Luna nueva (22): La pornografía de los efectos especiales

  23 Junio 2014

La enorme influencia de Terminator 2

terminatorSin ninguna duda David Foster Wallace es uno de los grandes escritores norteamericanos contemporáneos. Ciertamente me fascina su ópera prima titulada La escoba del sistema, y la crítica especializada ha reconocido de manera unánime su novela La broma infinita, como una de las grandes novelas escritas en lengua inglesa.

De este escritor, que tomó la decisión de dejarnos en 2008, se ha publicado recientemente en castellano un libro recopilatorio en el que se recogen diferentes ensayos, inéditos hasta ahora en España, en el que se muestran temáticas y relatos que permiten conocer el interés de Foster Wallace por temáticas muy variadas como el tenis profesional —en concreto la rivalidad entre Federer y Nadal—, la escritura de Jorge Luis Borges o el universo cinematográfico. La obra recoge quince ensayos bajo el título En cuerpo y en lo otro (Mondadori, 2013).

Uno de los textos incluidos está dedicado al cine y lleva por título La (por así llamarla) enorme influencia de Terminator 2, escrito en 1998, el cual resulta especialmente interesante por sus análisis y valoraciones del filme de James Cameron, y también por su indudable actualidad. El autor toma como referencia inicial las películas de gran presupuesto, basadas en espectaculares efectos especiales y clara vocación comercial. Este tipo de filmes establece sus cánones de referencia en la década de los noventa del siglo pasado, con propuestas como Twister, Volcano, El mundo perdido o Parque Jurásico.

Para Foster Wallace las películas de gran presupuesto, basadas en un enorme despliegue de efectos especiales, producidas a lo largo de los años noventa, inauguran un nuevo género cinematográfico, al que denomina el porno de efectos especiales; y utiliza el término “porno” en el sentido de que los efectos especiales pretenden crear en los espectadores unas sensaciones intensas y primarias que vendrían a equivaler a las generadas por la contemplación de las relaciones sexuales explícitas.

Para desarrollar esta tesis el escritor norteamericano afirma que, de la misma manera que las peliculillas de porno duro, no pueden ser consideradas realmente como cine, filmes como Terminator 2 o Parque Jurásico, no son estrictamente películas, según los estándares narrativos convencionales. En ambas lo que encontramos es media docena de escenas tremendamente impactantes, que funcionan narrativamente de manera autónoma, y que suman no más de treinta minutos de gran satisfacción sensual y fascinante. El resto del metraje, entre sesenta y noventa minutos, funciona como material de relleno, resuelto con una mediocre capacidad narrativa, esquemática y simplona.

Terminator 2 se constituye por tanto, según el análisis de Foster Wallace, como el canon para este género cinematográfico, descaradamente comercial. Se dedicaron enormes inversiones económicas a financiar los efectos especiales encargados a Industrial Light and Magic, la empresa de George Lucas. El resultado fue que las imágenes digitales de Terminator 2, estrenada en 1991, fueron las más espectaculares, sofisticadas y realistas que nunca se habían visto, y naturalmente también las más caras.

Una inversión de estas características, exigía por parte de los productores asegurar un resultado comercial lo mejor posible, lo que también pasaba por contar en el reparto con una gran estrella, atractiva para el gran público, que garantizase un “taquillazo brutal2. La propuesta realizada a Arnold Schwarzenegger para que protagonizara el filme supuso otra decisión trascendente con incidencia en el guión, ya que el culturista de origen austríaco consideró que interpretar a más ciborgs malvados, como había ocurrido en The Terminator  —también dirigido por James Cameron seis años antes—, perjudicaba su imagen de héroe americano, por lo que planteó que solamente haría la película si el ciborg asumía el rol de héroe.

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Consecuentemente, el director y guionista James Cameron, tuvo que reformular la historia inicial, haciendo inviable una estructura narrativa plausible, teniendo que reprogramar al ciborg de exterminador —su rol en Terminator—, a protector, decisión narrativamente absurda pero impuesta por Schwarzenegger.

Por tanto, el filme, que como todos sabemos fue un enorme éxito comercial, sufrió en su guión inicial una deconstrucción posmoderna que dio lugar a una simplificación narrativa, digna de las películas de ciencia ficción de serie B. Precisamente una característica que se toma como referencia de las películas de serie B en este nuevo género, es el concepto de saga o franquicia que también se aplicará a las grandes producciones comerciales.

En consecuencia, la simpleza argumental que nos cuenta la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, en el rol de ciborg bueno únicamente se sostiene por las espectaculares escenas de efectos especiales, que los espectadores aguardan ansiosamente; de la misma manera que en una película porno, las ridículas tramas, sirven únicamente de enlace entre las escenas de sexo explícito.

Este análisis propuesto por David Foster Wallace resulta plenamente actual, ya que este modelo o canon, aplicado a las películas comerciales de gran presupuesto, sigue empleándose hoy, de manera que filmes como Parque Jurásico, Spider man, La momia, Iron man, John Carter o el propio Terminator y sus correspondientes sagas, vienen prolongando este formato pornográfico, que confirma taxativamente que una gran inversión económica no garantiza la consecución de una buena película, y no siempre un éxito arrollador de taquilla.

Escribe Juan de Pablos Pons

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