Luna nueva (14): Balance de un año en el cine europeo

  30 Diciembre 2012 Lo mejor, Amour de Michael Haneke 

amour-1A lo largo de este año 2012 que ahora termina hemos podido conocer las aportaciones de mayor interés del cine europeo, lo que, cara a su análisis, debe ser convenientemente enmarcado en un paisaje de grave crisis general en la que se encuentra inmersa Europa. Crisis política, económica, de valores, a la que ha contribuido sobremanera la globalización de un modelo capitalista sin escrúpulos ni regulación, que ha arrollado a varios países del viejo continente, sin capacidad de respuesta por parte de sus gobernantes para encauzar la situación.

La falta de solidaridad de los países poderosos, hacia los que están en recesión y los que no tienen capacidad de superar la crisis por sí mismos, nos lleva a preguntarnos qué es hoy Europa y cuál es el futuro que le espera como entidad única o como proyecto consistente. Y en ese escenario depresivo cabe preguntarse hoy por el papel a jugar por la cultura, por los artistas, por el cine europeo.

Buena parte de las cintas más interesantes producidas en el último año en Europa hemos podido verlas en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, celebrado el pasado mes de noviembre. Por tanto, en base a esta referencia podemos tratar de identificar algunos rasgos actuales de esta cinematografía, que además desde hace tiempo viene asumiendo un papel estimable frente a un cine estadounidense hundido en un profundo bache creativo, del que han desaparecido ideas, autores y proyectos de interés, y al que únicamente parecen importarle los productos de consumo.

Al hablar del cine europeo cabe tratar de identificar algunos componentes a sus propuestas, buscando ciertos rasgos comunes o compartidos.

En esta línea de análisis, en primer lugar puede señalarse como elemento característico su respeto a la autoría, lo que supone contemplar el cine como propuesta creativa, además de cómo producto industrial (colectivo); y vinculado a esta idea un segundo aspecto característico es el interés por la identidad cultural, que le lleva con cierta frecuencia a plantear temáticas locales, que consiguen trascender sus mensajes hacia ámbitos más amplios.

Otro elemento a incorporar es la preocupación por mostrar problemas reales, actuales, de tal manera que en el Festival de Cine de Sevilla hemos podido ver cómo se aborda la cuestión de la intolerancia, de la dificultad para respetar a los otros. Así, la película del danés Thomas Vinterberg, The Hunt, nos habla de la intolerancia colectiva, en concreto la de una pequeña comunidad que acorrala a un profesor de un centro infantil, acusado de abusos sobre una menor.

La intolerancia en el seno familiar se muestra en el filme del director belga Joachim Lafosse À perdre la raison, que narra la historia de un matrimonio interracial, en el que la mujer es progresivamente despojada de su libertad e identidad por parte de su marido. Y en clave de comedia desvergonzada Parade, una coproducción entre Serbia, Eslovenia, Croacia, Montenegro y Macedonia dirigida por Srdjan Dragojevic nos propone una reflexión sobre la falta de tolerancia hacia el mundo gay.

The-Hunt-1La incomunicación también es un tema presente en la cinematografía europea, por ejemplo, en clave dramática con The shine of day, una coproducción austro-alemana, dirigida por Tizza Covi y Rainer Frimmel, presenta la relación entre un joven actor y su anciano tío paterno, un gran desconocido para él; y también en clave de comedia en la muy correcta cinta francesa Cherchez Hortense de Pascal Bonitzer, que plantea las dificultades de una joven sin papeles para residir en Francia.

Sin duda otra característica del cine europeo es la de abordar problemas actuales, que están en la prensa diaria, como es el caso de Reality de Matteo Garrone, Gran Premio del Jurado en Cannes; película que aborda con destreza el tema de la televisión basura tan presente hoy en nuestras vidas; o la dura realidad de los secuestros de barcos en las costas de Somalia, lo que se muestra en toda su crudeza en el filme danés A hijacking de Tobías Lindholm, guionista de la ya citada The Hunt. Y en esta línea de no evadirse de los problemas reales, la crisis económica y sus consecuencias está muy presente en algunas de las películas griegas presentadas en Sevilla.

El cine griego, que ha sido homenajeado en el Festival de Sevilla, ha mostrado un panorama de jóvenes cineastas comprometidos con la terrible situación económica y social de su país. Boy eating the bird’s food, ópera prima de Ektoras Lygizos que además ha sido premiada en el Festival con el Giraldillo de plata, nos muestra a su protagonista, un joven cantante de música clásica sin empleo, cuya única y urgente preocupación es alimentarse, hasta el punto de tener que compartir el alpiste de su canario. Wasted Youth de Argyris Papadimitropoulos y Jan Vogel es otro ejemplo del cine heleno que nos muestra cómo sus personajes llegan a la desesperación, en una Atenas desahuciada.

El Giraldillo de Oro a la Mejor Película del Festival de Cine Europeo de Sevilla ha sido otorgado a la producción sueca Eat Sleep Die, de Gabriela Pichler. Narra la historia de una ciudadana sueca procedente de los Balcanes y de religión islámica, que trata de encontrar un nuevo trabajo ya que la despiden de la fábrica en la que empaquetaba lechugas. No tiene estudios y tiene que mantener a su padre. Va a clases de ayuda psicológica para desempleados y hace lo posible para encontrar un nuevo trabajo. En estas difíciles circunstancias, se da cuenta de que el país de primer nivel en el que ha decidido vivir no garantiza las mismas oportunidades a todos. Se trata de otra ópera prima, lo que permite confiar en el futuro y el mantenimiento de las siglas de identidad del cine europeo.

Sin duda, el mejor filme europeo del año ha sido Amour de Michael Haneke, obra que ha obtenido la Palma de Oro del Festival de Cannes. Se trata de un conmovedor relato en el que Haneke propone una profunda reflexión sobre el ineludible deterioro personal que supone el declive de la vida, y en concreto en el seno de un matrimonio de personas con alta cualificación, activas, que han sacado partido a sus respectivas profesiones y que ven cómo su realidad cercana se desmorona de manera inevitable.

Los avances del alzhéimer en uno de ellos es el hilo conductor de esta historia conmovedora sobre un amor auténtico que resulta impotente para evitar el sufrimiento y la desaparición de un ser querido. Película de gran sensibilidad y elegancia narrativa que se apoya en unos excelentes actores como son Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva e Isabelle Huppert.

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Otra referencia que nos permite evaluar la producción del cine europeo del año 2012 la encontramos en los premios otorgados por la Academia del Cine Europeo, en una gala celebrada en La Valeta (Malta) el día 2 de diciembre. Michael Haneke y su película Amour han sido los grandes ganadores de la 25ª edición de estos premios. Ha conseguido los galardones a mejor película, mejor director, mejor  actor para Jean-Louis Tringtignant y actriz para Emmanuelle Riva. Es la tercera vez que Europa premia al realizador austriaco, que ya consiguió los galardones de la Academia de Cine Europeo en 2005 con Caché (mejor película, dirección, actor y montaje) y cuatro años más tarde con La cinta blanca (película, dirección y guion).

El realizador danés Tomas Vinterberg, ha logrado el premio al mejor guion junto con Tobias Lindholm por The Hunt. Otro reconocimiento ha sido para Shame, el filme británico dirigido por Steve McQueen y protagonizado por Michael Fassbender, ya proyectado el año pasado en el Festival de Cine de Sevilla; trata sobre la adicción al sexo de un ejecutivo. Ha conseguido los premios a la mejor fotografía y mejor montaje. El topo de Tomas Alfredson, otro filme británico, basado en la novela homónima de John Le Carré, se ha hecho con dos galardones (música, para el compositor español Alberto Iglesias, y dirección artística).

En síntesis, un año interesante para el cine europeo, cuyos mejores exponentes hemos destacado aquí, y que sigue dándonos buenos ejemplos de cómo concebir la tarea cinematográfica preferentemente como un reto, un desafío, y también como un compromiso que implica devolver algo más que un rato de entretenimiento a los espectadores: una reflexión, una sensación, una denuncia, una ilusión.

En último término, nos quedamos con la reconfortante creatividad que muestran los realizadores y realizadoras europeos, frente a otras cinematografías, sin duda es un mensaje cargado de futuro.

Escribe Juan de Pablos Pons

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