Luna nueva (4): Crisis, propaganda y superhéroes

  07 Agosto 2011

Llega el Capitán América

capitan-america-1Llevamos varios meses contemplando cómo las pantallas de cine se están poblando de superhéroes. Se trata de superproducciones de Hollywood, puestas en circulación bajo las premisas más explícitas del producto comercial y popular.

El último en aparecer en las pantallas españolas es Capitán América. Se trata del último héroe dibujado trasladado al cine. Fue creado en 1941 por Joe Simon y Jack Kirby, y sus antagonistas eran los nazis, enemigo real que ya cabalgaba por Europa en esos años.

Esta cinta viene precedida de manera más o menos reciente por otros superhéroes como Thor, X-Men o Linterna Verde; a los que seguirán nuevas entregas a corto plazo de las sagas de Superman, Spiderman y demás personajes de la Editorial Marvel y de DC Comics, que siguen siendo éxitos de ventas en los kioscos de todo el mundo. De hecho, Capitán América, subtitulada El primer vengador, es la última entrega o capítulo que desembocará en el esperado estreno cinematográfico de Los Vengadores.

Superman, el primer superhéroe de gran éxito popular, nació a principios de los años treinta, cuando la Gran Depresión había llevado a los Estados Unidos a la miseria económica y Europa propiciaba la presencia de los factores que desembocarían en el inicio de la II Guerra Mundial. Malos tiempos por lo tanto, en los que la ingenuidad y la propaganda se aliaron para acoger a los superhéroes, como participantes necesarios de la cultura popular, en este caso bajo la narrativa de los comics.

Los héroes de papel se multiplicaron con una serie de características, que hicieron de ellos unos seres extraordinarios que cobraban sentido como soluciones a los problemas en tiempos difíciles. Sus armas o poderes resultan increíbles como salida a los problemas reales, pero aportan la vertiente imaginativa e inverosímil de los sueños, nuestra válvula de escape anímica. Los superhéroes nos hacen soñar despiertos y nos devuelven el espíritu positivo que siempre les acompaña. Se trata de una ingenuidad, de una ficción que nos permite escapar por un rato de la dura realidad. Los malos tiempos son buenos tiempos para los superhéroes (Umberto Eco dixit).

Los superhéroes iniciaron su andadura en los tebeos para pasar posteriormente al cine y la televisión, de manera más o menos permanente y con más o menos fortuna. Sus historias habitualmente elementales o maniqueas, se beneficiaron de la incorporación de los efectos especiales digitales desde mediados de los años noventa del siglo pasado, el gran alimento de la cinematografía popular o comercial en estos últimos años. La ingenuidad más o menos pretenciosa o ridícula, según se mire, de estos superhéroes nacidos del papel, huele a escapismo, una particularidad sociológica que parece avanzar en las sociedades actuales, inmersas en una crisis profunda, de la que no parece vaya a ser fácil salir.

capitan-america-2

Estos superhéroes con aire retro, ahora presentes y exitosos en las pantallas cinematográficas, quedan lejos del espíritu, la complejidad y sobre todo el sentido crítico, que Alan Moore y Dave Gibbons proyectaron y desarrollaron en Watchmen, el genial cómic, o por mejor decir novela gráfica, publicada en los años ochenta. En esta saga nos encontramos con unos héroes desencantados, con unos perfiles psicológicos complejos, que son presentados como gente corriente que debe enfrentarse a sus propios conflictos éticos y a sus problemas personales, que luchan contra sus fracasos y que, con la notable excepción del Doctor Manhattan, carecen de superpoderes.

Llamativamente, la versión cinematográfica de este cómic, dirigida por Zack Snyder y estrenada en 2009, no tuvo éxito comercial. Los problemas de sus personajes se parecían demasiado a los nuestros; o quizás sus historias resultaban demasiado complejas. Seguiremos esperando la llegada de otros superhéroes para que nos salven, mientras comemos palomitas de maíz y bebemos cola.

Escribe Juan de Pablos Pons

 watchmen