Editorial marzo 2008

  15 Marzo 2008

Paisaje para después de una batalla
Escribe Adolfo Bellido López

1.- Premios Tirant, 2008

premistirant.gifLos premios Tirant llegaron puntualmente a la cita en el febrero pre-electoral de 2008. El autodenominado Festival del Audiovisual Valenciano tiene su principal garante en Levante, el diario de mayor difusión en Valencia. Un periódico que forma parte de una amplia empresa periodística.

Para quien no sea de esta ciudad, dominada desde hace varios años por un difícilmente entendible vendaval pepero, habrá que decir que este certamen es, ante todo, una fiesta de unos diez días, en honor del mundo de la imagen (valenciana, por supuesto) en general. En los lugares de proyección cohabitan videocreaciones, clips, spots, películas de ficción, animación, documental. Todo ello realizado tanto para cine como para televisión. Y eso dentro de la sección oficial. Los exhibidores y productores también están presentes premiando los filmes más distinguidos, o sea los más comerciales del año... en Valencia. 

Se edita un catálogo para tratar de reconducir al futuro espectador por todos los ámbitos del certamen. Una visión de tal publicación puede producir en el cinéfilo más empedernido un ataque de ansia. Tal es la cantidad de películas ofrecidas (próximas y diferentes) que la oferta puede parece caótica. Porque, además de las secciones oficiales (en todas las categorías enumeradas más arriba) se ofertan ciclos como los dedicados al cinema de las autonomías, al cine europeo contemporáneo.

También hay ciclos especiales dedicados a las cinematografías de Paraguay y de Brasil (país invitado este año) y... más cosas, entre las que no hay que olvidar las producciones escolares realizadas en centros de la Comunidad Valenciana, cuyo jurado, por cierto, estuvo este año formado por tres redactores de la revista Encadenados. Amplio panorama, pues, sobre la imagen de aquí y de allá presente en la conmemoración de su décimo aniversario. Y todo ello regado con premios y más premios otorgados por varios desinteresados jurados.

jurado_escolar.jpg

Se puede pensar, por lo que he dicho, que los Tirant cuentan tanto con un presupuesto elevado como con una organización formada por decenas de personas. Ni lo uno, ni lo otro. El certamen parece ponerse en marcha casi de forma exclusiva por un mano a mano entre sus dos directores responsables Josep Lluis Galiana y Francesc Fenollosa. Ellos dos “son los Tirant”, están en todas partes. Lo mismo saludan (uno a uno) a todos cuantos acuden a las sencillas sesiones de apertura y cierre, como hacen de maestros de ceremonias, muy acompasados, en esos eventos. Preguntan, hablan, se desviven, organizan, agradecen, son guión y parte, en resumen, en la entrega premios. Se puede decir que ellos son el todo y la parte del certamen. Bien es verdad que hay otras personas que les ayudan, algunas con una gran experiencia conseguida a fuerza de pilotar o colaborar en eventos de esta índole. Pero pienso que todo el peso final recae en los dos esforzados co-pilotos, que incluso (si no aparece algún premiado, por ejemplo) son capaces de hacerse la entrega (simbólica de uno a otro) del premio concedido.

No es que Josep Lluis y Francesc quieran por voluntad propia, y como exaltación de sus respectivos egos, erigirse en los supremos hacedores de este certamen valenciano. El problema es que no hay dinero para más. Todo se fía al interés de los patrocinadores. La empresa periodística de la que emergen los Tirant creo que debería ser la corneta que hiciese la llamada general y recogiese la cuota de comentarios y críticas en el devenir de los días del certamen. Quien ofreciese también en bandeja a los patrocinadores y gestionase diversos locales de proyección por toda la comunidad. Quizá ese requerimiento parezca mucho, pero no lo es, máxime cuanto de los Tirant debería nacer para la empresa un aumento de beneficios en forma de aumento tanto de lectores como de publicidad.

Los diez años de existencia de estos premios son dignos de elogio. La labor llevada a cabo también lo es, pero para que el certamen se convierta cara al futuro en el foro audiovisual por excelencia de la Comunidad Valenciana –donde no se eche en falta a nadie– se necesita algo más que el conformarse con “poner en escena” una reunión de maravillosos amigos dispuestos a preparar algo grande durante unos días. Para que “los Tirant” llegue a la altura que deseamos es preciso mucho más que eso.

Se necesita, por ejemplo, contar con dinero suficiente para llevarlo a cabo, al tiempo que se tenga a las personas precisas para evitar repetir los encuentros con aquellos que siempre están encontrándose. Y hay que vender una imagen. No se puede centrar un certamen como éste en unas charlas, unos premios, unas personas competentes... pero incapaces de desdoblarse más de lo que hacen. Como tampoco en proyectar por proyectar aquí y allá, sin que a nivel general se sepa con certeza la razón de eso o aquello.

Los Premios Tirant, con un poco más de “empuje”, podrían convertirse en uno de los certámenes más importantes no sólo de Valencia, también de toda la Comunidad. El soporte, ya lo he dicho, es un grupo de comunicación fuerte desde el que se podría impulsar mucho más su existencia. Hay que captar también a fuertes empresas o entidades que lo avalen. Hay ilusiones, hay ideas, hay ganas de hacer las cosas, pero también es preciso un apoyo fuerte y un grupo en el que Josep Lluis y Francesc puedan descargar algunas responsabilidades.

Como ya hemos dicho, en esta edición se dieron muchos premios. Entre ellos destacaré el concedido al mejor cortometraje, Salvador, historia de un milagro cotidiano de Hwidar Abdetatf, que no hace mucho recibiera el correspondiente y merecido Goya. El premio al mejor largometraje, a su vez, fue para Escuchando a Gabriel de José Enrique March.

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2.- La crítica cinematográfica de ayer a hoy

El concepto y la forma de crítica cinematográfica no ha variado demasiado con el paso de los años. Bien es verdad que algunos críticos tratan de adaptar o encontrar, al aire de sus trabajos, unas nuevas formas de acercamiento a la película, que, en algunos casos, incluyen incluso reflexiones vivenciales.

De todas maneras, algunos de los esquemas novedosos aplicados en el momento actual, siguen casi al pie de la letra viejas representaciones. Las defensas a ultranza de películas por la “veracidad” de sus imágenes llevó hace años a que, en alguna revista especializada de cine, se defendiese con entusiasmo un titulo sobre “nuestra” guerra de (por llamarla de alguna manera) de la Independencia (la lucha de los españoles ayudados de forma muy interesada por las tropas inglesas contra los soldados franceses) como Los guerrilleros, dirigida por Pedro Luis Ramírez en 1963 (hoy a lo mejor hace las delicias de la presidenta de una Comunidad Autónoma). Su defensa se basaba (así se escribió) en que el filme había sol, luz, viento, polvo y... canciones. Algo normal en cuanto su protagonista era nada menos que Manolo Escobar.

guerrilleros.jpgEl problema de la crítica de cine procede en algunos casos del propio medio. Ciertos artículos de revistas cinematográficas de hoy (igual ocurre en revistas de literatura, arte o en suplementos literarios) se acompañan o rellenan (sin saber muy bien cuál es el relleno) con anuncios a toda página de determinadas películas de inmediato estreno (o de libros de tal o cual editorial). Hace unos años un amigo –que hacia crítica en revistas de este tipo– me comentaba de su dificultad a la hora de hablar mal de un determinado filme cuando en la publicación se incluía publicidad de esa película a página completa.   Hoy, este tipo de anuncios también se apodera de los diarios de gran tirada, hermanándose con los resúmenes-criticas de las película que se estrenan ese fin de semana.

Desde hace algún tiempo hay revistas de cine en las que aparece una curiosa variante publicitaria. No son ya las grandes o pequeñas distribuidoras las que ofertan las esencias de las películas que estrenan. Ahora de lo que se trata es de hacer propaganda de las películas que están a punto de ser editadas en DVD. Las revistas, en ese caso, no tienen más remedio que escribir sendos artículos sobre ellas, proclamando tanto sus verdaderas como sus “escondidas” virtudes. Así, el lector no sabe a qué atenerse. Comentario y publicidad forman un todo. ¿Acaso lo que leo –puede preguntarse el ingenuo lector– es algo más que una publicidad pagada por exhibidoras de cine o distribuidoras de películas en DVD? La respuesta a la pregunta no es tan sencilla.

El análisis crítico de una película, y referido concretamente a su presencia en una revista más o menos especializada en la materia, debería ser eso, un análisis del filme. Deberían evitarse lugares comunes (aburrida, torpe, soporífera...) y tratar de enjuiciar la obra desde la mayor (aunque sea difícil) objetividad. En la visión de una película, al igual que en cualquier obra artística, se producen muchas “presiones” externas, sin que se puedan dejar a un lado los gustos y preferencias de cada uno. Una percepción subjetiva que debe ser barrida a la hora de enjuiciar lo que hemos visto.

sweeneytodd0.jpgPor ejemplo, desde mí siento un rechazo hacia Sweeney Todd, El barbero diabólico de la calle Fleet, el último filme de Tim Burton, pero si lo analizo me doy cuenta que “ese” rechazo es exclusivamente mío porque no me gusta la película. Al mismo tiempo sé que se trata de una película muy interesante, un gran guiñol sanguinolento e inteligente. Desde aquí debería reconducir mi crítica.

Análisis objetivos, pues, en los que incluso se eviten fáciles valoraciones y siempre tratando de buscar qué transmite, qué dice la película a través de sus imágenes. Cierta critica se empeña en contar el argumento pormenorizado (al igual que hacen algunos trailers) cuando no en reincidir en la historia como tal, sin atender al valor de la imagen como depositaria del filme. Estudiar secuencias, ver cómo se resuelven tal o cual momento, explicar los juegos interpretativos, los movimientos internos o externos por los que se reconduce la narración... Centrarse en todo aquello que pueda dar pistas y enriquecer los conocimientos de los lectores interesados por el cine.

Lo que a veces no entiendo es la posición de aquellos críticos que al escribir su comentario dicen mostrarse imposibilitados a hacerlo. Que se nieguen a hacerlo, pero que no escriban para decir que no pueden hacerlo. Una contradicción ya que sí lo hacen. No hace mucho leía un comentario crítico en el que escribiente afirmaba lo que acabo de indicar, pero añadiendo un matiz: la imposibilidad procedía de que no conocía demasiadas obras del director de la película sobre la que iba a escribir. Por ello se preguntaba cómo escribir entonces sobre ella.

El crítico enfrentado a tal dilema confundía el análisis de una película aislada con el estudio de ese filme dentro de la obra del realizador. Algo que está bien, pero que no es imprescindible a la hora de enfrentarse a una película. Eso será necesario cuando se haga un estudio del realizador. El analizar una obra aislada, sin injerencias exteriores, es en sí muy interesante. El saber todo lo que rodea al filme visionado es muy enriquecedor, pero a veces puede ser también una especie de freno o de impedimento. Si las películas no pudieran juzgarse en sí mismas estaríamos impedidos a hacer un análisis serio tanto de una primera obra como de la única película que hubiese realizado un determinado director. Así de entrada, y referido a cada caso enunciado, citaré dos títulos: Ciudadano Kane, la primera obra de Welles, y La noche del cazador, la única película realizada por Laughton.    

Un debate este –de y sobre la crítica– de mucho voltajes, y que no puede ser tomado a la ligera. Por supuesto, si al hacer una crítica conozco otras obras de su realizador tendré más datos a la hora de juzgar la obra; incluso si conozco cuáles han sido las condiciones de producción, la etapa en la que fue realizada e incluso la idea base que sustentó la realización de un filme probablemente “adorne” más el comentario crítico. Pero, debe quedar claro, el no saber nada de eso no impide que se pueda estudiar la película, que se analice en sí misma

3.- Y el ganador es...

noespaisparaviejos3.jpgFue una noche intensa. Muchos estuvieron pendientes del momento de la votación. Se esperaba el premio, pero... todo era posible, también la decepción, la derrota, incluso, como ya ocurriese en alguna otra ocasión. Pero no, en esta ocasión, no hubo sorpresas. Se dijo claramente: “And the Oscar goes to... Javier Bardem” por No es país para viejos. ¿Premio justo? Teniendo en cuenta que la Academia de Cine Americana siempre tiende a premiar a personajes estrambóticos, habrá que decir que sí. Quizá sólo podría haberle quitado el galardón el anterior Capote en su papel (exagerado como el de Bardem) de agente de la CIA en la discutible La guerra de Charlie Wilson. Pero el actor ya había recibido un Oscar por aquella biografía sobre el discutido escritor.

Bardem, con todos sus vicios (ese afán por sobreactuar) y virtudes (saber, como aquí, crear un personaje “sin cuerpo”), se merece el premio. Por él y por lo que representa. Estuvo bien que al recibir el premio recordara a sus abuelos, actores ambos y padres de toda una generación de artistas: del director de cine Juan Antonio Bardem, de Pilar Bardem, la madre de Javier. Una saga, la de los Bardem, de personas dedicadas al teatro y al cine, que desde el ayer parece extenderse hasta el mañana (los hermanos de Bardem, sus primos...). Gente, además, comprometida en la lucha por los derechos del ser humano. Javier, en ese sentido, no hace mucho ha producido un filme honesto en su denuncia: el interesante documental Invisibles (2007).

elultimatumdebourne0.jpgQue Javier tiende a forzar sus personajes (y a veces se “pasa”) es cosa sabida. Para comprobarlo, basta ver cómo interpreta su personaje de inquisidor en Los fantasmas de Goya de Milos Forman. Aquí, en la película de los Coen, requerido por el papel, borda el personaje de asesino casi mecánico: un símbolo del Mal que todo arrasa. Javier, además, comienza a crear escuela. Sus característicos gestos son imitados por varios actores, algo que incluso se puede comprobar viendo la breve “declamación” de algún actor en un determinado –y repetido– spot publicitario.

Junto al de Bardem hubo otros Oscar. Unos más justos que otros. El principal, concedido también a la película de los Coen, para mí es incuestionable... sobre todo al comparar el filme con los otros candidatos. De todas formas, de todos los premios concedidos en la noche de los Oscar me quedo con el concedido al mejor montaje. Fue para El ultimátum de Bourne. Si el divertido y frenético filme de espías de Paul Greengrass debe ser destacado es por su agilidad y rapidez, algo que se consigue por su primoroso montaje. Sin duda, la mejor baza con la que cuenta la película.