Luna nueva (2): Películas necesarias

  07 Mayo 2011

No tengas miedo

no-tengas-miedo-1El cine utilizado como herramienta de denuncia social no es algo nuevo. Bien al contrario, en todas las épocas ha asumido ese papel que le concede gran crédito como factor cultural y educativo de primer orden. La última película de Montxo Armendáriz, No tengas miedo, pertenece a este tipo de obras ya que dirige su mirada hacia un tabú social, el abuso infantil en el ámbito familiar.

Para desarrollar este proyecto el director navarro ha tomado una serie de opciones para generar una reflexión sobre esta tragedia humana: retrata y no juzga; alejándose así del canon clásico del antiguo drama, en el que todo está definido: el bien, el mal y el final que otorga a cada personaje su sentencia. Armendáriz elude una visión explícita o morbosa, utiliza el fuera de campo para transmitir a los espectadores lo siniestro, la acción del padre pederasta.

La historia está contada desde el punto de vista de la víctima, perspectiva que nunca se modifica. Por tanto, la trama se vive desde la perspectiva de una niña/mujer que no comprende lo que le ocurre; que le resulta imposible aceptar que sus seres más queridos sean la causa de su desesperación.

Aunque estas decisiones narrativas lastran la eficacia narrativa de la película, su mensaje es incontestable. La idea de que la víctima está sola y no es apoyada por su entorno es uno de los mensajes más importantes de este alegato contra la violencia familiar.

La primera parte del metraje presenta la infancia de la protagonista, Silvia, su familia le aporta la cobertura que cabe esperar de un nivel socioeconómico desahogado, conocemos la actividad de sus padres, médico, empresaria, el colegio, sus amigas. El monstruo se agazapa en un progenitor amable, cariñoso, culto y refinado.

Tras una elipsis de diez años, de los seis a los dieciséis años de la vida de Silvia, que evita visibilizar los estragos de la cotidianeidad sufrida por la protagonista, nos encontramos a una adolescente que toma la decisión de afrontar su realidad: ser violentada física y psicológicamente por su padre. La falta de apoyo de la madre y de sus amistades más próximas, hará más difícil todavía su posibilidad de escapar del horror.

Intercaladas en el desarrollo de la trama, aparecen una serie de sesiones terapéuticas de personas, más que de personajes, que han padecido este tipo de abusos. En las escenas finales, veremos cómo Silvia forma parte de este grupo coordinado por una psiquiatra que trata de ayudar a su recuperación. De esta manera, el director pretende reforzar mediante la veracidad testimonial su verosimilitud narrativa. El testimonio vivencial refuerza la denuncia, pero debilita la implicación afectiva del espectador y la empatía con la víctima.

Más allá de estas opciones expresivas que no permiten hablar de una película redonda, su presencia en las pantallas es necesaria, por su valentía en proponer la denuncia de una lacra social, de un tipo de comportamiento repugnante, basado en el poder y la violencia sobre los seres más vulnerables de la sociedad, los niños.

Otras películas recientes también son necesarias, puesto que con orígenes y modelos narrativos distintos denuncian igualmente otras formas de violencia.

La primera de ellas es la francesa De dioses y hombres, una muy interesante visión de la intransigencia religiosa contemporánea, dirigida por el francés Xavier Beauvois, premiada en el Festival de Cannes 2010, que narra la historia de un grupo de religiosos católicos franceses cuya pequeña comunidad en un país magrebí es acosada por extremistas árabes.

Igualmente necesaria es la película alemana When we leave, dirigida por la directora austriaca Feo Aladag, que obtuvo el premio a la mejor película en la última edición del Festival de Cine de Tribeca en Nueva York. Se trata de una conmovedora historia de maltrato familiar, en la que una joven madre turca huye con su hija de su violento marido, buscando refugio en su familia que vive en Alemania. La incomprensión de los suyos ante esta situación propiciará un trágico final.

Ambos filmes han sido proyectados en la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Escribe Juan de Pablos Pons

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