Editorial julio 2018

  23 Julio 2018

Aniversarios

2001 1Se cumplen en 2018 dos importantes aniversarios, al menos de esas fechas que suelen marcar un cierto y redondo número. Nada menos que se cumplen los cincuenta años de la realización y estreno de 2001: una odisea del espacio y cien del nacimiento de uno de los más grandes realizadores del cine, Ingmar Bergman.

2001: una odisea del espacio fue realizada por Kubrick a continuación de ¿Teléfono rojo) Volamos hacia Moscú y antes de La naranja mecánica. Como era habitual en Kubrick, el rodaje se preparó de forma concienzuda. Entre la parábola sobre una posible guerra nuclear y la búsqueda de los secretos del Universo pasaron cuatro años. Tres entre ésta y la naranja. Un rodaje casi secreto, con problemas de producción ante la exigencia de los cambios de la banda sonora encargada a Alex North y desechada para incluir, sobre todo, un poema sinfónico de Richard Strauss, Así habló Zaratustra aparte de otras piezas musicales. Lo que no opta para que la música de North —tras ser grabada por Jerry Goldsmith en homenaje a uno de sus amigos y maestros— se haya convertido en una maravillosa banda sonora, aunque maldita al no incluirse en la película.

Desde el primer momento la película de ciencia-ficción, probablemente la más grande e importante de la historia del cine, sorprendió. Interesó, llevó a buscar decenas de interpretación sobre todo referentes a su —para muchos incomprensible— parte final o ante la presencia de los extraños monolitos, fuentes de los procesos evolutivos que algunos relacionaban con Dios.

Para Arthur C. Clarke, autor del guión junto a Kubrick, el monolito representa una civilización más avanzada que la terrestre, cuya llegada a la tierra, en diferentes momentos, trata de conducir a los habitantes de los planetas visitados, para convertirlos en seres más avanzados, siempre de acuerdo al momento de evolución en que el planeta se encuentra.

Posteriormente, Clarke, científico y escritor de novelas de ciencia-ficción, convirtió el guión en novela, y, en virtud de su éxito, escribió varias novelas más sobre el tema, llevadas al cine sin alcanzar el impacto de la primigenia. El filme de Kubrick incluso, desde su posición de culto, ha tratado de ser imitado o homenajeado como en el caso del filme de Nolan Interestellar, sin conseguir acercarse lo más mínimo al padre. No consigue la obra de Nolan, ni de lejos, la capacidad narrativa-expresiva de Kubrick.

2001: una odisea del espacio, se estrenó puntualmente en España en 1968 (octubre). Cuando estaba de profesor en la Universidad Laboral de Cheste (Valencia), y llevaba además toda la actividad cinematográfica, conseguimos, desde el departamento de ciencias, que fuera utilizada la película como una clase, permitiendo acercarnos tanto al proceso evolutivo en la cadena animal como a los avances tecnológicos. Unos mil alumnos (de los cinco mil con los que contaba el centro) asistieron a la sesión (creo sería en 1972 o 1973), que contó, antes y después, con las explicaciones y debates necesarios. Todo ello visto en una gran pantalla y utilizando unos modernos sistemas de proyección (donde ya se utilizaban lámparas en vez de carbones). Fue una experiencia alentadora y significativa.

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Se dice que, debido a la realización de la película, el director fue llamado por los servicios de la NASA para realizar un filme que contaría la llegada del hombre a la luna, realizada totalmente en estudios y que debía ser emitida si el viaje, que debería realizar la nave Apollo 11 no conseguía sus propósitos.

El Apollo 11 fue lanzado el 16 de julio de 1969. Iban en la nave Neil Armstrong (38 años comandante de la misión), Edwin E. Aldrin Jr. y Michael Collins (ambos de 38 años y pilotos). Armstrong pisó territorio lunar el 21 de julio de 1969. Damien Chazelle (director de La La Land) ha realizado una película sobre Armstrong titulada El primer hombre. Inaugurará este 2018 el festival de cine de Venecia, siendo estrenada en muchos países al mismo tiempo que Estados Unidos, incluida España, donde el filme se verá en octubre o en noviembre de este año. Nadie mejor, quizá, para rodarlo que quien en su anterior título buscaba La ciudad de las estrellas.

Sobre el filme preparado para ser emitido si no se conseguía el aterrizaje en la luna, hay, como si dijésemos, una pequeña aproximación en la película Capricorno Uno (1977), de Peter Hyams, curiosamente un realizador que dirigió la primera secuela de 2001: una odisea del espacio, titulada 2010: odisea dos (1984).

2001: una odisea del espacio, podrá ser incomprendida, rechazada por los muchos que piden al cine acción y entrenamiento a raudales, pero nadie podrá olvidar la más arriesgada de las elipsis de la historia del cine, suprimiendo de un tirón, porque no va con la película, toda la Historia de la Humanidad: un hueso alojado al aire y que en sus giros da paso a una nave espacial. Sólo unas palabras pueden definir este prodigioso momento: maestría total.

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Si el filme de Kubrick cumple 50 años, Ingmar Bergman nació hace cien. ¿Bergman? Un apellido corriente en su país natal, Suecia, como lo sería Pérez o Sánchez en España. No sabemos si en Suecia cuando, hoy, se dice Bergman las personas saben que hay una clara referencia a uno de los mayores directores de la historia del cine. O mejor dicho: dos apellidos Bergman, ambos ligados al cine, son los que conocemos como tales en el resto de los países. Y los dos comienzan por I. Uno, claro, es Ingrid, una gran actriz; el otro, Ingmar, un gran pensador, escritor, productor, actor, director de teatro, guionista y realizador de cine y televisión

Ingrid Bergman (1915-1982) interpretó varias películas en Estados Unidos (aparte de hacerlo en su país, en Italia y más sitios), Ingmar (1918-2007) dirigió casi todas sus películas en su país, una en Estados Unidos (La carcoma) y tres en Alemania. Ingrid interpretó en cine algo más de cincuenta películas (y algunas obras en teatro); Ingmar realizó entre cine y televisión (y sin contar las muchas obras de teatro y operas que también dirigió) alrededor de 70 y escribió el guión (aparte de las suyas) de algunas más.

Ingrid e Ingmar coincidieron en una película. Se trata de Sonata de otoño. La actriz de Encadenados quería trabajar con su compatriota. No era para menos, la gran actriz en manos de un gran director. La cosa no funcionó. Las discusiones, los enfrentamientos fueron varios. La película es interesante, pero ni mucho menos una de las grades del director.

Y eso que Ingmar fue un gran director de mujeres, de plantear sus problemas, sus amores, sus derivas, hasta el punto de enamorarse, y llegar a vivir, con la mayor parte de sus actrices, haciendo falsa aquella afirmación de John Ford, dicha después del rodaje de María Estuardo: nunca te enamores de la actriz a la que diriges.

Efectivamente, aquel filme de Ford es mediocre, no es el único de los casi ciento cincuenta que realizó. Su amor, su gran amor, era la protagonista, la excelente Katharine Hepburn. También lo fue para ella, pero Ford, desde su posición de católico y de su rendición a la familia, renuncio a Katharine, lo que la llevó (había tenido otros amores) a buscar una pareja parecida a Ford, incluso casado, Spencer Tracy. De cualquier forma, Ford tenía clara la diferencia entre enamorarse y tener aventuras, las cuales las tuvo con algunas de las actrices que trabajaron en sus películas.

Bergman fue conocido en España al comienzo de los años sesenta gracias al Festival de cine religioso y de valores humanos (hoy la Seminci) de Valladolid. La primera película en presentarse en el festival, retocada para su estreno para darle un sentido cristiano (como también se hizo con algunas de sus obras posteriores) fue El séptimo sello. Era de 1957 pero entre nosotros se estrenó en 1961.

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Para entonces, el director sueco había realizado 16 filmes. El primero, Crisis, lo escribió y realizó en 1946. Después del filme de la partida de ajedrez del caballero y la muerte, nos llegaría El manantial de la doncella. Y durante unos años, sin orden ni concierto, se mezclaron algunos de sus primerizos títulos (Llueve sobre nuestro amor, duramente tratado por la crítica, fue su segundo largometraje dirigido también en 1946) con otros más cercanos a El séptimo sello.

Incluso la Federación Nacional de Cineclubs, con sede en Madrid, llegó a distribuir títulos como Juegos de verano (1951) y Sonrisas de una noche de verano (1955), el filme que realizó con anterioridad a El séptimo sello. Creo recordar que ambos filmes fueron distribuidos en versión original y con subtítulos en inglés. Con todo, una de sus obras maestras, Fresas salvajes, realizada el mismo año que El séptimo sello, no fue estrenada en España hasta 1963. Por cierto, este filme fue tomado como base por Woody Allen para realizar Desmontando a Harry, en 1997 (algo que repitió en varias ocasiones, ya que el director neoyorkino considera a Bergman como grande entre los grandes).

El cine de Bergman nos llegó de forma caótica, tanto por venir de un país que no era habitual en las salas como por evidentes problemas de censura. Luego todo se fue normalizando y pudimos saborear la obra, casi completa, de uno de los grandes creadores del cine.

Para Jean Luc Godard el cine moderno comienza con Un verano con Mónica (1953), película que nos llegó a España ya muy tarde. Mi entusiasmo por su cine se inició cuando en el festival vallisoletano vi Los comulgantes (1963), momento en que no conocía muchas de sus obras anteriores. Revisiones posteriores de las ya vistas y el encuentro con las nuevas que nos iban llegando, me ratificaron en su valía, esa que explota en títulos como Persona (1966).

Dado a experimentar, a buscar un nuevo camino en el lenguaje fílmico, cuando lo explora y llega a la conclusión de no poder ir más allá, comienza a trabajar para la televisión donde logra títulos tan logrados como, entre otros, Secretos de un matrimonio o Fanny y Alexander.

En recuerdo del gran director sueco, de cumplirse los cien años de su nacimiento, en Encadenados preparamos un especial sobre Fanny y Alexander para la sección Rashomon. Tenía que haberse iniciado en el mes de junio, coincidiendo con la conmemoración, pero, diversas circunstancias, lo han impedido, no obstante este verano comienza el nuevo monográfico dedicado a una de las obras maestras de Bergman.

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Algunos directores convierten su cine en una especie de reflexión sobre su vida, sobre los diferentes avatares por los que ha transitado su vida. Bergman es uno de ellos. No el único. Otros en los que también encontramos cantidad de referencias personales son Hitchcock o Godard, sobre todo en su primera etapa como realizador.  Actualmente puede citarse a Garrell o al coreano Hong Sang-soo como los mayores ejemplos de este cine que utiliza la vida del realizador como elemento dinamizador de la historia. Sang soo ha realizado nada menos que tres filmes en 2017 y lleva dos en 2018. Filmes miméticos que convierten, por su forma y estilo, al director en heredero directo de Eric Rohmer.

De los tres filmes que Sang soo ha realizado en 2017, dos ya han llegado a nosotros, En la playa sola de noche y La cámara de Claire. El último se ha estrenado este mismo mes de julio, uno de los pocos títulos de interés que nos han llegado, donde por segunda vez Isabelle Huppert trabaja con el director coreano. Con anterioridad lo había hecho, interpretando varios personajes, en la película En otro país. De las tres de 2017 falta estrenar The day after.

La cámara de Claire rodada durante el festival de Cannes, es un filme sencillo y que suena casi a documental. O a intrascendente. De ahí, en su modestia, su grandeza. Nos podremos congratular que, al menos, se haya estrenado en un verano demasiado pobre en cine.

Y que además, a Valencia, haya llegado, aunque sólo haya estado una semana, un filme tan interesante como El león duerme de noche, del japonés Nobuhiro Suwa, la primera obra de este interesante cineasta que se estrena en España, aunque Yuki & Nina, 2009, se pudo ver en el festival de cine de San Sebastián.

Esperamos que el resto del verano, lo que queda de él, nos pueda ofrecer buenas películas y no bazofias... que son la mayor parte de las estrenadas.

Escribe Adolfo Bellido López


Nota

(1)  Incluso hay filmes que hacen referencia de forma clara a ciertas etapas de la vida de los realizadores. Citemos sólo dos títulos separados en el tiempo, como son Los cuatrocientos golpes (1959) de Truffaut o Whiplash (2014) de Chazelle o… El juego de la oca de Manuel Summers.

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