Luna nueva (15): El western según Tarantino

  11 Febrero 2013
A propósito de Django desencadenado 

django-unchained-1Los géneros cinematográficos son el resultado de una peculiar evolución, a partir de los formatos clásicos –drama y comedia—, de manera que en la primera parte del siglo XX fueron configurándose con fórmulas narrativas y expresivas propias. De tal manera que el musical, el cine negro, el cine de terror, de aventuras, etc., progresivamente fueron tomando formas y modelos identificables, adoptando una iconografía propia.

En la segunda parte del siglo XX, grandes cineastas realizaron aportaciones fundamentales reinventando los géneros, o si se quiere, dejaron legados imprescindibles para la narración cinematográfica en clave de género. Es el caso de Stanley Kubrick, cuya filmografía actualizó los principales géneros cinematográficos, desde el cine negro hasta la ciencia ficción.

Django desencadenado (Django Unchained, 2012), la última película de Quentin Tarantino, recupera el western en la línea que este director viene desarrollando en relación a los géneros, pero en su caso habría que hablar de subgéneros. Así, lo atestigua su trayectoria, con películas como Reservoir Dogs, Kill Bill o Death Proof.

En su última entrega vuelve su mirada hacia el spaghetti western, un subgénero cinematográfico desarrollado en Europa, inspirándose lejanamente en el filme que rodó Sergio Corbucci en 1966 con el mismo título. En su línea de recuperar a actores veteranos, exitosos en otras épocas, ya que lo hizo con John Travolta (Pulp Fiction) o Pam Grier (Jackie Brown), Tarantino incluye en su última película a Franco Nero, que protagonizó el Django de Sergio Corbucci.

Esta película se convirtió en un filme de culto, existiendo varias versiones, debido a su violencia excesiva no aceptada en todos los países. Los exteriores fueron filmados en La Pedriza y Colmenar Viejo, cerca de Madrid. En el año 2007, se estrenó un remake japonés del filme de Corbucci, dirigido por Takashi Miike, titulado Sukiyaki Western Django. Este trabajo contó con la colaboración de Quentin Tarantino.

Django desencadenado responde a las premisas habituales del cine de Tarantino: sus historias son irreverentes, sus personajes hablan mucho, la dirección de actores es eficaz, la música es un componente narrativo más, la planificación de las secuencias es brillante en muchos casos, el humor es peculiar y la violencia —verbal o física— tiene una presencia constante.

El mismo Tarantino reconoce que hay dos tipos de violencia en Django: una es lúdica e intrascendente, visualmente impactante; otra es mucho más seria, como la que muestra cómo unos perros acorralan a un esclavo fugitivo, o la escena en la que se muestra una lucha a muerte entre esclavos para divertimento de sus dueños. “Esa brutalidad es de una naturaleza diferente. He querido que sea una violencia inquietante, perturbadora y que no deje moralmente indiferente a nadie”, ha afirmado el director norteamericano. En este sentido, es un filme posicionado contra la esclavitud y el racismo.

La película cuenta la historia de una venganza desarrollada en el profundo sur de los Estados Unidos durante 1858, dos años antes de que estallara la Guerra Civil. El ejecutor de esta venganza es un esclavo negro, Django (Jamie Foxx), que comparte protagonismo con un peculiar sacamuelas alemán, el doctor King Schultz (Christoph Waltz). Este en realidad es un cazarrecompensas, cuya verdadera vocación son las armas, matar a delincuentes buscados por la ley y cobrar su recompensa.

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A partir de un encuentro fortuito, el doctor Schultz compra, libera y entrena a Django, a cambio de lograr su colaboración. El objetivo del “viaje” que emprenden los dos protagonistas es la localización y liberación de la esposa de Django, una esclava llamada Brunilda, como la legendaria protagonista de la mitología nórdica; Django deviene por tanto en un trasunto del mismísimo héroe Sigfrido.

La esclava está en Candyland, la plantación propiedad de Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), personaje malvado en una historia de malvados, conocido por su afición a las peleas de esclavos. Entre el catálogo de taimados que aparecen en el filme cabe citar a una especie de versión tenebrosa del Tío Tom (Samuel L. Jackson), un negro que odia a los negros y que trabaja servilmente para su sádico amo (Candie). Otro malvado es Big Daddy (Don Johnson) protagonista de una memorable secuencia donde se narra la persecución nocturna de un grupo del Ku Klux Klan algo indisciplinado, donde el humor surrealista de Tarantino queda reflejado.

Siendo una película para disfrutar, una historia contada con la libertad que este director se puede permitir, también cabe señalar que, como es tradición en el género del western, sus personajes se mueven por convicciones, aunque ellos mismos no lo reconozcan, o no lo admitan.

Cuenta Tarantino que el proyecto de esta película se inició en Japón, cuando estaba promocionando su anterior película Malditos bastardos. “Allí escribí la primera escena y me compré una colección de bandas sonoras de spaghetti westerns”, recuerda, para después añadir: “He hecho mi primer spaghetti western, porque creo que en el fondo todas mis películas han sido westerns camuflados”.

El western, uno de los grandes géneros del cine norteamericano, afortunadamente sigue vivo en la actualidad gracias a creadores como los hermanos Coen (Valor de ley), Quentin Tarantino con su Django desencadenado o la serie de televisión Deadwood, producida por la HBO, manteniendo así una tradición ancestral que conecta con figuras cinematográficas de la talla de John Ford, Howard Hawks, Henry Hathaway o Sam Peckinpah.

Escribe Juan de Pablos Pons

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