La cueva de Platón (13): Tarantino: homenaje a los subgéneros cinematográficos

  14 Febrero 2011

Quentin TarantinoEn la actualidad, Quentin Tarantino es un nombre de referencia en la cinematografía estadounidense y en consecuencia mundial. Con cada nueva película levanta grandes expectativas tanto en el público como en la crítica.

¿Qué caracteriza al cine de Tarantino? Si analizamos su trayectoria es posible identificar una serie de claves, entre las cuales hay algunas bastante evidentes. Un elemento habitualmente presente en su filmografía es la violencia explícita, apoyada en una fotografía muy realista que la realza; este factor puede ser analizado como un recurso narrativo o como un reclamo fácil para su cine.

También la habitual combinación de estrellas (John Travolta, Uma Thurman, Brad Pitt, Samuel L. Jackson) con excelentes actores de amplio registro (Harvey Keitel, Tim Roth, Robert De Niro, Michael Keaton, Christopher Waltz) dota a sus películas de un carácter particular, ya que refuerza aspectos concretos que tienen que ver con la caracterización de sus personajes, como los largos diálogos de sus guiones o las coreografías en la planificación de sus escenas. También hay que destacar el papel que juega la música en sus películas; con ella crea ambientes, caracteriza a sus personajes y homenajea a los autores y géneros que admira.

El tributo a los géneros populares es desde una perspectiva argumental otra de las particularidades del cine de Tarantino. La utilización en la elaboración de sus guiones de esquemas narrativos tomados de subgéneros como el cine exploit, las películas de artes marciales, el spaghetti western o el manga en el caso del cómic, y en su último filme es el género bélico, bajo la fórmula de "grupo de especialistas con una misión", son referentes que vienen dotando a las películas de este director de un estilo propio, que lo vincula a la noción de cine de autor.

Reservoir dogs

De estas fuentes Tarantino toma elementos argumentales como la venganza femenina (Kill Bill, Death Proof); la violencia ritual (Reservoir Dogs, Asesinos natos -en este caso como guionista-, Malditos bastardos) o la revisión del blaxploitation (Jackie Brown) un subgénero que toma como referente a la comunidad afroamericana como protagonista, que tuvo un cierto éxito en los años setenta y que incorporaba habitualmente en sus bandas sonoras a conocidos artistas de la época.

Si nos planteamos la cinematografía de Tarantino en cuanto a su evolución, no cabe duda que uno de los rasgos más destacables es el progresivo incremento de la presencia de personajes femeninos de una gran fortaleza y determinación. Lo podemos constatar a partir de la total ausencia de personajes femeninos en su ópera prima, Reservoir Dogs, frente a las mujeres protagonistas de Jackie Brown, Kill Bill ó Death Proof.

El origen de estos personajes podemos rastrearlo en los mitos de las princesas guerreras y las amazonas presentes en los comics clásicos norteamericanos, una de las grandes aficiones de este director. Posiblemente también motivado por estas mismas influencias, las películas de Tarantino carecen de escenas de sexo explícito, sin duda esto puede ser considerado como una anomalía en un director de sus características, pero que en realidad refuerza su dependencia de las fuentes en las que bebe.

En sus guiones, apoyados en la construcción de diálogos muy largos que le permiten perfilar a sus personajes, suele haber siempre humor y violencia. Sin embargo, a medida que la filmografía de Tarantino va ampliándose, resulta más evidente la irregularidad de su obra. Así, frente a películas plenamente logradas como Pulp Fiction -su mejor obra en mi opinión-, o la muy estimable Jackie Brown, encontramos filmes claramente fallidos como Death Proof, o irregulares como Malditos bastardos.

Pulp fiction

Si nos aproximamos a la obra de Quentin Tarantino tomando como referencia el bagaje analítico del postmodernismo, encontramos rasgos como el kitsch, que podemos rastrear en referencias como el comic indie, y el cine de serie B norteamericano. Este universo se expandió hasta confluir con subgéneros cinematográficos como la blaxploitation o el gore.

Si las pesadillas oníricas de David Lynch se basaban en los movimientos pictóricos del siglo XX (con referencias innegables a Francis Bacon o Edward Hopper), otros muchos creadores de imágenes contemporáneos del director de El hombre elefante o Mulholland Drive se basaban en una concepción estética primordialmente cinematográfica, no tan orientada a los textos clásicos. Los nuevos referentes estéticos estaban tan lejos de las galerías de arte como de la reflexión académica. Y, sin embargo, no es fácil admitir que películas referenciadas en la nueva corriente audiovisual (la serie B asiática, por ejemplo) puedan ser consideradas como parte de la cultura popular previa al surgimiento de películas como Kill Bill de Tarantino o Ghost dog de Jim Jarmusch (1998).

Estos referentes de la herencia kitsch se hacen evidentes en el díptico Grindhouse, compuesto por Planet Terror (Robert Rodríguez, 2007) y Death Proof (Tarantino, 2007). Un pretendido homenaje de ambos directores a la fórmula de programación de los cines grindhouse, salas con programa doble dedicadas en exclusiva a proyectar películas de serie B. En los dos filmes se propone una deconstrucción del relato y de las normas de la narración de serie B, que busca erigirse tanto en objeto de consumo para el gran público como en pieza de estudio en el mundo de la crítica y el análisis cinematográfico.

Death proof

La música es otro de los referentes importantes en su cine. Según el propio Tarantino ha explicado, la música es una fuente directa de inspiración a la hora de elaborar sus guiones. En su última obra hasta ahora, Malditos bastardos (2009), como ya sucedió en las dos entregas de Kill Bill y en Death Proof, Quentin Tarantino utiliza en sus bandas sonoras referencias que nos remiten al trabajo de músicos característicamente cinematográficos, como es el caso de Ennio Morricone. Igualmente utiliza la música para contextualizar las historias o las épocas en las que transcurren sus relatos. Tarantino utiliza la música con fines estéticos, buscando contrastes entre el lirismo y la capacidad de sugerencia de la música y el impacto de sus imágenes, reforzando con ella las situaciones visualizadas, haciendo así un uso en realidad clásico de la música en el cine.

A principios de los años 90, Quentin Tarantino irrumpió en el panorama cinematográfico con su ópera prima Reservoir dogs (1991), una reinterpretación del cine negro donde se mezclan largos diálogos con escenas de violencia propia de la cinematografía producida en Hong Kong y, en concreto, de directores como John Woo. La primera obra de Tarantino sirvió para sentar las bases de su propio mundo estético. La estructura basada en un uso expresivo del flash-back, utiliza de forma inteligente elementos de inspiración propios del subgénero de atracos fallidos (Atraco perfecto de Stanley Kubrick, o La jungla de asfalto, de John Huston).

Su siguiente trabajo, premiado en Cannes, Pulp fiction (1994), profundiza y consolida los aspectos más originales del cine de Tarantino: diálogos constantes y aparentemente triviales, una combinación irónica de humor y violenciak, y continuas referencias cinematográficas a la cultura pop. Una historia aparentemente sin pretensiones con el propósito de sorprender a los espectadores. El género negro aparece como una sátira imposible bajo un cuadro de situaciones estrafalarias, apoyándose de forma brillante en el recurso narrativo de las historias cruzadas.

Tarantino ha querido alternar su faceta de guionista con la de productor, e incluso dirigiendo junto a su amigo Robert Rodríguez (con quien comparte elementos estéticos comunes) subproductos dirigidos a públicos menos exigentes. Four Rooms (1995) ó Abierto hasta el amanecer (1996) responden a ese perfil. De manera inteligente a lo largo de su trayectoria cinematográfica, Tarantino ha buscado ser vinculado con el cine independiente, subrayando de esta manera el componente de autoría;  pero a la vez se ha apoyado en la estructura industrial de Hollywood a través de productores como los hermanos Weinstein.

Abierto hasta el amanecer... y otros sucedáneos

Su siguiente producción, distribuida comercialmente en dos partes, Kill Bill, volumen 1 (2003) y volumen 2 (2004), cuenta una historia de venganza que emprende Beatrix Kiddo / La novia (Uma Thurman) contra quien ha pretendido asesinarla.

Este filme se caracteriza por un ejercicio de virtuosismo visual y narrativo, con una gran acumulación de citas y referencias. La representación de la violencia busca un sentido coreográfico y por tanto más estético que realista. Propone en esta ocasión un recorrido más emocional que físico por los caracteres de cada uno de los personajes, deteniéndose con dilación en la descripción de cada uno de ellos y en sus relaciones cruzadas. La sucesión de víctimas de La novia y sus enfrentamientos: Bill (David Carradine), Budd (Michael Madsen) o Elle Driver (Daryl Hannah) pretenden aspirar a ser algo más que simples arquetipos, jugando como un elemento narrativo relevante el engaño.

El primer volumen contradice las expectativas creadas por los anteriores trabajos del realizador, para ofrecer un espectáculo eminentemente visual, en el que todo está a merced de un sofisticado ejercicio de estilo; el segundo, por su parte, supone un regreso del director a las claves de su cine anterior. En todo caso, este filme de Tarantino ha creado divergencias en cuanto a su valoración o aportación al conjunto de su filmografía.

Kill Bill

Así, Quim Casas ha escrito sobre Kill Bill, Vol.1:

"Es una película-compendio para conocedores, evidentemente, en la que Tarantino efectúa sus malabarismos como DJ cinematográfico, pero cuya misión es también estimular al espectador neófito que se adentre en los hasta hace poco considerados subproductos y descubra de dónde proceden la mayoría de situaciones, detalles e incluso escenas ideadas por Tarantino a partir de la asumida visión y reciclaje de algunos de sus recuerdos como espectador. (...) [Tarantino] siempre ha sido bastante honesto: recuerda, copia, recorta y pega con indudable brillantez, logrando en muchas ocasiones difuminar los orígenes hasta convertirlos en materia propia. (...) La dificultad que Tarantino sortea con habilidad es que él no puede dedicarse a empalmar en la mesa de montaje todas las imágenes de películas orientales de acción que le gustan como espectador o que le concitan un especial interés, sino que debe rodar uno a uno todos los planos de sus películas. Y cuando se planta con la cámara y los actores en el plató crea nuevas formas a partir de las que tiene archivadas en su memoria cinéfila.» (Dirigido por, nº 330, pp.50-51).

Por el contrario, otro crítico como José Navarro, también en relación al primer volumen de Kill Bill, escribió la siguiente valoración en la misma publicación:

"Lo irritante de semejante puzzle no es su existencia en sí. Lo realmente molesto es la mueca de suficiencia de Tarantino al citar sus modelos. (...) Éste no los homenajea, sino que se los toma a risa, se burla de ellos. Su distanciamiento bastardo patente en el montaje, en la puesta en escena, raya lo detestable cuando se apropia de ideas ajenas y las vende como "genialidades" suyas. (...) Aquí lo importante es hacer pasar el sucedáneo por original" (Dirigido por nº 331, p. 39).

Si nos planteamos valorar la película sopesando tanto el aspecto auto-referencial como el de ‘homenaje' a autores rescatados o reciclados por Tarantino mediante sucesivos homenajes, el resultado da pie a valorar este esfuerzo como superficial. La recurrencia excesiva a dos referentes concretos, el spaghetti-western y los filmes de kung-fu, da lugar a un resultado puede que brillante pero vacuo como aportación cinematográfica.

Death Proof

Death Proof (2007) es una película claramente fallida, en buena medida debido a que su estructura narrativa queda reducida a dos elementos fundamentales: un choque frontal de coches, extremadamente violento, y una persecución automovilística final. Todos los demás elementos del filme giran en torno a estos dos momentos.

Las dos secuencias fundamentales están excelentemente rodadas, pero el conjunto de la narración, y dentro de ella el juego de los personajes -un asesino psicópata perfilado como un antiguo especialista en escenas cinematográficas de riesgo interpretado por Kurt Russell, y un grupo de chicas perseguidas por aquel- resulta pobre.

Críticos como Jaime Peña (Cahiers du Cinema España, nº. 3) ve en la persecución final de Death Proof un homenaje a la persecución callejera de Bullit (Peter Yates, 1968). La matrícula de uno de los vehículos de Stuntman Mike (Kurt Russell) es la misma que la del coche que conducía Steve McQueen en el filme de Peter Yates.

Las escenas clave que hemos mencionado ya estaban en la versión corta de Grindhouse que Tarantino realizó para la distribución americana, que en Estados Unidos se proyectó conjuntamente con el filme de Robert Rodríguez Planet Terror (2007) como un auténtico programa doble;  de manera que los 25 minutos añadidos a la película para su distribución en Europa, que se hizo de forma separada con Planet Terror, suponen un metraje que se percibe como superfluo y simplemente preparatorio para las dos secuencias fundamentales.

Malditos bastardos

La última película de Tarantino, Malditos bastardos (2009), es muy representativa de lo que se ha venido en llamar "la puesta en escena del reciclaje" (Quim Casas), fórmula basada en los homenajes a otros directores, a otras películas. Entre la opción de explorar nuevas posibilidades o la de concebir nuevas entregas a lo Pulp fiction, Tarantino ha optado por un camino más incierto, entre la parodia y lo grotesco.

En ésta su última entrega, hay un cierto problema de articulación entre las diferentes historias que propone, enlazadas por un humor corrosivo, y con un desequilibrio evidente en la caracterización de sus personajes, lejos de los logros conseguidos en este aspecto en sus filmes Jackie Brown o Reservoir dogs.

En definitiva, Quentin Tarantino es un cineasta destacado del panorama actual y que resulta muy representativo de su época, lo que ha llevado a la crítica especializada a calificarle como postmoderno. Aporta una filmografía que, tal como se ha señalado aquí, mira constantemente a referentes pasados de la historia de la cinematografía para construir su obra y, en consecuencia, su perfil de autor resulta bien parado en la medida que sus "homenajes" o su "puesta en escena del reciclaje" suponen una aportación, lo que en unas ocasiones consigue, pero en otras no.

Escribe Juan de Pablos Pons

Tarantino mira constantemente a referentes pasados de la historia