Entrevista con Lucía Alemany, directora de «La inocencia»

  12 Marzo 2020

«No es un retrato de la adolescencia, sino de una adolescencia concreta»

lucia-alemany-1La inocencia es la opera prima de la directora Lucía Alemany. Formada en la ESCAC, tras rodar el cortometraje 14 años y un día y participar como meritoria en El olivo de Icíar Bollaín, filma en Traiguera, su pueblo, la historia de una adolescente, Lis, que sueña con ser artista de circo y salir de su entorno limitado.

La película se presentó en la pasada edición del Festival de San Sebastián dentro de la sección de Nuevos Directores y se estrenó en las salas de cine el 10 de enero de 2020, siendo distribuida por Filmax.

En el marco de las actividades que realiza el Cine Club Lys de Valencia asistimos al pase de La inocencia y mantuvimos una estupenda entrevista con Lucía Alemany en la que hablamos de la experiencia que ha supuesto para ella enfrentarse a este primer largometraje.

La inocencia es una película muy personal que parte de tu experiencia.

Sí. Cuando rodé el corto 14 años y un día, que fue la primera vez que entendí que tenía que contar algo mío, fue en tercero de carrera y hacía cortos de una prostituta o algo así; en cuarto tuve un profesor que lo que intentaba enseñarnos, y a mí me caló profundamente, era que para dirigir teníamos que saber quién éramos nosotros, qué nos diferenciaba de los demás y por qué nosotros teníamos que contar esa historia.

Ahí fue cuando me di cuenta de que lo que yo tenía diferente a los demás era mi pueblo.  Pensé: «¿Qué hago rodando en Barcelona cuando en realidad no tiene nada que ver conmigo?>. Decidí irme al pueblo a rodar el corto y ahí surgió un efecto catártico, realmente rodé ese corto no solo porque era mi proyecto final o porque quería entrar en la industria del cine sino también por la función artística de sacar lo que llevas dentro.

Cuando rodé la película no fue en ningún momento así. Rodé algo que yo conocía muy bien por pura seguridad, porque hay trabajo que ya está hecho. Yo no tengo que investigar cómo actúa este chico porque lo sé, o cómo actúa la madre y el padre porque sé realmente lo que es realista o no. Eso era un curro que ya tenía hecho. Esto hizo que escribiera el guión muy rápido.

Yo en la ESCAC pensaba que currábamos tanto haciendo cortos, que casi no vivíamos, y a veces no sabía de qué hacer el corto. No vivía, no sabía qué pasaba fuera de la escuela. Si no vives, haces películas vacías, sin alma.

La película parece que habla del aborto por ser una situación fuerte que ocurre en ella, pero no deberíamos poner el foco ahí ya que hay muchos más temas, como el aprendizaje, la madurez, la incomunicación...

Sí, de hecho, ese embarazo no deseado el sentido único que tiene es ser un detonante de un conflicto. El conflicto es un problema de incomunicación en esa familia, va de eso y éste sería el tema principal. Lo que yo siempre quise hacer era un retrato de la adolescencia, de hecho cuando la gente leía el guión decía: «Está un poco disperso, ¿de qué va?»; y yo contestaba: «Es un retrato no de la adolescencia sino de una adolescencia concreta, la de Lis».

Quería hablar de ese peligro de la droga, de cuando antes eras niña y ahora el cuerpo se te hace de mujer, está erotizado y los hombres sienten atracción por ti y se despierta algo en ti... Y, sobre todo, qué pasa en esa familia que no le deja a la niña desarrollar ese cambio, los adolescentes vienen de ser niños y en ese momento están buscando quiénes son, quién soy yo, cuál es mi personalidad, qué tengo que hacer para que me quieran, a qué grupo pertenezco. .. Si tú le impides a esa niña ser lo que es, ese tránsito, la estás jodiendo viva, va de eso básicamente.

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Analizando los personajes masculinos da la sensación que, aunque están definidos dentro de un patrón patriarcal y machista, no cargas las tintas con ellos. En la capa externa parece que no hay crítica, pero internamente sí eras más dura pues, además de machistas, no entienden a las mujeres.

No haría esa diferenciación entre hombres y mujeres porque el personaje de Maricarmen La Marchita es mala, es una mujer mala. En ningún momento he querido decir que el sexo masculino es malo, que nos tratan mal y nosotras nos tenemos que empoderar contra ellos… De hecho había un personaje masculino muy bonito que era el de El Polaco, lo que pasa es que en el montaje se cortó, que era un chico muy luminoso, bonito.

No he querido hacer esta diferenciación, simplemente contaba la historia de una niña que se ha encontrado con un macarra, que el macarra mola porque es guapo, pero que a la hora de verdad, no mola tanto. Cuando Lis se da cuenta de que la relación no mola intenta dejarlo. La niña tiene el referente paterno, de padre y de madre, pues la madre es tan machista como el padre.

La incomunicación es con los dos, padre y madre.

Claro, y la madre está de acuerdo con las órdenes que da el padre. Igual de machista es el tirano que el sumiso porque no se rebela. Y lo que dices de que no los trato del todo mal es una manera mía de ver el mundo porque siempre quiero comprender a las personas: no creo que haya personas malas y personas buenas. Había un plano —que al final quitamos y me arrepiento ahora— que hacía que en un momento dado entendieras a Rocío porque al final queda como una abusadora porque sí, pero tiene un motivo. Intento entrar dentro del personaje humano.

Por ejemplo, el personaje de Sergi López yo quería que se entendiera más, acaba siendo así pero en guión tenía una explicación para entender su frustración o el miedo por esa hija porque él también había sido un canalla, es decir, llegar a entender al padre. De hecho la decisión de presentarlo a él en la plaza, borracho, siendo un tío guay, venía de ahí y lo que no él no quiere es que su hija haga lo que él ha hecho.

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El pueblo es otro personaje fundamental de la película.

El pueblo juega una función respecto a la protagonista. Sería como un antagonista. La niña se siente en una prisión y esa prisión es el pueblo, junto con otras cosas como el problema de la madre y el «qué dirán» o el autoritarismo del padre. Al principio sufrí porque no tenía planos generales en la película definitiva y pensaba que no tenía suficiente, pero luego todo el mundo me dice que el pueblo es un personaje más.

Es un pueblo que ya con su piedra te enseña esa cultura, un poco la que representa el personaje de Maricarmen La Marchita que es esa tradición que no quiere desaparecer ante la nueva ola que representa Remedios Naturales.

La película utiliza el primer plano como forma de narrar, siguiendo y acompañando a Lis en todo momento.

Sí. Es cierto que había muchos planos generales que han caído en el montaje final, pero eran planos generales que yo los quería para enfatizar esa cosa de personaje-pueblo que he dicho antes y por eso los rodé. Pero luego me di cuenta de que lo que necesitábamos era ir siempre con ella. El punto de vista de todo lo que pasa es Lis y eso ya estaba en guión. La escena padre-madre no está si no la ve Lis, el espectador ve lo que ve Lis, entonces caminas con ella en todo momento. No pasa algo que Lis no se entera y el espectador sí, estás como dentro de ella, ves a través de sus ojos.

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La película recurre en varias ocasiones a un simbolismo para describir a Lis. Ya desde la primera escena que está bajo el agua, ve el mundo al revés cuando está colgada del columpio o se equipara a Lis con el toro embolado. La soledad en la que se encuentra viene representada por esas escenas. Hay mucho apoyo en la parte visual que es un recurso de director, que está pensado para causar un efecto.

Totalmente. La primera escena es una niña debajo del agua en una piscina pública que tiene un objetivo que es nadar y no puede porque hay un pueblo que se lo está impidiendo;  el toro es una metáfora tal cual, Lis es el toro y el toro es Lis, el toro es un animal con mucha fuerza pero está encerrado; y lo mismo con el mundo al revés cuando está colgada, es un pez fuera del agua.

Has trabajado para la televisión valenciana À Punt en un programa que se titula 69 raons en el que vuelve a aparecer la temática sobre adolescentes (el sexo, las redes sociales, las relaciones afectivas, etc.). Es un mundo que te interesa.

Me interesa mucho. De alguna manera me queda suficientemente lejos como para verlo en perspectiva y suficientemente cerca como para sentirlo aun, yo ahora mismo hablarte de la crisis de los 30 no me atrevo porque estoy en ello. Y la infancia tiene cosas que me gusta, pero que queda demasiado lejos.

La adolescencia es algo con lo que todavía me siento identificada, pero tengo la distancia suficiente. Me encanta y los adolescentes me nutren un montón. A nivel personal, trabajar con adolescentes me da mucha espontaneidad, libertad. Es maravilloso.

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¿Cómo descubres a Carmen Arrufat?

La descubrí en un casting. No tenía mucho tiempo porque estaba haciendo muchas cosas a la vez y utilice un filtro que era la presentación a través de video. Recibimos muchísimos, igual 200 y en realidad solo vi a Carmen. En un casting de tres o cuatro horas en mi casa demostró que era Lis. Yo no quería que a Lis la interpretara una actriz profesional; de hecho vinieron los productores con una lista de actrices, pero mi manera de hacer que Carmen sacara todo el personaje no es desde la intelectualidad sino desde la pura emoción y entonces necesitaba a alguien que se dejara modelar por mí, que estuviera cien por cien abierta y que no me cuestionara nada porque así la podía llevar al terreno que quería. La asustaba con algún ruido para conseguir un sobresalto o le cambiaba el texto de los actores para tener reacciones de ella, le preguntaba qué le provocaba tristeza en la vida hasta que ella tenía esa emoción.

Carmen tiene un talento y un don innato, que es lo que demostró en el casting, sobre todo para el realismo, porque ella no consigue decir una palabra si primero no la siente. Comprendió que no era algo que tenía que decir simplemente sino que lo tenía que digerir.

Por otra lado tenía muchas ganas, hizo el pino y se cayó, pero me dijo que lo aprendería, se subió en la tabla sin haberlo hecho nunca, fue a Barcelona... Demostró que ella quería hacer esta peli, lo cual es muy importante porque puedes tener mucho talento, pero hay que aguantar una peli que es muy duro. Esa fue la historia, por un lado, que Carmen demostrara que tenía un don y que tenía las ganas descomunales para hacerla; y por otro lado, que me dejara dirigir a mí como yo dirijo.

Hay un trabajo muy cuidado con los actores, desde aquellos que comienzan como Carmen Arrufat hasta los profesionales y consagrados. ¿Algún método?

Es un poco como el método Stanislavski a mí manera. En el corto daba palos de ciego sin enterarme de nada y ahora en la peli pude decir: «es así y así». Pude ordenar aquello que primero era un laboratorio experimental, pero el método es Stanislavski: ir a tu vida, a ver qué te traumatiza o qué te alegrar y explorar eso, estar presente aquí y ahora. Por eso teníamos dos cámaras, era como en el teatro, recogiendo todas las expresiones; por ejemplo, Laia Marull en sus contraplanos lo daba todo, se le veía el cogote y lo estaba dando todo, era muy generosa.

Escribe Luis Tormo | Crítica La inocencia | Entrevista con Carmen Arrufat

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