Luna nueva (34): Stanley Kubrick

  03 Mayo 2017

La permanente presencia de un creador

kubrick-1El pasado mes de marzo se cumplió el 18º aniversario de la muerte de Stanley Kubrick. Un cineasta del que no se dejan de publicar libros, realizar exposiciones o presentar documentales sobre su obra, además de la permanente reposición de sus películas.

Desde el año 1951, en el que realizó su primer cortometraje, hasta 1999, año en el que estrenó su última película, Eyes wide Shut, Kubrick desarrolló durante casi cinco décadas una filmografía, no muy amplia pero inigualable en variedad y profundidad de tratamientos.

Realizó 13 películas, de temáticas y estilos muy diferentes, pero todas ellas dejaron huella. En la década de los cincuenta, una vez superada su etapa de formación, en la que se incluye Fear and desire (1953) y El beso del asesino (1955), ya dirige trabajos tan estimables como Atraco perfecto (1956) y Senderos de gloria (1957).

De ahí en adelante, sus películas son, en gran parte obras maestras, vinculadas a distintos géneros. Su trabajo fue reconocido con abundantes premios. Recibió 13 nominaciones a los Oscar, sin embargo solamente obtuvo una estatuilla, por 2001: Una odisea del espacio (1968), en la categoría de efectos especiales.

Aunque nacido en los Estados Unidos (Nueva York, 1928), Kubrick tuvo una clara influencia europea en su formación y preferencias cinematográficas. Él mismo ha reconocido que los cineastas más influyentes en su carrera han sido Fellini, Chaplin, Bergman, De Sica, Hitchcock, Welles y Ophüls.

En el año 1963, envío a la revista estadounidense Cinema, un listado con sus 10 películas favoritas. En esta lista aparece en primer lugar Los inútiles de Federico Fellini (1957), seguida de Fresas salvajes (Bergman, 1953) y Ciudadano Kane (Welles, 1941). En la selección también aparecen los filmes La noche, de Michelangelo Antonioni (1961) o Enrique V (1944) de Laurence Olivier. De personalidad enigmática y poco amigo de la prensa, defendió su privacidad a lo largo de toda su vida. Aficionado al ajedrez, Kubrick dio presencia a este juego en varias de sus películas, como Atraco perfecto (1956), Lolita (1962) o como parte de las actividades de los astronautas de 2001: Una odisea del espacio.

De la bibliografía reciente sobre Stanley Kubrick, me ha resultado muy sugerente la obra editada por Alison Castle, Los archivos personales de Stanley Kubrick (Taschen, 2016) en la que la aportación de la esposa de Kubrick, Christiane, resulta clave. En esta obra, por ejemplo, se razonan los motivos por los que Kubrick siempre elaboró los guiones de sus películas a partir de textos ajenos, un componente que le permitía, según afirmaba, ser más objetivo con el tratamiento de las historias que filmó.

En realidad, todas las películas de Kubrick son relevantes y merecen atención desde múltiples perspectivas, ya que encontramos en los estudios sobre sus filmes desde interpretaciones sociológicas o técnicas hasta filosóficas, como es el caso del libro editado por Jerold J. Abrams La filosofía de Stanley Kubrick (2012).

Así, un aspecto que se resalta habitualmente es el valor principal que da Kubrick a la música en sus películas, habitualmente de autores clásicos, de esta manera consigue nuevas emociones, al unir estas piezas musicales con las imágenes creadas por el cineasta. Kubrick afirmó que la música es uno de los elementos más importantes de una película, como también lo es el silencio.

En definitiva, la aportación de Stanley Kubrick es fundamental en evolución del cine en la segunda parte del siglo XX. Con un criterio estrictamente personal, aporto a continuación un conjunto de consideraciones sobre algunos de sus filmes más impactantes:

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Lolita (1962)

Esta película, basada en la obra homónima de Vladimir Nabokov —que también colaboró en el guión—, propone una reflexión sobre el dilema moral de un profesor universitario, de carácter solitario y de mediana edad, llamado Humbert Humbert (James Mason), el cual siente atracción por las adolescentes. La situación se concreta cuando Humbert conoce a Lolita (Sue Lyon), la hija de la dueña de la casa donde se hospeda durante un verano.

Humbert es el narrador de la historia, plasmada a través de su diario. El desarrollo de la trama va presentando situaciones clave como el matrimonio de Humbert con la madre de Lolita, cuyo objetivo único es el de estar cerca de su ‘hijastra’; su convivencia con la adolescente después de la muerte de la madre; la huida de Lolita con un oscuro personaje llamado Quilty (Peter Sellers), que se convertirá en la pesadilla de Humbert, y que a ojos  de éste, es el principal causante de su ruina, hasta llegar a su asesinato.

El relato es presentado a modo de flashback. En definitiva, se trata de la historia del fracaso vital del protagonista, basado en su incapacidad para resolver su dualidad existencial. Dado lo escabroso del tema, Kubrick consideró aplicar un tratamiento de comedia negra, rodada en un excelente blanco y negro.

Se trata de una película erótica que trasciende la idea de la seducción de una niña por un hombre maduro, para plantear una serie de consideraciones sobre la condición humana, el papel del deseo y las frustraciones que genera en los seres humanos.

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2001: Una odisea del espacio (1968)

Se trata de una obra maestra del género de ciencia-ficción, galardonada con un Oscar a los mejores efectos especiales. El guión se basa en un relato corto del escritor Arthur C. Clarke, titulado El centinela, que participó en su elaboración.  

Se ha escrito mucho sobre el sentido y las interpretaciones que este filme propicia, sobre cuestiones como el hecho de proponer la existencia de la inteligencia extraterrestre, o la capacidad de las máquinas para emular al hombre. La trama principal presenta una misión espacial con destino a Júpiter, en la que parte de la tripulación está hibernada, dada la duración del viaje. Los astronautas que pilotan la nave cuentan con la ayuda de HAL 9000, un superordenador dotado de una desarrollada inteligencia artificial.

La película plantea una interesante reflexión sobre la relación entre hombres y máquinas y el desarrollo inteligente de éstas. En un momento del viaje, HAL 9000 siente que los dos astronautas que controlan la nave han perdido la confianza en él, al producirse un error achacable a su actividad. Este no puede asumir ese error y decide apoderarse del control de la nave, tratando de asesinar a los astronautas.  

Por tanto, la película plantea el dilema sobre si un ser creado artificialmente puede llegar a poseer cualidades humanas, como el libre albedrío o la emotividad. Esta historia se enmarca en un viaje que viene a representar la evolución de los seres humanos, desde los orígenes de la humanidad hasta un futuro utópico. El uso de piezas musicales como Así habló Zarathustra de Richard Strauss, al comienzo de la película, o El Danubio azul de Johann Strauss, en la primera secuencia del espacio, aportan una belleza singular al mensaje de la película, en la que por cierto no se pronuncia ninguna palabra en los primeros treinta minutos de su metraje.

La inquietante presencia de un monolito negro representa la fuente de conocimiento infinito. Sus diferentes apariciones en momentos concretos de la narración, representan oportunidades para que el hombre aprenda y evolucione.

En todo caso, Kubrick plantea a los espectadores que reflexionen sobre el papel de la tecnología, en la evolución del hombre, asumiendo la visión expuesta por Nietzsche en su obra Así habló Zarathustra, mostrando las mismas etapas pre y post-humanas, desde los simios, siguiendo con el desarrollo de la humanidad, hasta llegar al futuro, en el que el “niño de las estrellas”, un feto planetario, representa al superhombre, tal como explica Jerold J. Abrams, en su libro aquí citado.

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La naranja mecánica (1971)

Es una adaptación fílmica de la novela homónima de 1962, escrita por Anthony Burgess. La idea central de esta película consiste en plantear la cuestión del libre albedrío, de manera que si sufrimos su pérdida, disipamos nuestra característica más humana. También plantea una reflexión sobre la violencia y las maneras en que las instituciones la tratan de controlar.

La naranja mecánica es posiblemente la película de Kubrick que está más vinculada a la época en que se filmó, ya que en ella aparecen los problemas, las inquietudes y las cuestiones políticas de ese momento. La trama se sitúa en una época futura (1995) en la que se propone una distopía, en la que Stanley Kubrick formula una crítica al mundo de la psiquiatría y a las teorías conductistas que intentaban "modelar" el comportamiento de las personas.

El protagonista, llamado Alex (Malcolm McDowell), es un joven amante de la música de Beethoven y proclive a la violencia gratuita; un psicópata que lidera una pandilla de amigos (los ‘drugos’) con los que comete robos, palizas y violaciones. Tras uno de estos asaltos es arrestado y, tras dos años en prisión, recibe una oferta singular: someterse al tratamiento Ludovico para intentar eliminar su comportamiento violento y así reinsertarse en la sociedad. El tratamiento surtirá efecto pero también tendrá sus efectos secundarios. Alex será incapaz de defenderse y acabará siendo víctima de la gente que él mismo atemorizó.

Kubrick ha expresado su convencimiento de que una de las ideas más peligrosas, tanto social como políticamente, es considerar al hombre como un ser de naturaleza bondadosa, que es susceptible de ser corrompido por la sociedad. Se trata de una premisa errónea, que lamentablemente diferentes corrientes filosóficas y políticas alientan.

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El resplandor (1980)

Se trata de otra de las grandes obras maestras de Kubrick, en este caso vinculada al género de terror; está basada en la novela homónima de Stephen King. Esta película inicialmente no tuvo una buena acogida por algunos críticos, aunque ha sido la más exitosa comercialmente del cineasta. El tiempo la ha ido situando en el lugar destacado que le corresponde.

Kubrick reformula un best-seller de supermercado en una formidable obra de arte cinematográfico, incorporando bastantes modificaciones a la novela publicada en 1978 por Stephen King. Según señala el escritor Rodney Hill, una de las diferencias más significativas entre la novela y la película es que trasciende el enfrentamiento maniqueo que propone King entre el bien y el mal, en favor del conflicto interior del protagonista Jack Torrance (Jack Nicholson), que se debate por escapar de su lado oscuro.

Esa dualidad constituye el aspecto central de la historia, que sitúa a los personajes principales, la familia de Torrance, como cuidadores de un hotel cerrado y aislado en invierno. Ese aislamiento es el causante de que el personaje interpretado por Jack Nicholson, con antecedentes como alcohólico y maltratador, pierda la razón.

El pequeño hijo de Torrance, Danny (Danny Lloyd) también sufrirá fenómenos extraños porque posee un "don especial" que le hace ver fenómenos extrasensoriales y, todo esto, ocurre en el hotel Overlook, donde hace años se produjeron varios asesinatos, y que está construido en un enclave singular (un antiguo cementerio indio), que lo convierte en un lugar propicio para la presencia de espíritus.

La locura de Jack llegará a su éxtasis: intentará asesinar a su mujer Wendy (Shelley Duvall) y a su hijo, persiguiéndolos por el enorme hotel aislado por la nieve. De nuevo aquí la música asume un papel protagonista, donde piezas de Béla Bartók, Penderecki, y Ligeti subrayan momentos clave de la historia, y utilizando de manera magistral para la apertura de la película la pieza Dies Irae, una composición latina del siglo XIII atribuida al franciscano Tomás de Celano.

Al final del filme, podemos ver una foto retrospectiva de los trabajadores del hotel Overlook en la que aparece Torrance; lo que lleva a pensar que siempre estuvo allí. Un final abierto que permite diferentes interpretaciones.

En conjunto, la obra de Stanley Kubrick resulta coherente, permitiendo encontrar elementos de conexión entre sus trabajos. De tal manera que la película anteriormente comentada, El resplandor, se complementa con la que finalmente resulto ser su última producción Eyes wide Shut (1999), en tanto que un filme ofrece lo que puede ocurrir cuando un hombre permanece encerrado con su familia durante demasiado tiempo, desconectado del mundo exterior; mientras que el otro narra una pesadilla sobre lo que sucede cuando un hombre se aventura, alejándose demasiado de la estructura protectora de la familia.

También cabe establecer algunas agrupaciones lógicas, que concretan el interés de Kubrick por temáticas: como el mundo del hampa con El beso del asesino (1955) y Atraco perfecto (1956); el antibelicismo con Senderos de gloria (1957), Teléfono rojo. ¿Volamos hacia Moscú? (1964) y La chaqueta metálica (1987); o el cine histórico con Espartaco (1960) y Barry Lyndon (1975).

Sin duda, un cineasta complejo del que resulta plenamente justificada la permanente revisión y recuperación de sus películas, lo que propicia el interesante trabajo de rastrear su legado e influencia, en autores y obras de las nuevas generaciones.

Escribe Juan de Pablos Pons

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