Luna nueva (7): La guerra civil española en el cine

  11 Enero 2012

pa-negreLa mayor tragedia ocurrida durante el siglo XX en España fue la guerra civil. La barbarie que supuso durante tres años este enfrentamiento sangriento y fratricida, además de las muchas víctimas que produjo, traumatizó de por vida a varias generaciones de españoles.

La extrema violencia y salvajismo que se dio en los dos bandos enfrentados resulta incomprensible todavía hoy, 76 años después de su finalización. Llamativamente, la descripción de estos hechos terribles ha sido claramente insuficiente por parte del cine español.

La filmografía de la dictadura franquista proyectó durante décadas la imagen de una cruzada contra los infieles sobre lo que en realidad fue una carnicería fratricida. Muchos años después del fallecimiento de Franco, un tratamiento más amplio y riguroso de esta tragedia sigue siendo una asignatura pendiente para los cineastas españoles, a pesar de trabajos meritorios que suponen un recorrido que podemos iniciar con la referencia a Surcos (1951) del falangista José Antonio Nieves Conde, una película que formula una tímida crítica social a la realidad surgida en España tras la guerra civil.

Después fueron llegando Juan Antonio Bardem,  Luis García Berlanga, Carlos Saura, el llamado ‘Nuevo cine español’, Miguel Picazo, José Luis Borau, Franciso Regueiro, Basilio Martín Patino y muchos más, que aportaron otras miradas y visiones sobre la posguerra española.

Durante el último año hemos tenido la oportunidad de ver algunas películas sobre este tema, de las que podemos destacar especialmente dos, valoradas por los críticos y en cierta medida por los espectadores. Ambas abordan la posguerra española, aquellos años en los que la actitud de los vencedores del conflicto bélico prolongó los horrores de los vencidos durante mucho tiempo, después de la finalización del conflicto en abril de 1939.

Me refiero a Pa negre (Pan negro, 2010) dirigida por el mallorquín Agustí Villaronga, triunfadora de los premios Goya del cine español el año pasado (obtuvo nueve de catorce nominaciones), y ahora candidata al premio Oscar a propuesta de la Academia Española de Cine. Más recientemente, La voz dormida (2011) del director andaluz Benito Zambrano, acaba de ser nominada a los principales premios Goya de este año con nueve nominaciones. Se trata de dos filmes de corte realista que buscan recuperar o revisar las interpretaciones que históricamente se han hecho de ese periodo (más de veinte años) en los que se siguió persiguiendo, hostigando y castigando a los vencidos.

Pa negre es una película que pretende reflejar el estado anímico que deja en las personas una contienda civil. Ambientada en la Cataluña rural del año 1944, narra la historia vivida por un niño, Andreu, que es testigo de un asesinato, sus vivencias en un entorno miserable propician su despertar a la crudeza de la vida. Su familia forma parte de los vencidos.

Pa negre recupera la memoria de ese periodo en la vida española. Nadie escapa de la desolación física y moral que ha producido la guerra. El filme nos habla de los tenebrosos ajustes de cuentas, los intentos de supervivencia de los vencidos, los secretos sórdidos, del miedo cotidiano, de la miseria de los adultos percibida por los niños.

La fuerza de las imágenes creadas por Villaronga transmite a los espectadores esa brutalidad ambiental, la humillación y el ensañamiento con los débiles y los perdedores de la contienda civil. En definitiva, este filme nos habla de la corrupción de la inocencia, de cómo se aprende la maldad, del desmoronamiento de los ideales infantiles. Es una película dura, compleja y necesaria.

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La voz dormida, adaptación de la novela homónima de la escritora Dulce Chacón, propone también una mirada al mismo tiempo realista y sentimental sobre el drama de la inmediata posguerra española. La película propone que volvamos la mirada sobre la represión de las mujeres en las cárceles franquistas, la indefensión de las víctimas, la brutalidad del ejército vencedor y el papel militante de la Iglesia católica posicionándose a favor del fascismo.

La voz dormida presenta una historia que gira en torno a un grupo de mujeres hostigadas por los triunfadores franquistas; es el relato del doble castigo (por su ideología y por su género) que padecieron muchas mujeres en la posguerra. El maltrato a la mujer, el sufrimiento humano como venganza personal, son referentes que su director, Benito Zambrano, ha querido recuperar, para que las nuevas generaciones no olviden la desgraciada historia de sus antecesores.

En definitiva, se trata de dos estimables películas que proponen recuperar la historia reciente de España, señalan lo negativo que es olvidar un pasado tan oscuro como el que representa la posguerra española.

Las visiones que proponen ambos filmes no buscan la objetividad, sino la sensibilización de las nuevas generaciones hacia unos sucesos que visibilizan lo más oscuro de los seres humanos; lo que representa la sinrazón, el odio y la resolución de conflictos basada en la violencia y la destrucción del contrario.

En cierto modo, menguan la deuda que todavía tiene el cine español con la guerra civil, su posguerra y sus traumas.

Escribe Juan de Pablos Pons

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