Álex de la Iglesia

  09 Agosto 2018

Una trayectoria notable en el cine español

alex-iglesia-1Con el transcurso de los años las películas de Álex de Iglesia (Bilbao, 1965) han ido configurando un corpus cinematográfico reconocible y original, con un ritmo de rodajes llamativo para estos tiempos. Esto último, posiblemente sea un factor que aporta un componente de irregularidad en sus trabajos, con algunas propuestas fallidas, a pesar de lo cual cabe señalar al director vasco como el autor más interesante en el cine español de los últimos años.

Su ya considerable filmografía, que se inició con el cortometraje Mirindas asesinas (1991) con el que se dio a conocer, está compuesta por 16 largometrajes, y se extiende desde su ópera prima Acción mutante (estrenada en 1993), hasta su último trabajo hasta ahora, Perfectos desconocidos, estrenado a finales de 2017. En esa amplia filmografía cabe señalar éxitos indiscutibles de público y crítica como El día de la Bestia (1995), La comunidad (2000), Crimen ferpecto (2004) y la ya citada Perfectos desconocidos (2017).

Se trata de un director multipremiado en su trayectoria, que destaca en facetas como su capacidad para la puesta en escena, la intensidad y el ritmo con los que dota sus historias y el sentido del humor, habitualmente presente, que hacen que su cine sea característico y fácilmente reconocible. A esto debe añadirse su solvencia en el apartado técnico, mostrando en sus películas una excelente capacidad de planificación y montaje, lo que se resume en que sus trabajos responden a una manera muy personal de entender el cine.

En todas sus películas sin excepción encontramos escenas muy bien rodadas o aciertos parciales como ocurre en Perdita Durango (1997) o Los crímenes de Oxford (2008), ambas rodadas en inglés. Sin duda también cabe calificar al director vasco como excesivo, con una cierta tendencia al histrionismo, ya que podemos hablar de que en algunas de sus películas se “pasa de rosca”, en buena medida cuando encuentra dificultades para cerrar algunas de sus historias, lo que ocurre en títulos como Balada triste de trompeta (2010), Las brujas de Zugarramurdi (2013) o Mi gran noche (2015).

Álex de la Iglesia es habitualmente el autor de los guiones que rueda, siempre en colaboración con Jorge Guerricaechevarría; ambos suelen caracterizarse por proponer historias impactantes, situadas en mundos tan diversos y contrapuestos como las colonias espaciales (Acción mutante), rituales satánicos vinculados al fin del milenio (El día de la Bestia), el mundo de la televisión (Muertos de risa, 1999), el spaghetti western (800 balas, 2002), o el mundo de la brujería (Las brujas de Zugarramurdi). De hecho, cabe hablar de que Alex de la Iglesia ha ido explorando diferentes géneros cinematográficos, aportando su particular visión sobre ellos y aplicándoles un sentido del humor que le es muy característico.

Desde mi particular valoración de su filmografía, El día de la Bestia, su segundo largometraje, sigue siendo su mejor película, donde se luce rodando la enloquecida peripecia de un sacerdote que busca al Anticristo que nacerá en algún lugar de Madrid el día de Navidad, para cuyo propósito es ayudado por un grupo de personajes estrafalarios. El resultado es una brillante comedia de terror.

En una línea similar de acierto podemos señalar La comunidad, donde destaca, además de un excelente guion, el trabajo de un brillante grupo de actrices y actores, que es otra particularidad de este director, la gran labor de casting en sus películas. En mi personal valoración señalaría también, Crimen ferpecto, una alocada comedia muy negra sobre la ambición humana en clave costumbrista, y una visión distópica de la pareja. Por último, también citaría el telefilme La habitación del niño (2006), rodada para la serie Películas para no dormir.

En conjunto, las historias rodadas por Álex de la Iglesia, pueden considerarse comedias, que incorporan habitualmente elementos de corte costumbrista, en las que se añaden rasgos del autóctono esperpento español, con diálogos brillantes y puestas en escena bien elaboradas, con aspectos técnicos sobresalientes como el sonido directo, el montaje, la música, habitualmente a cargo de Roque Baños, y la dirección de actores.

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Su última película hasta ahora supone una novedad en su trayectoria ya que se trata de un remake de una película italiana Perfetti sconosciuti (2016) de Paolo Genovese. De hecho, es una película de encargo propuesta por Telecinco que Álex de la Iglesia acepta rodar.

Perfectos desconocidos (2017) supone un cambio de registro en su filmografía. Aquí afronta el rodaje de un guion complejo, en el que siete personajes interactúan en una habitación, durante una cena de amigos. La historia cambia el tono dramático del original, incorporando una serie de novedades, con el apoyo de su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría. Ambos adaptan los personajes y diálogos a un costumbrismo ibérico muy reconocible para nosotros, proponiendo una estupenda comedia negra, cínica, divertida y menos melodramática que la original.

El desarrollo se apoya en una compleja puesta en escena, pero muy bien resuelta, donde el director va plasmando las reacciones de todos los personajes, a cada una de las intervenciones de los siete comensales. La historia está muy bien sustentada en el trabajo del grupo de intérpretes, ya que todos rayan a gran altura. Belén Rueda y Eduard Fernández como matrimonio anfitrión, organizador de la cena en su domicilio, están muy convincentes; Ernesto Alterio y un impagable Pepón Nieto, están brillantes haciendo gala de su conocida vis cómica, una vez más.

La película plantea una situación a partir de un juego supuestamente pueril, como es compartir los móviles y, por tanto, las llamadas y mensajes que vayan entrando durante la cena. Cuestiones como la identidad, la autoestima, el derecho a la privacidad y la doble vida dan mucho juego para que Álex de la Iglesia desarrolle una trama cargada de suspense y humor, tomando la idiosincrasia y la hipocresía típicamente españolas como diana, dejando al descubierto nuestros particulares modos de convivir y forzar las apariencias, lo que en el filme queda al descubierto por la influencia sobrenatural de la “luna de sangre”, aportando así un componente fantástico a la historia.

Sin duda uno de los mejores trabajos de Álex de la Iglesia.

Escribe Juan de Pablos Pons

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