La cueva de Platón (8): John Ford: la esencia del cine

  05 Enero 2011

John Ford... de nombre auténtico Sean Aloysious O'Feeney, ¿o era John Feeney?Llegado el momento de elaborar un texto dedicado a lo que significa John Ford (1894-1973) para el cine, recupero en mi biblioteca algunos libros sobre el cineasta norteamericano. De grato recuerdo para mí, resulta la obra de Peter Bogdanovich dedicada a John Ford. Tengo un ejemplar del año 1983 publicado por la Editorial Fundamentos, que es sin duda hoy todavía un referente imprescindible.

De hecho, anécdotas e historias que se cuentan en muchos de los libros dedicados a este cineasta, se mencionan en la obra de Bogdanovich por primera vez. Como la que se recoge en palabras del director de fotografía Joseph La Shelle:

"Estábamos rodando una película y el jefe del estudio envió a su ayudante a decir a Ford que llevaba un día de retraso. Ah -dijo Ford muy cortés-. ¿Y cuántas páginas se figura que podemos rodar al día? Unas ocho supongo -dijo el ayudante-. ¿Quiere darme el guión? -preguntó Ford, y el tío se lo dio. Contó ocho páginas que todavía no se habían rodado, las arrancó y le devolvió el guión-. Ahora puede decirle a su jefe que ya estamos al día, le dijo. Y ya no rodó las ocho páginas."

Si no todas las historias que se contaban sobre John Ford eran totalmente ciertas, era porque muchas las creaba y difundía él mismo.

Le encantaba contar historias, este es uno de los aspectos determinantes de su personalidad como artista. Ford amaba al cine porque le permitía contar historias, para entretener al público y  entretenerse él mismo.

Monument Valley, el territorio de Ford

Profundamente tímido y reservado, pero también nostálgico y romántico, el mundo del cine le permitió expresarse y comunicarse con millones de personas. John Ford entendió de manera instintiva el potencial de las películas. Este medio le posibilitó expresar su visión épica, su sentido del humor, su hedonismo, pero también su visión cruda de la vida, la vertiente dramática de unas historias cuyos personajes imperfectos cometían errores, pero siempre tenían una gran dignidad. Estos personajes, fundamentalmente masculinos, son más solitarios que líderes, y en muchas ocasiones las decisiones trascendentes que toman se basan en la renuncia y el sacrificio personal, en favor de unos ideales.

Scott Eyman, en su excelente biografía Print the Legend dedicada a la vida y la obra de John Ford (editada en español por T & B Editores, 2001) recoge esta valoración sobre el cineasta de origen irlandés expresada por Federico Fellini:

"Lo que más me gusta de John Ford es el artista en estado puro, inconsciente y crudo, que carece de intermediaciones culturales estériles e inverosímiles, inmune a la contaminación intelectual. Me gusta su fuerza y su simplicidad desarmante. Cuando pienso en Ford siento el olor de barracas, de caballos, de pólvora. Visualizo tierras llanas interminables y silenciosas, los viajes interminables de sus héroes. Pero por encima de todo siento a un hombre al que le gustaban las películas, que vivía para el cine, que hizo de las películas un cuento de hadas para creérselo él mismo, un cobijo en el que vivir con la alegre espontaneidad del entretenimiento y la pasión."

El final de 'Fort Apache' 

El idealismo americano proporcionó a Ford sus argumentos, y sus mejores películas se vieron reforzadas por su conocimiento de los conflictos internos del país. Para Scott Eyman, las películas de John Ford pueden interpretarse como una épica que recoge la mitología nacional norteamericana contada por los soldados de a pie, una historia elegíaca y enérgica que Ford veía en parte como fantasía nostálgica, y en parte como una dura y objetiva realidad. De talante conservador, nunca cerró los ojos ante la intolerancia (Las uvas de la ira) o el racismo contra los indios (Fort Apache) o los negros (El sargento negro).

Peter Bogdanovich recoge en su libro estas palabras de Andrew Sarris dedicadas a Ford:

"Ningún  director estadounidense ha recorrido tanto el paisaje histórico de los Estados Unidos, los mundos de Lincoln, Lee, Twain, O'Neill; las tres grandes guerras, las migraciones al Oeste y trasatlántica, los indios sin caballos del valle de Mohawk y las caballerías sioux y apaches del Oeste, las incursiones irlandesa y española y la política delicadamente equilibrada de las ciudades políglotas y los estados fronterizos."

El cine de John Ford está impregnado de una visión poética. Bogdanovich señala que el tema más frecuentemente tratado en la filmografía de Ford es el de la derrota; la tragedia que representa el fracaso. En su larga trayectoria, con más de 135 películas en su haber, Ford evoluciona a lo largo de cincuenta años de trabajo (entre 1914 y 1966) desarrollando su visión de la vida y los rasgos y perfiles psicológicos, de manera que sus filmes son cada vez más humanos, más melancólicos, más profundos.

El guión era importante, pero si los productores le tocaban las narices, sabía cómo hacerse entender: arrancando páginas

El gran productor Darryl Zanuck creía que Ford era el mejor director de la historia del cine, porque -afirmaba- pensaba en la películas "en términos puramente visuales (...) y su colocación de la cámara casi tenía el efecto de hacer que incluso un buen diálogo fuese innecesario o secundario (...). Era un artista. Pintaba un cuadro: en movimiento, en acción, en fotos fijas (...). Era un gran artista pictórico."

Orson Welles escribió: "John Ford es un poeta. Un comediante". Efectivamente estos dos aspectos se dan simultáneamente en su cine. Característica que también encontramos en  otros genios como Charles Chaplin. La integración de lo cómico y lo trágico dota a sus historias de una gran humanidad, y por tanto de veracidad. Las películas de Ford se remiten unas a otras lo que dota al conjunto de su obra de una gran coherencia. De hecho se pueden ver como un conjunto homogéneo. A ello contribuye de una manera significativa la utilización de los mismos actores, a modo de una "compañía de repertorio", como señala Peter Bogdanovich. De tal manera que John Wayne, Henry Fonda, James Stewart, Maureen O'Hara, Richard Widmark, Victor McLaglen, Ward Bond, Woody Strode o Harry Carey Jr., entre otros muchos, han contribuido sobremanera a crear la iconografía de personajes tan característica de John Ford.

El caballo de hierro

Los westerns de Ford producen una sensación de vitalidad y sus historias tienen como componente fundamental la épica. Esta visión del género lo inicia Ford con El caballo de hierro. Su capacidad para utilizar todos los recursos del medio cinematográfico con una gran intuición le permitió expresar con imágenes, muchos temas y valores que son de carácter universal. Fort Apache y La legión invencible, que junto con Rio Grande constituyen la llamada trilogía de la caballería, nos hablan de la última misión de un militar, de un profesional que cree en los valores más elevados.

El comienzo de Centauros del desierto es en sí mismo el compendio de una antología del cine. En menos de un minuto Ford es capaz de transmitir al espectador la temática que propone, el contexto de la historia y la relación entre los personajes que van apareciendo en torno a la casa aislada, situada en el Monument Valley, territorio de la reserva de los indios navajos, a caballo entre los estados de Arizona y Utah; el paisaje identificado para siempre gracias a John Ford como el escenario natural del western.

John Ford dando instrucciones a John Wayne en una de sus películas de la trilogía de la caballería

En este filme se cuenta la historia de Ethan Edwards, interpretado por John Wayne, un soldado solitario y marginado que  se rige por unos códigos de conducta que lleva hasta sus últimas consecuencias, porque son lo único que le sostiene en la vida. En El hombre que mató a Liberty Valance trata de la historia de una persona que se sacrifica por otra, contada con una profunda amargura, ya que la leyenda sustituye a la realidad: fue Doniphon (John Wayne) quien mató al malvado Liberty Valance (Lee Marvin), y no quien se gano la fama por ello, el juez Stoddard (James Stewart). Y de alguna manera este filme representa el final del Viejo Oeste como referente épico. En Siete mujeres -su última película-, la heroína (Anne Bancroft) es una agnóstica que se sacrifica por un grupo de misioneros cuyo líder es un fanático religioso.

John Ford, cuyo nombre según él era Sean Aloysious O'Feeney, y al que los navajos llamaban Natani Nez (Soldado Alto), pero que en realidad se llamaba John Feeney, creó un estilo cinematográfico propio. Su capacidad para comunicar el significado del hombre en su sentido más amplio supone una contribución muy importante para que el cine haya llegado a ser considerado un arte universal, al alcance de cualquier persona.

Es el único director de cine que ha obtenido 4 Oscar  a lo largo de su dilatada carrera y curiosamente ninguno de ellos por un western (fue nominado como mejor director por La diligencia). Como afirma Scott Eyman en la biografía citada, las películas de John Ford hablan de la búsqueda de un lugar que nunca podremos encontrar y forman un álbum de América tal como debería ser, así como del lugar que en realidad es.

Escribe Juan de Pablos Pons

La tumba de John Ford y su esposa. Su legado, más de 150 películas y 4 Oscar