Editorial febrero 2022

  28 Febrero 2022

El mal patrón

febrero-0-ucraniaHa estallado la guerra. Los jinetes del apocalipsis recorren de nuevo Europa. Primero fue la peste, seguida, claro está, de la muerte. Hace tres días que esta llamó a unirse al macabro festín a la guerra, y ya sea por las medidas que se quieren imponer a la nación de agresor Putin o por las consecuencias que su locura traerá para Ucrania, la última en llegar será el hambre.

Mientras tanto asistimos impotentes a un espectáculo repugnante, y ponemos nuestras esperanzas en la resistencia ucraniana y en las medidas que los gobernantes europeos y norteamericanos impongan a la Rusia del Mal Patrón.

De la primera, quizá muy ingenuamente, esperamos que consiga refrenar el exacerbado entusiasmo y la suficiencia del matón Putin, aun cuando el pesimismo de la inteligencia nos dice que es más probable que solo las transformen en ira ciega, con peores consecuencias para los ucranianos.

De las segundas, nos debatimos entre la pusilanimidad de los gobernantes, que hasta ayer mismo no se atrevieron a tomar decisiones que sin duda provocarán sufrimiento económico en sus sociedades, y nuestra propia comodidad, pronta en la solidaridad de la manifestación, la banderita en las redes sociales o la firma en change.org, pero remisa en la asunción de sacrificios dolientes que amarguen nuestra existencia cotidiana.

Para no ser totalmente injustos con nuestros decisores políticos, habría que pensar en quién cargaríamos la culpa si por causa de las sanciones a Rusia nuestro nivel de vida se viese afectado. Me atrevo a decir, como potencial hipócrita no exento de desvergüenza y miseria moral —presto siempre a señalar a los que nos desgobiernan— que también a los políticos que tomaran aquellas decisiones difíciles y necesarias.

Hay que decir que Europa, por primera vez en mucho tiempo, se ha dejado de paños calientes y ha actuado con contundencia. Ahora nos toca a nosotros asumir que esto nos puede costar sangre, sudor y lágrimas, y que es lo mínimo que debemos aportar para luchar contra la tiranía. Si esta pesadilla acaba, lo ideal sería mantenerse despiertos para no dejarnos invadir por otro tipo de autócratas melifluos, sibilinos, omnipresentes.

Pero no olvido que el editorial de nuestra revista debe centrarse, más bien, en cuestiones cinematográficas y no tanto en asuntos geopolíticos de los que mayormente desconocemos sus poliédricas cuitas.

El patrón de Fuendetodos

Sin duda el evento más importante de este febrero ha sido el de la entrega de los premios Goya, que tuvo lugar en el Palau de Les Arts de nuestra ciudad, Valencia.

La gran triunfadora de la noche fue El buen patrón, de Fernando León de Aranoa, que obtuvo los cuatro galardones más importantes, más el montaje y la música original. Sin embargo, su dominio no fue tan aplastante como cabía esperar.

febrero-maixabel

Casi todo el mundo esperaba que Maixabel fuera la gran rival de la película protagonizada por Bardem, y efectivamente, obtuvo tres galardones en el apartado de interpretación; pero en términos cuantitativos la que se llevó cinco cabezones fue Las leyes de la frontera, de Daniel Monzón, que «redescubrió» como actor revelación a Chechu Salgado y premió el guion adaptado de la novela de Javier Cercas.

Maixabel y Las leyes de la frontera nos hablan de un pasado relativamente reciente. No así El buen patrón, que parece más bien una radiografía de actualidad.

Maixabel viene a unirse a esa corriente que revisita nuestra memoria de los años de plomo y su dolorosa y trabajada superación. Hay que señalar que antes que ella, Días contados, Yoyes, El lobo, Todos estamos invitados o Tiro en la cabeza —entre otras— intentaron acercarse al conflicto de un modo no siempre afortunado, profundo o valiente; a veces incluso —como es el caso de La piel contra la piedra— de un modo autoproclamadamente equidistante. Pero mucho más recientemente, El negociador, Fe de etarras, La línea invisible y, por supuesto, Patria  han ensayado otras aproximaciones, ya sea desde el humor o desde la crítica, exponiendo los entresijos, evidenciando el dolor, las fuertes contradicciones.

Maixabel ha querido mostrar, con acierto, cómo seres humanos que habitaron alguna de las dos orillas hubieron de enfrentarse a la incomprensión de propios y ajenos. Era, sin duda, un nuevo territorio a explorar por la cinematografía, de los muchos que ha abierto la desaparición de la banda; no carguemos sobre las películas anteriores toda la responsabilidad de sus insuficiencias: quizá ni los tiempos ni el ambiente estuvieron maduros para ello.

Bienvenidas sean entonces las nuevas aproximaciones. Esperemos que sigan dándonos momentos de buen cine.

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El gran patrón

De nuevo la madurez de los tiempos parece hallarse a la base de otra gran historia de culpa, redención y perdón; el papa emérito Benedicto XVI ha reaparecido en la esfera pública este mes de febrero, admitiendo que se cometió falso testimonio en un informe sobre los abusos sexuales de sacerdotes en las archidiócesis de Múnich y Frisinga.

La Iglesia parece haber reconocido que ya no puede seguir tapando estos escándalos, que le costaron ser apartado al propio Ratzinger. Como ya viéramos en El club, de Pablo Larraín, Spotlight, de Thomas McCarthy, Gracias a Dios, de François Ozon, o en la serie El joven papa, de Paolo Sorrentino, esta de la ocultación es una práctica hasta ahora habitual en la casa de Pedro.

Es justo y necesario que la institución se decida de una vez por todas a colaborar en el esclarecimiento de tan atroces actos, y parece que la denuncia del emérito ha sido el pistoletazo de salida: la Iglesia española, entre otras, ha encargado auditorías externas para evitar que los responsables opten tan solo por la penitencia y el perdón divinos y se decidan a poner en manos de la justicia terrenal a los responsables.

Luego quizá fuera hora de intentar que no volviese a suceder, pero las transformaciones que deben darse para lograr eso deben ser mucho más radicales, y afectan al mismo centro del celibato.

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Sin patrón

El Partido Popular ha entrado en modo trágico. La lucha por el poder ha vuelto paranoicos a sus patrones, que han confundido a sus rivales y han hecho de sus correligionarios sus enemigos. Es bien conocido el adagio de «están los enemigos, luego los enemigos mortales y mucho más allá los compañeros de partido» que parece de aplicación estricta en este caso.

Pero de un modo más clásico, también nos encontramos con el falsamente atribuido a Eurípides: «los dioses confunden a quienes quieren perder».

Esta definición de Hybris se aplica perfectamente a Pablo Casado, que lleva mucho tiempo desorientado, melancólico y mal asesorado por esa suerte de Grima —el consejero del Rey Theoden en El Señor de los Anillos— que era Teodoro García Egea. No obstante, el retrato del palentino parece asemejar más al del Senescal de Gondor, Denethor, que solo ocupaba el lugar del heredero de Isildur temporalmente, hasta la llegada del deseado Rey del Noroeste.

Sea como sea, la revolución ha dejado momentáneamente tocado al principal partido de la oposición, que ahora no tiene cabeza visible. La cuestión sobre si Feijoó, el deseado, tendrá problemas con algún patrón de barco amigo suyo, la dejamos para ediciones posteriores.

El último patrón

Pero dejando aparte la malicia y retomando la tragedia, Feijoó ha tenido que enfrentar un mal momento en Galicia con el naufragio del Villa de Pitanzo, en el que 21 marineros perdieron la vida hace pocos días. Su patrón, Juan Padín, vivió por segunda vez un naufragio, y ha podido contarlo.

He querido acabar esta crónica abruptamente, con esta terrible noticia, simplemente para mostrar algo muy evidente: la vida humana es frágil, y muchas veces no somos capaces de ver la carga de heroísmo que llevan a cabo los hombres sencillos en las más cotidianas tareas.

No son las guerras, por tanto, las únicas con derecho a otorgar laureles. Ojalá ni siquiera fueran. 

Escribe Ángel Vallejo

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