Luna nueva (19): El otoño del cine español

  04 Diciembre 2013

Viaje al cine español (1987-2013)

Viaje-cine-esp 27En este otoño sevillano tenemos la posibilidad de visitar en el Casino de la Exposición,  el que fuera Pabellón de la Ciudad de Sevilla durante la Exposición Iberoamericana de 1929, una muestra cinematográfica de interés.

Con el título Viaje al cine español (1987-2013), se propone una aproximación a las películas que han obtenido, en los últimos 27 años, el premio Goya en la categoría de mejor película. La muestra está organizada en 27 espacios dedicados a estas producciones, en los que se evoca mediante una recreación escenográfica diferentes sets de las películas premiadas. Incorpora también materiales originales de los rodajes como maquetas, guiones, trajes, forillos, bocetos de diseño de producción, elementos de atrezzo, carteles, fotografías, proyecciones de escenas, etc.

La muestra, comisariada por Asier Mensuro, incluye los siguientes títulos: El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez (1987); El bosque animado, de José Luis Cuerda (1988); Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Pedro Almodóvar (1989); El sueño del mono loco, de Fernando Trueba (1990); ¡Ay Carmela!, de Carlos Saura (1991); Amantes, de Vicente Aranda (1992); Belle époque, de Fernando Trueba (1993); Todos a la cárcel, de Luis García Berlanga (1994); Días contados, de Imanol Uribe (1995); Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, de Agustín Díaz Yanes (1996); Tesis, de Alejandro Amenábar (1997); La buena estrella, de Ricardo Franco (1998); La niña de tus ojos, de Fernando Trueba (1999); Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar (2000); El bola, de Achero Mañas (2001); Los otros, de Alejandro Amenábar (2002); Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa (2003); Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín (2004); Mar adentro, de Alejandro Amenábar (2005); La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet (2006); Volver, de Pedro Almodóvar (2007); La soledad, de Jaime Rosales (2008); Camino, de Javier Fesser (2009); Celda 211, de Daniel Monzón (2010); Pà negre, de Agustí Villaronga (2011); No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu (2012) y Blancanieves, de Pablo Berger (2013).

Su recorrido permite reconstruir una cierta historia del cine español, sumido ahora en una evidente crisis motivada por varios factores. Dentro del sector cultural, el cine español ha sido una industria tradicionalmente subvencionada por los presupuestos públicos. Estas ayudas han sido reducidas drásticamente por el actual gobierno conservador, decisión justificada por la profunda crisis financiera que atravesamos. Este mismo gobierno además ha decidido incrementar el gravamen impositivo a las actividades culturales (del 8% al 21%). Como contraste, Francia ha anunciado que a partir del próximo 1 de enero el impuesto en las entradas de cine se reducirá del 7% actual al 5%.

En consecuencia, el cine español ha sufrido una especie de desmantelamiento (bajada muy significativa del número de espectadores, azuzada por el incremento del precio de las entradas y el consecuente cierre de salas cinematográficas, caída en el número de rodajes, etc.).

Pero a este declive contribuyen otras causas de naturaleza distinta; el hecho de que la producción cinematográfica en España ahora esté, en buena medida, en manos de las televisiones, que imponen sus criterios comerciales, supone un lastre que imposibilita el desarrollo de proyectos de carácter creativo e innovador. Podríamos decir que la inteligencia está desapareciendo de las pantallas de cine. También ha contribuido a esta situación la generalización de las tecnologías digitales y su entrada masiva en los hogares, que está incidiendo en la modificación de los hábitos de consumo de los productos audiovisuales.

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Finalmente, hay que reconocer que los principales nombres de referencia del actual cine español están en crisis: Alejandro Amenábar dirigió su última película, Ágora, en el año 2009 y ahora realiza videoclips musicales. Julio Medem estrenó su última película, Habitación en Roma, en 2010. Pedro Almodóvar que disfruta de una merecida autonomía como productor, se ha estrellado con su última película, Los amantes pasajeros (2013), un producto con una factura más televisiva que cinematográfica.

El cine español registra en 2013 un descenso en el número de rodajes de casi el 29%,  lo que añadido a la bajada del 41% que experimentó en 2012, significa que se ruedan menos de la mitad de películas que se filmaban hace dos años, según datos de la Asociación Estatal de Cine.

En cuanto a la recaudación, en lo que va de este año, las películas españolas han sufrido un descenso de siete millones de euros respecto al año 2012 (un 20%) y 1,4 millones de espectadores menos que en el mismo periodo del año anterior, según datos de FAPAE (Federación de los Productores Audiovisuales).

Es cierto que el cine español continúa teniendo más éxito en el exterior que dentro del país y en 2012 la recaudación en los mercados internacionales fue un 36,8% superior que en las salas nacionales. Pero hay que resaltar que estos datos se vinculan fundamentalmente al filme Lo imposible, dirigido por Juan Antonio Bayona, apoyado por una producción internacional.

Ese carácter otoñal, melancólico, de la exposición mencionada al principio de este texto, cabe aplicarlo al momento por el que pasa el cine español.

La próxima celebración, también en Sevilla, de la X edición del Festival de Cine Europeo (entre el 8 y el 16 de noviembre), que ha organizado la exposición antes mencionada, junto con la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Acción Cultural Española y el Instituto de la Cultura y las Artes (ICAS) del Ayuntamiento de Sevilla, va a suponer una oportunidad para contrastar y medir las posibilidades de algunas de las últimas películas españolas, compitiendo en su marco cultural homólogo, como es el cine europeo.

Quizás haya que esperar a que surjan los próximos brotes verdes, es decir, a la primavera.

Escribe Juan de Pablos Pons

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