Luna nueva (16): El creador y el crítico

  24 Marzo 2013 A propósito del estreno de Los amantes pasajeros 

Los_Amantes_Pasajeros_posterEn su reciente estreno, la última película de Pedro Almodóvar, Los amantes pasajeros, ha recabado críticas mayoritariamente negativas, y una buena respuesta del público. Por tanto, se ha suscitado una controversia, no precisamente novedosa, al visualizarse una confrontación entre la capacidad de un creador para expresarse libremente, frente a la legitimidad de la crítica para valorar su obra.

Esta relación entre el artista y la crítica oficial, que es de la que hablamos, es particularmente problemática cuando nos referimos a las artes audiovisuales, puesto que estas tienen un importante componente de industria y negocio, de la que unos y otros, creadores y críticos, forman parte.

Pedro Almodóvar es el buque insignia del cine español desde hace bastantes años, creador de un mundo propio y reconocible, con películas que se apoyan en visiones muy personales, tomando como base la realidad popular (pop) española. Hablamos sin lugar a dudas de un gran innovador cinematográfico, que ha dirigido obras tan relevantes como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Hable con ella (2002) o Volver (2006).

Pero, simultáneamente, Almodóvar es también un excelente vendedor, prodigándose en cada promoción de sus películas con múltiples presencias en los medios de comunicación y mostrando al “personaje Almodóvar” con todo su encanto y capacidad de persuasión. El sentido del marketing que posee este cineasta forma parte de su personalidad cinematográfica.

Los amantes pasajeros (2013) es una obra que puede ser calificada como fallida. Posiblemente lo es. Su autor ha insistido mucho en que representa su vuelta a la comedia, un cuarto de siglo después de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Con ese referente, muchas de las características y códigos de este género no han sido bien resueltos en su último filme.

Almodóvar ha dejado escrito que el ritmo es el factor clave en el funcionamiento de la comedia como género cinematográfico, y señala al screwball, la comedia disparatada americana, como su referente. Si ha sido así, no ha obtenido el resultado que pretendía.

La historia se presenta como la suma de las situaciones que viven una serie de personajes que viajan en un avión con destino a México DF. El reparto no consigue la empatía y fluidez necesarias, y en este género el protagonismo de los cómicos es fundamental. El dominio absoluto de los diálogos frente a las situaciones planteadas tampoco contribuye a dar frescura y naturalidad al resultado final. Incluso la música del excelente Alberto Iglesias resulta en este caso poco adecuada.

Como comedia se espera de ella un cierto grado de provocación, de crítica hacia la España profunda de la que parten sus claves fundamentales: el complejo de culpa, la liberación del sexo reprimido, la videncia, los pícaros, la violencia. Aquí posiblemente radique uno de los problemas de esta propuesta almodovariana: La realidad española actual supera en provocación a la ficción que propone el cineasta.

Carlos_Boyero

Estos posibles errores han sido señalados por la crítica cinematográfica, que podemos focalizar en un caso particular como es el del crítico del diario El País, Carlos Boyero. Se trata de un excelente profesional, dotado de un universo propio, que incorpora un lenguaje muy particular, digamos de la calle, desinhibido, descarado, poco acomplejado y subjetivo.

Publica habitualmente sus críticas en primera persona, y así se expresaba a propósito de la película de Almodóvar en su crítica, publicada el 8 de marzo de 2013: “Contemplo el arranque de Los amantes pasajeros. Se desarrolla en un avión y el ambiente es coral, pero deduzco que el protagonismo lo van a ejercer mayoritariamente tres enloquecidos azafatos que hacen y dicen cosas muy raras. Pero sigo esperando a Godot. Que algo de lo que veo y escucho me haga una mínima gracia, que alguno de los pretendidos gags sea hilarante, que los diálogos, los personajes y las situaciones evidencien el contrastado talento de su director para crear un determinado mundo, despertar una sonrisa, algo que justifique estar mirando la pantalla. (…) Se supone que en algún momento semejante acumulación de dislates con pretensiones libertarias y surrealistas va a conseguir su sagrado objetivo. O sea, que te rías. Pero no hay forma”.

Consecuentemente, la polémica se ha suscitado. Agustín Almodóvar, hermano del cineasta, contestó a la crítica de Carlos Boyero a través de Twitter: "Que ternura me provoca Boyero. Siempre ahí, tan fiel. Atacando a Pedro desde 1982".

Por tanto, la confrontación pública entre autor y crítico, viene de lejos. Se ‘oficializó’ cuando en mayo de 2009 Pedro Almodóvar puso en cuestión las aptitudes de Boyero como crítico de cine, rechazando su trabajo en el Festival de Cannes de ese año, a propósito de la presentación de la película Los abrazos rotos. Se quejó públicamente, a través de su blog, del tratamiento que recibió su película, incluida en la sección oficial a concurso, afirmando: “He permanecido mucho tiempo callado y estoy harto. Vivimos en un país libre. Los críticos y los periodistas no son intocables. Ningún ciudadano debe serlo”. Y solicitó al periódico El País, que retirara a Boyero de sus funciones como crítico. Estas reprobaciones no fueron aceptadas por la dirección del diario.

Pedro_Almodovar

¿Cómo debe ser pues la crítica? Podemos hablar de diferentes estilos o métodos de hacer crítica cinematográfica. En un interesante libro escrito por Iván Tubau, titulado Crítica cinematográfica española (1983), se aborda una aproximación a los orígenes de esta cuestión planteando dos modelos de hacer crítica, identificándolos con dos revistas de cine pioneras en España, Film ideal y Nuestro cine. Cada una de ellas representó en el tardo-franquismo dos formas de abordar el cine, la hedonista y la dialéctica. La visión subjetiva frente a la supuesta objetividad. Es decir, la emoción frente a la racionalización del hecho cinematográfico.

La manera de entender la crítica por parte de Carlos Boyero se identifica con la primera de las opciones señaladas. El investigador cinematográfico Román Gubern ha escrito sobre esta cuestión: “Boyero significa en realidad una vuelta a la crítica de la sensibilidad. Este tipo de crítica, centrada en el gusto subjetivo, tuvo exponentes tan notables como Borges o Ángel Zúñiga, pero en los años sesenta se impuso una crítica más científica, que aun siendo subjetiva trataba de argumentar las valoraciones. Boyero vuelve a la vieja tradición y cultiva una crítica de la visceralidad, estridente y poco convencional, que en la lucha por el mercado puede resultar atractiva porque alimenta la controversia”.

Los amantes pasajeros admitámoslo, no alcanza la originalidad, exuberancia y hondura de las grandes películas que componen uno de los corpus cinematográficos más originales y corrosivos del cine contemporáneo. La influencia de Pedro Almodóvar, su talento cinematográfico, ha cambiado el modo de hacer cine en España en las últimas tres décadas. La mezcla de humor, drama e irreverencia ha dado frutos muy diversos y singulares. Y ha logrado un reconocimiento internacional para el cine español que ningún otro cineasta ha conseguido, salvo Luis Buñuel.

El cine de Almodóvar ha evolucionado en paralelo a su ciclo vital. Ha perdido inocencia, agresividad, capacidad de provocación; es lógico que cambie. En su última propuesta ha contado con nuevos actores, ha hecho un filme coral, ha rodado por primera vez con cámaras digitales. Digamos que sigue explorando formas de ficción. Es un creador y su obra merece respeto, de la misma manera que la crítica tiene derecho a ejercer su función. Carlos Boyero es un crítico de referencia por méritos propios, es leído y seguido lo que le legitima para mantener su línea de actuación.

Uno y otro, creador y crítico, en realidad están sujetos a una sola ley, la de la oferta y la demanda.

Escribe Juan de Pablos Pons

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