Los hermanos Taviani, una cierta poesía

  10 Junio 2018

 

A propósito de la muerte de Vittorio Taviani

hermanos-taviani-5El pasado 15 de abril falleció en Roma Vittorio Taviani, a la edad de 88 años, junto con su hermano Paolo formaban un dúo de directores que ha desarrollado toda su obra cinematográfica de manera colaborativa.

Originarios de la Toscana, nacidos ambos en la pequeña localidad de San Miniato, cerca de Pisa (en 1929 Vittorio y 1931 Paolo), han realizado a lo largo de casi sesenta años un tipo de cine con unas características muy identificables. Habitualmente, historias con un claro componente social y reivindicativo, proponiendo la mirada de las clases más desfavorecidas, y en muchas ocasiones situadas en contextos rurales.

Muy influidos por algunos de los más importantes directores vinculados al neorrealismo italiano, de manera especial Roberto Rossellini, algo que ellos siempre han reconocido. Los conflictos de la clase obrera, desde la perspectiva marxista, de la lucha de clases, constituyen uno de los ejes principales de su obra, desarrollada a lo largo de su amplia carrera cinematográfica, con más de veinte títulos dirigidos.

En sus inicios fueron elaborando su estilo narrativo característico con títulos como Hay que quemar a un hombre (1962), codirigido con Valentino Orsini;  Allosanfán (1974) o El prado (1979). Películas cuyo elemento habitual es la denuncia social ante injusticias impuestas por patronos, la clase política o el modelo patriarcal, protagonizadas por el pueblo llano y con una visión comprometida políticamente.

Asumiendo la fórmula exitosa durante unos años en Italia de películas integradas por varias historias independientes, filmaron Kaos (1984) en la que se suceden cuatro episodios en Sicilia, durante el siglo XIX, y donde tiene presencia un acontecimiento mágico. Su forma de trabajar ha sido peculiar, ya que a partir de un guion elaborado siempre de manera conjunta, en los rodajes alternaban el papel de director, dejando una escena para cada uno, sin interferir en la dirección del otro.

Siendo el suyo un cine de corte realista, siempre estuvo impregnado de una cierta poesía y una visión humanista de la realidad. Algunos de sus títulos llegaron a tener un gran éxito de público y crítica. Cabe citar aquí Padre padrone (1977), La noche de San Lorenzo (1982) y Good Morning, Babilonia (1987).

Esta última fue la propuesta más comercial de su filmografía. Desarrolla la historia de dos hermanos de origen italiano que, tras triunfar en Hollywood construyendo decorados para el gran director del cine mudo D. W. Griffith, deben luchar en la Segunda Guerra Mundial en bandos opuestos. En las tres películas mencionadas actúa como intérprete principal Omero Antonutti, actor especialmente valorado por los hermanos Taviani y en cierta medida icono de su tipo de cine.

El Festival de Cannes les otorgó la Palma de Oro por Padre padrone (1977) y el Gran Premio del Jurado por La noche de San Lorenzo (1982); también recibieron el Oso de Oro en el Festival de Berlín por César debe morir (2012). Sus guiones también han buscado en ocasiones el referente de clásicos de la literatura, como es el caso del Julio César shakespeariano en el filme anteriormente mencionado, o de Maravilloso Bocaccio (2015), que se apoya en cinco historias originales de El Decamerón.

En la última edición del Festival de Cine de Sevilla, celebrada el pasado mes de noviembre,  a la que acudió Paolo Taviani, se les otorgó el Giraldillo de Honor, como homenaje a toda su trayectoria. En ese marco se estrenó la que ha sido su última película conjunta, Una questione privata (2017), todavía no estrenada comercialmente en España. Una obra que plasma con elegancia y sencillez  una historia que transcurre en el Piamonte durante la Segunda Guerra Mundial, en la que jóvenes partisanos y fascistas se matan entre sí. Esta trágica realidad sirve de fondo para una historia de amor entre tres jóvenes, que se entrecruza en ese paisaje de guerra, dotando al relato de humanidad y aportando un hilo de esperanza, ante un presente incierto.

Los hermanos Taviani han contribuido con su obra a engrandecer a un cine italiano que, junto a directores de su generación como Ettore Scola, Bernardo Bertolucci y Giuseppe Tornatore crearon una cinematografía reconocible y de calidad, con obras que ya forman parte del mejor cine europeo.

Todos ellos son brillantes continuadores de los cuatro grandes directores de la Edad Dorada del cine italiano: Roberto Rossellini, Federico Fellini, Vittorio de Sica y Luchino Visconti.

Escribe Juan de Pablos Pons

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