Editorial mayo 2022

  01 Junio 2022

El retorno del rey

mayo-0-borbonesHay que ver cómo cambian los tiempos. Antes, cuando se hablaba de Restauración borbónica uno pensaba en señalados hechos históricos, como pronunciamientos, dictablandas y dictaduras. Los más críticos, en transiciones democráticas mal significadas.

Pero en nuestra atribulada época, «Restauración borbónica» suena a cuchipanda del patriarca en restaurante de cinco tenedores, a paseo en barca, a histrionismo despreocupado.

Parece ser que el rey emérito da por descontado que la Historia lo absolverá y tanto le da lo que los adocenados españoles de hoy piensen sobre Nitrofán, Corinna o los elefantes africanos. Por no importarle, tampoco parece importarle la Corona, que gracias en parte a los desatinos de su real persona, ahora se tambalea sobre la aparentemente mejor amueblada cabeza de su hijo, el sexto Felipe.

Y es que Juan Carlos de Borbón parece asumir que llegó para reinar solo: no heredó el Cetro de su progenitor ni tampoco muestra signos de preocupación porque lo pierda su sucesor.

Estos son tiempos melifluos indignos de un gran hacedor como él... ¿Para qué un reinado meramente representativo, sin poder efectivo? Hoy día los únicos enemigos de la monarquía parecen ser los independentistas, con sus urnas de plástico… o los aburguesados herederos de aquel Carrillo empelucado, que ahora apenas se dedican a cabalgar contradicciones... ¿Cómo puede compararse eso con el ruido de sables, con los tanques por Valencia, con los embates del terrorismo? ¿Quiénes somos los súbditos de este disminuido reino para juzgarlo? ¿Qué importancia pueden tener sus flaquezas mundanas, cuando él ha combatido con gigantes y ganado los torneos de los dioses del Olimpo?

No es extraño que un monarca que considera que España es ahora una suerte de circo no se transmute en bufón. De momento, sus andanzas ya han dado para una serie de televisión, Los Borbones, que ha producido Atresmedia y que se estrena la noche del 31 de mayo.

La historia lo absolverá, sí, pero no pasará a ella sin tacha: figurará en un lugar destacado de la lista de los reyes concupiscentes, hedonistas, que confundieron inviolabilidad con impunidad, dignidad real con dignitas romana, reino con cortijo.

Los reyes de copas

Aquí el único que parece reinar con criterio es el también «Real» Madrid, que para orgullo de alguno de nuestros principales redactores ha conquistado su decimocuarta Copa de Europa, poco después de conquistar su trigésimo quinta liga.

Parece enjugar con las heces del cáliz europeo los sinsabores del no de Mbappé, que se consuela diciendo que no tiene mérito ir a jugar a un equipo imbatible. Las alhajas del monarca se tornan oropeles si su corte lo ensombrece. Más vale ser cabeza de ratón que cola de león. París bien vale una misa, aunque sea una misa fúnebre.

Y ya que hablamos de Francia, en Cannes, certamen tradicionalmente celebrado en este mes de mayo, se ha coronado Robert Östlund con su Triangle of sadness. En esta edición que hace 75, el festival abrió sorprendentemente con el Top Gun: Maverick de Kosinsky, Cruise, Connelly y… ¡Val Kilmer!

Lo llamativo de su presencia en el blockbuster del aire es que todo el mundo lo daba por enterrado, así de crudo se mostraba su destino en el estupendo documental Val, que se emite en Filmin. Quien encarnara al Rey Filipo de Macedonia en Alejandro Magno, de Oliver Stone, es hoy una sombra grotesca de lo que fue. Sin embargo, la amistad de Cruise se ha hecho valer para que Kilmer reciba un merecido homenaje. Dicen que su escena es de lo más emotivo de la película. 

Así que los ídolos del aire obtuvieron una ovación de cinco minutos, y esto es mucho decir para el festival más prestigioso del mundo. A veces es sano recordar que el entretenimiento puro también tiene un lugar en el corazoncito de los cinéfilos.

mayo-champions

La muerte, para variar

Cannes también fue el lugar donde el documental Bowling for Columbine recibió el premio en su 55 aniversario, hace veinte años. Y digo esto porque parece que Estados Unidos se empeña en que rememoremos cada cierto tiempo la matanza de Columbine y la película de Michael Moore que lo lanzó al estrellato. Los mismos debates se repiten una y otra vez, como en el día de la marmota: los mismos discursos, los mismos lamentos, la misma indigna presencia de la Asociación Nacional del Rifle en el lugar del desastre. El mismo acceso a las armas semiautomáticas, los mismos asesinos inadaptados, de mirada inescrutable.

Todo parece lo mismo, excepto las víctimas, que cada vez son distintas. Diecinueve niños pequeños y dos profesoras fueron asesinados en Uvalde, mientras la policía esperaba refuerzos sin atreverse a entrar al recinto donde el resentimiento se transformaba en ira.

Ahora vienen el llanto y el crujir de dientes, que también son ya conocidos. También los compromisos altisonantes, huecos como la campana que tañe en un funeral.

Tanto da. Simplemente podemos poner el cartel con «0 días sin tiroteos en escuelas» y esperar que el guarismo vaya aumentando poco a poco hasta la siguiente masacre. En este sentido, el éxito de un gobernante en el país de la Segunda Enmienda se cifra en la cantidad de semanas transcurridas entre cada atentado. Poco más parecen querer hacer quienes no osan proponer una interpretación restrictiva de la sacrosanta Bill of Rights o enfrentarse a la todopoderosa industria de las armas.

mayo-maverick

Es la omnímoda tiranía del cortoplacismo político, que del lado de acá y de allá tan pronto alumbra leyes educativas efímeras, indulta criminales convictos e irredentos, como sacrifica en el altar demoscópico el bienestar o incluso la supervivencia de las generaciones futuras.  

Estas generaciones quizá ignoren quién fue Ouka Lele, una de las menos conocidas de las reinas de La Movida. Pintora, fotógrafa, compañera de francachelas de Almodóvar, que falleció este mes de mayo con tan solo 64 años.

También nos dejaron Ray Liotta, con 67, que fue durante tanto tiempo Uno de los nuestros, y Vangelis, víctima del malhadado virus. En un accidente de tráfico desapareció el versátil Chete Lera, demostrando con ello que la muerte reina sobre todas las cosas.

Y sí, también perdura la maldita guerra de Ucrania, no lo olvidemos. En su pacto macabro, muerte y guerra se han aliado para nutrirse mutuamente. El frente parece estancado y los buitres hacen negocio con los despojos y con las armas.

Mientras tanto, nosotros, simples espectadores del mundo, solo aspiramos a reinar sobre nuestras vidas. No es poco, mientras nos sobrecoge el ver caer los imperios y el lento avance de la decrepitud de los que lo tuvieron todo.

Se acerca el verano.

Escribe Ángel Vallejo 

mayo-vangelis


Más artículos...