Luna nueva (9): El fiscal, la caballería y el sabor del cine clásico

  05 Abril 2012
Jinetes en el cielo de Eduardo Torrres-Dulce 

jinetes-cieloEn fechas recientes ha sido nombrado Fiscal General del Estado Eduardo Torres-Dulce Lifante, hasta ahora Fiscal de Sala en el Tribunal Constitucional. Persona por tanto de alto reconocimiento en el ámbito del poder legislativo español.

Sin embargo, mis referencias personales sobre este nombre me remiten a un enamorado del cine, cuyas visiones, análisis y reflexiones sobre películas fundamentalmente clásicas he venido compartiendo a lo largo del tiempo, en buena medida a través de sus intervenciones en programas dedicados al cine (¡Qué grande es el cine! en TVE), sus artículos cinematográficos en revistas especializadas y sus libros.

Su manera de disfrutar del cine está ya claramente recogida en Armas, mujeres y relojes suizos (2001). En esta obra, realizada a modo de compilación sobre el cine clásico norteamericano, Torres-Dulce nos habla de películas “como si el lector y el autor hubieran entrado juntos a un cine –o al cine—”, nos dice Guillermo Cabrera Infante en el prólogo del libro. De tal manera que, Torres-Dulce nos interpela como espectador y no como crítico cinematográfico. Esa es su mayor originalidad.

Los capítulos son deuna extensión breve, escritos sin tecnicismos, y las referencias son básicamente literarias. La lectura de sus textos me sugiere al amigo que lee todo lo habido y por haber sobre una película o un director y luego te lo cuenta. Si tuviera que escoger un solo plano de toda la Historia del Cine” —escribe Torres-Dulce en Armas, mujeres y relojes suizos—, “elegiría un primer plano, VistaVision y Technicolor, iluminado por Winton C. Hoch, un primer plano que capta el rostro de Ethan Edwards en The Seachers (Centauros del desierto, 1956), dirigida por John Ford”.

La última obra sobre cine de Torres-Dulce es Jinetes en el cielo (2011) texto dedicado monográficamente a tres películas, la denominada “trilogía de la caballería” de John Ford. El libro le permite al autor declarar sus preferencias por el género del western, al que considera su favorito, y por John Ford, al que valora como “el mejor director de la Historia del  Cine. El título del libro, por cierto, nos remite a una mítica canción de Stan Jones, y ya fue empleado por Torres-Dulce en un artículo anterior, publicado por la revista Nickelodeón en la primavera de 2002.

Jinetes en el cielo fija su interés en identificar el armazón literario que soporta a las películas del oeste, tomando como referencia la citada trilogía de la caballería fordiana. Rastrea de manera concienzuda las narraciones originales en las que se basaron los guiones de las películas.

Con esta perspectiva destaca la figura del escritor James Warner Bellah, una especie de aventurero que declaraba ser descendiente de un oficial de la Caballería Confederada. Publicó preferentemente relatos cortos, muchos de ellos sobre la conquista del Oeste, en revistas populares. Argosy la productora creada por John Ford y Merian C. Cooper, el codirector de la mítica King Kong (1933), compró los derechos de muchos relatos de Bellah.

Así, Massacre fue el texto en el que se basó Fort Apache (1948), y Big Hunt junto con War Party se utilizaron para el guión de La legión invencible (1949); finalmente Rio Grande (1950) el filme que cierra la trilogía de la caballería de Ford, se basa en el relato Mission with no Record, también de James Warner Bellah. Sin ninguna duda Ford y Bellah compartían la convicción del valor de lo militar.

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En opinión de Torres-Dulce, "la Caballería brindó familia, destino y un papel en la vida a toda una comunidad masculina que, tras la Guerra Civil americana, se había quedado sin otro asidero posible".

Desde esa perspectiva literaria sobre la que profundiza Torres-Dulce y a la que también incorpora a los excelentes guionistas que trabajaron con John Ford —Frank S. Nugent, Laurence Stalling, James Kevin McGuiness—, nos propone un interesante análisis sobre la génesis de la trilogía de la caballería, pero también alude a otros muchos westerns dirigidos por John Ford, de los que destaca como preferencias personales Centauros del Desierto (1956), El sargento negro (1960) y El hombre que mató a Liberty Valance (1962).

Así, Torres-Dulce escribe: “Me resultaba intrigante explorar cómo John Ford traspasaba el personal mundo de Bellah al universo propio, y cómo evolucionaba su visión del western al compás de su biografía personal y profesional”. En ese análisis podemos vislumbrar el trabajo de Ford alterando la mirada racista de Bellah, dejando claro que los indios no eran villanos, sino las víctimas de los soldados enviados por el gobierno de la Unión.

Gracias a Torres-Dulce, podemos disfrutar del sabor de la épica, la historia y la poesía que destila la obra de John Ford, sin duda apuntalada por la labor interpretativa —que el autor subraya— de grandes actores Henry Fonda, John Wayne, Ward Bond, George O’Brien, Maureen O’Hara, Victor MacLaglen, Harry Carey Jr. o Ben Johnson.

En síntesis, una obra, la del actual Fiscal General del Estado, que destila pasión por el cine, por los clásicos, por los referentes fílmicos que debemos recuperar, por los cineastas imprescindibles.

Escribe Juan de Pablos Pons

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