que da nombre al futuro ente televisivo valenciano y la teleserie de antaño?

Escribe Ángel San Martín

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