Entrevista a Elena Trapé, directora de “Blog”

  20 Enero 2011

“Es muy golosa esa capacidad de reinventarte”

Blog, de Elena TrapéLo primero que sorprende de tu película es la dirección de actores, que me parece excelente. ¿Cómo extraes ese partido de chicas de 15 años y dónde pones los límites, teniendo en cuenta la intimidad de los hechos relatados?

Para ellas es su primera experiencia cinematográfica. Alguna había hecho algún curso en el colegio y otra había hecho un programa infantil en una televisión, pero es ahora cuando están empezando a formarse como actrices. Buscaba precisamente eso: chicas que no fueran actrices, al igual que en el caso de los adultos, que no quería caras conocidas porque deseaba que la película desprendiera cierto aire documental y que el impacto residiera precisamente en eso: en que parece realidad.

Para empezar, ellas ya están interpretando un personaje que es muy afín a lo que son. El personaje es una parte de ellas. O una exageración de ellas. Con lo cual están poniendo voz a algo que conocen perfectamente. Luego, hemos improvisado. No les hemos hecho memorizar ni una línea de texto e hicimos un trabajo previo al rodaje, que duró tres meses, para conocerlas y saber exactamente qué podíamos esperar de cada una de ellas. Terminar de definir los perfiles psicológicos que componen el grupo y escoger qué chica hará qué personaje. También hicimos ejercicios para que supieran cómo sería la dinámica del rodaje.

Además de eso, todas las anécdotas reales que nos iban contando las hemos incorporado al guión, es decir, la canción que suena es de ellas, todos los gestos, los textos y el juramento salieron en el taller de preparación. También instalamos unas cámaras en las casas reales de las protagonistas durante seis meses, con lo cual la relación que tenían con esa cámara era como si fuera su diario y lo que allí han contado es sincero, espontáneo y no ha sido provocado. Cierto que hay algunas webcams que tienen relación con la trama que sí que las hemos inducido, pero en todo lo demás hemos intentado que sean ellas las que nos cuenten qué significa tener quince años.

Sin embargo, hay momentos como en el que una de las chicas confiesa que se siente mal porque utiliza tallas grandes u otra a la que no le gustan sus ojos y su nariz. Es decir, es un ejercicio de catarsis bastante fuerte para que sea hecho por chicas de quince años, sobre todo porque es una película y se van a ver en ella.

Ellas no eran conscientes de lo que iba a significar y, en ese sentido, hemos hecho mucha autocensura porque, evidentemente, no hemos olvidado que estas chicas tienen una vida. No las hemos exhibido gratuitamente. Pero sí es cierto que, en el caso de Áurea, para mí este personaje tenía que explicarnos este sentimiento. En una sociedad como la que vivimos en la que hay tanta presión sobre la imagen y con unos cánones tan marcados, no hace falta tener sobrepeso para sentir que estás fuera de las tallas normales. Yo le dije: “Áurea, explícamelo por favor. Cuéntalo porque seguro que en la sala hay alguna chica que le pasa lo mismo que a ti”.

Estos eran los deberes que yo les ponía. Por ejemplo, para Sara es muy importante su aspecto. Es una declaración de principios. Qué mejor presentación que el hecho de contarnos por qué lleva ese corte de pelo. Están poniendo voz a un sentimiento que tienen muchas jóvenes y que es muy íntimo, que forma parte de estos miedos que nadie llega a verbalizar y ahí los ves en pantalla con unas chicas que te lo dicen mirándote a los ojos.

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Yo he visto en la película dos partes muy diferenciadas. La película empieza con un flashback y me ha sorprendido que la primera parte se cuente mediante webcams y la cámara inseparable que llevan. Como si la realidad fuera mediática, subjetiva. Sin embargo, en el bloque desarrollado en el presente ya no hay webcams, ni cámaras. Hay planificación y puesta en escena, un sentido de la construcción del plano. ¿Era esa la forma que tenías de plantearlo, mediante esa separación?

De entrada, el proyecto consistía en narrar la película mediante la cámara que ellas llevan, pero a medida que íbamos desarrollando la estructura de guión, nos dimos cuenta que estar solo en su mundo convertiría la película en una película ilusa. Porque, evidentemente, lo que hacen siempre tiene unas consecuencias aunque ellas nunca piensen en eso. Con lo cual, el shock con la realidad requería un punto de vista externo, un tratamiento formal con una gama de colores más fría. Empezamos la película en el presente, nos vamos al pasado con ellas y volvemos al presente en el cual sus hechos tienen unas consecuencias y, además, complicadas porque puede representar la desintegración del grupo que en el fondo es lo más importante para ellas.

Otro aspecto interesante es la reafirmación de la identidad porque la película comienza con un plano en el que se ven los nombres de las chicas y las dos primeras palabras que se pronuncian son, de nuevo, los nombres de dos de ellas. Esa reafirmación de la identidad en una edad tan difícil como son los quince años, ¿es lo que provoca que las chicas tomen las decisiones que toman?

La película plantea un estado de ánimo y, a partir de ahí, es el espectador quien ha de sacar sus propias conclusiones sobre lo que puede haber detrás. Cada chica se vincula al plan por distintos motivos. Comparten, eso sí, la sensación de que en su vida nunca pasa nada emocionante. Ese aburrimiento tan propio de la adolescencia, independientemente de que tengas toda la tecnología que quieras a tu alrededor.

Para mí, ese sería el paisaje emocional que ellas comparten y, luego, el motor que las hace invencibles es esa amistad y ese grupo que componen en el que se sienten aceptadas tal y como son. Se sienten queridas, especiales y eso hace que vayan a por todas. Por supuesto en el presente porque nunca se plantean qué les puede pasar.

Blog, ópera prima de Elena Trapé

En esta película la relación adolescencia-tecnología está fusionada, al igual que en un cortometraje tuyo, Pijamas, donde el personaje de la hermana mayor, mientras estaba en el hospital, jugaba constantemente con la PSP. De hecho, hay un momento en que la abuela y la hermana pequeña se van de la habitación y ella ni se entera. Esta relación entre adolescencia-tecnología, ¿tiene límites? ¿Hasta dónde llega?

Nosotros no incidimos en el tema de las nuevas tecnologías, pero forma parte de su paisaje. No puedes hacer un retrato de gente de esta edad sin tener un Messenger o un teléfono móvil. Todo esto ha revolucionado las relaciones entre las personas. No sólo en las chicas de esta edad, sino en todos.

Pero parece que a los quince años, esa relación con la tecnología sea casi imprescindible. ¿No se pierde parte de la relación humana con ello?

De la misma manera que yo me despedía de mi mejor amiga, subía a mi casa y seguía hablando con ella por teléfono, ellas llegan a su casa y siguen chateando. Y, además, pueden hablar al mismo tiempo con toda su clase, ya que tienen encendido el chat las veinticuatro horas del día. Están dormidas con el ordenador encendido por si alguien les escribe. Virtualmente, la presencia de sus amigas es constante porque, además, tienen los móviles y pueden seguir recibiendo mensajes.

Efectivamente, esa necesidad de la comunicación. De sentirse siempre en contacto con alguien aunque sea de manera virtual.

¡Bueno!, y una comunicación que es muy golosa porque tienes una pantalla protectora que te permite decir cosas que no dirías a la cara, al igual que con el teléfono móvil. Y es una comunicación en la cual tú te reinventas. Tú eres el editor de tu propia vida, en cuanto a las fotos que cuelgas que estás más o menos guapa o guapo, los titulares que publicas en Facebook sobre cómo te sientes. Es muy golosa esa capacidad de reinventarte. Para mí tiene un lado muy positivo. Obviamente, como todo, también su lado negativo. Pero el problema no es la herramienta en sí, sino el uso que se haga de ella.

Las intérpretes de Blog en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián

Hacer una opera prima, actualmente, tal y como está el mundillo, es un ejercicio de valientes y, en muchos puntos, es casi un imposible. ¿Fue complicado llevar a cabo este proyecto?

En realidad, la suerte es haber tenido la confianza de la productora, Escándalo Films, que tiene este proyecto que se llama Ópera prima de llevar a cabo largometrajes con exalumnos de la Escuela (ESCAC) que se estrenan como jefes de equipo. Y sí, es una suerte porque creo que Blog es un proyecto arriesgado que hubiese sido mucho más difícil de llevar a cabo por los medios normales de la industria, con lo cual me siento muy afortunada.

Una última pregunta. Evidentemente, Blog es una película muy singular. Excepto en algún plano que he visto alguna referencia a Gus Van Sant, no es una obra a la que se le vean unas influencias claras. Por tanto, ¿qué referencias tenías a la hora de llevar a cabo la película?

Independientemente de todo lo que haya podido ver, sí que tuve como referente Las vírgenes suicidas. Sobre todo por el tono, porque es una película que no quiere cerrar interrogantes y también está exponiendo un caso muy extremo y lo hace retratando un estado de ánimo. Con Blog, siendo un tema que da pie a cosas tan amarillas y tan sensacionalistas, no quería hacer titulares sobre los porqués.

Luego, también, películas como Fucking Amal, con esa textura de la cámara muy documental, que está dentro de las casas y que está mirando a los adolescentes de igual a igual. Eso también me interesaba mucho. Y convierte las pequeñas cosas que componen su realidad en cosas magníficas porque son inocentes y puras.

De igual manera, Monstruoso o El proyecto de la bruja de Blair, sobre todo en cuanto a formato. Como en la fiesta de Monstruoso, que me parece fantástica cómo está hecha y de qué manera te lo crees. Todo eso fue algo que volvimos a ver, al igual que todas las películas de adolescentes. Algunas, como las películas de Larry Clark, que a mí me pueden encantar porque están muy cercanas al documental y porque alucino de cómo puede conseguir estas cosas con los adolescentes, pero era justamente lo que no quería hacer con Blog. Sordidez era lo que no quería en la película.

Escribe Joaquín Vallet

Elena Trapé y sus actrices durante la presentación de la película en San Sebastián