Editorial mayo 2008

  10 Mayo 2008

Sueños y pesadillas
Escribe Adolfo Bellido López

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De mayo a mayo

En mayo del 2008 se celebran varias efemérides para recordar sucesos que tuvieron lugar en el pasado dentro y fuera de nuestras fronteras. Alguno de esos eventos lo vivimos aunque a distancia, y convenientemente “filtrados”. Otros accidentes más que vivirlo padecimos las consecuencias.

Los dos hechos más importantes ahora recordados han dado lugar a variadas producciones literarias y cinematográficas. Sesgadas, panfletarias, subjetivas, analíticas, generalistas, profundas.... No hay termino medio, se está a favor de ellas o en contra. La huella de ambos hechos ha sido, sin duda, importante para España en el transcurrir de los tiempos.

Claramente cualquiera habrá podido intuir a qué hechos nos referimos. Es difícil ocultarlos. Prensa, radio y televisión se han hecho eco insistentemente de los dos mayos: el más cercano ocurrió en 1968, el más lejano tuvo lugar en 1808.

El primero nos llegó cuando la dictadura franquista era ampliamente contestada dentro de la propia España. Obreros y universitarios trataban de hacerse escuchar elevando las voces en un clamor por la obtención de libertades. Mientras, tanto de aquella Francia, que un día se elevó por encima del mundo para proclamar los Derechos Universales, nos llegaban los ecos de una rebelión que, también, y desde otras perspectivas, unía a universitarios y obreros. Un movimiento ahogado en sus comienzos... pero que mientras “respiró” hizo temblar a más de un Gobierno.

En Europa y en Estados Unidos, por aquel entonces, también se escucharon los gritos de rebeldía pidiendo un mundo más justo y, en muchos casos, imposible.

Se pedía el poder de la inteligencia, de la libertad soñada. Curiosamente, algunos de los luchadores de aquellos días en Francia –y sobre todo en su capital, París– eran gentes que provenían del mundo del cine: varios de los que años atrás (en 1959) habían abierto, con su manera distinta de “mirar”, una nueva ventana al cine. Películas libres las suyas, a las que habían quitado el corsé de la corrección técnica unitaria, hecha de (mentirosas) verdades absolutas. Sí, el cine –parecían decir con sus filmes– puede ser de una manera porque no puede hacerse de forma diferente... Ante la llamada de aquel movimiento, conocido como Nouvelle vague, se apuntaron directores de otras cinematografías. Todos, ellos y los otros, tenían la misma idea: desempolvar, airear los viejos estudios.

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Mayo de 1968

Para concretar aquella revolución de mayo de 1968, muchas leyendas urbanas conceden un gran protagonismo (quizá injustificado) al cine. De hecho, para algunos nostálgicos, el cornetín de llamada de la revolución de mayo emitió sus primeros toques unos meses antes, cuando en febrero el Ministro de Cultura –nada menos que André Malraux– destituyó al director de la Cinemateca de Paris, el mítico Henri Langlois.

mayo_frances.jpgLos manifiestos de acá y de allá en su defensa se extendieron dentro y fuera de Francia. Su comienzo se procura elaborando manifiestos a los que da soporte y ayuda la “deseada” revista de cine Cahiers du cinema, cuna en la que han medrado los grandes realizadores de la Nouvelle vague (Godard, Truffaut, Chabrol, Rivette, Rohmer...). Y las firmas de los escritos de apoyo a los movilizaciones llevan los nombres de Renoir, Bathes, Picasso, Chaplin...

Los cineastas harán huelga e impedirán el acceso a la cinemateca, concentrándose en lo que ocurre delante de ella. Hechos que cuenta muy bien la excelente película Soñadores de Bertolucci.

Esos días los cineastas deciden ir más lejos, para ello, al estilo de la Asamblea Revolucionaria de 1789, crean los Estados Generales del Cine. Cahiers du cinema, seguirá siendo siempre cahiers, por eso “mete” a Langlos en la portada de la revista con una ametralladora que alimenta con celuloide en vez de con balas.

La actividad intelectual fue grande durante aquellos meses. En las calles, las tiendas o los servicios públicos la gente discutía sobre la situación, se hablaba de política, se filosofaba sobre la vida... Se leían libros y en su mayoría se trataba de sesudos tratados, y no de ficción. Se comentaban películas, proliferaban los cineclubs... La gente se hermanaba en un idealismo que terminó evaporándose tan rápidamente como había nacido.

En mayo de 1968, Paris ardía en las huelgas, las luchas callejeras, las barricadas y también de las ilusiones por el ardor de un cambio presentido. El Barrio Latino era una de los lugares donde se impulsaba aquel fuego. Se luchaba, se decía, para cambiar el mundo.

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Godard, el gran Godard

Jean Luc Godard fundó por aquel entonces el colectivo Dziga Vertov, en honor del director soviético. El realizador de Pierrot, le fou se adelantó a la revolución cuando un año antes filmó La Chinoise, la historia de una revolución pendiente...

godard.jpgEn el turbulento mayo lleno de esperanzas, con sus calles inundadas de grafitis, el festival de Cannes también se tambaleó. Se había inaugurado el 10 de mayo. Sólo tres días después comenzaron los incidentes. Y cuatro días más tarde, muy cerca de la terminación del certamen, se interrumpieron definitivamente las sesiones. Godard, siempre Godard, Truffaut, Malle... procedieron a leer un escrito en el que pedían la clausura del Certamen. Ante la negativa de la dirección Malle, Polanski y Monica Vitti dimiten como jurados. Entonces se pedía también la dimisión del director del Festival. Directores como Forman, Resnais o Saura (que presentaba Peppermint frappé) retiraron sus películas de la sección oficial.

Una foto dio la vuelta al mundo: varios directores subidos al escenario de la sala de proyecciones impedían las proyecciones.

Se clausuró finalmente el certamen. De aquellas reuniones, de aquel movimiento surgiría una de las secciones claves del actual Festival de Cannes: La quincena de realizadores.

Al año siguiente, Cannes continuará como si no hubiera pasado nada. Igual que ocurre en Francia. Con todo, en el mayo francés del 68 pasaron muchas cosas. Godard seguiría realizando su cine militante durante algunos años. Dirigió o produjo películas que se proyectaban en fábricas y asociaciones, para que los obreros y los vecinos pudieran expresarse, decir lo que pensaban. Todo aquello que los filmes les sugerían.

El movimiento revolucionario del cine de Godard se extendió hasta 1972, momento en que volvió a integrarse en el sistema normalizado de producción. Pero naturalmente su cine sigue siendo personal y minoritario dentro del impresionante trabajo de investigación que sigue realizando.

chinoise.jpgEl título de la primera película industrial después de su paréntesis militante es elocuente Todo lo demás. Su idea del cine sobre “su” cine no deja lugar a dudas: “No hay que hacer cine político sino hacer cine políticamente”.

Probablemente la película que mejor refleja en el hoy aquel mayo francés del 68 sea Les amants réguliers de Philippe Garrell.

El mundo ha cambiado mucho desde aquel mayo del 68. Gran parte de los revolucionarios de entonces han muerto o se han aburguesado. Godard es uno de los pocos que sigue fiel a su lucha por la innovación, por la inteligencia, por la necesidad de que cualquiera pueda acceder al arte. Se lo dijo muy claramente a Bertolucci cuando le pidió permiso para incluir unos planos de Al final de la escapada en Soñadores: “Puedes hacer lo que te parezca, no hay derechos para el autor, sólo obligaciones”

Mayo de 1808

Ahora, cuando recordamos los cuarenta años del mayo francés, comprobamos asombrados los grandes actos que intentan conmemorar la guerra que tuvo lugar en España en 1808 contra los franceses. Una guerra que no fue, ni mucho menos, como se nos enseñó en la España franquista.

En aquella guerra, como en la de 1936, dominó el planteamiento ideológico. El error del momento se produjo tanto por la desproporcionada actitud de Murat contra los que se habían sublevado en Madrid como por la posterior represalia del ejercito francés. Una cosa llevó a la otra.

La realidad es que aquel más bien falso levantamiento popular, fue el germen de la lucha entre la libertad y la opresión, entre la modernidad y el conservadurismo, entre la luz y la oscuridad, que perseguiría y dividiría (aún hoy) a los españoles. Una guerra aquella de 1808 que fue la lanzadera de todas las otras que posteriormente hubo en España y que culminarían en la terrible guerra civil.

Pero ¿acaso alguna de ellas, de todas las que hubo a lo largo del siglo XIX, incluso la propia de 1808, no fueron guerras fraticidas?

El cine español franquista, sobre todo en sus primeros años, tuvo muy claro el sentido de la guerra contra el francés. De tal material salieron una serie de película patrioteras que van desde El tambor de Bruch hasta Los guerrilleros, pasando por la inevitable Agustina de Aragón. Y la cosa ahora parece que no va a parar, ya que la Comunidad de Madrid, desde un claro sentido político, no sólo ha encargado un filme a Garci, El dos de mayo, sino que también ha bombardeado a los adeptos de la derechista Tele Madrid (en la línea desestabilizadora de la valenciana Canal Nou), a tener que seguir siendo martirizados por una serie sobre tan triste guerra.

Mayo, el de 2008, de celebraciones, en función de años redondos (cuarenta, doscientos) respecto a la fecha en que ocurrieron unos hechos en el pasado.

Hablando de eventos, de celebraciones, bueno será empezar a recordar que nuestra revista, Encadenados (pero “encadenados” a la libertad, no a la opresión ni por supuesto a las “cadenas”) cumplirá años en noviembre. Concretamente diez. Habrá que comenzar entre todos, desde la amistad y la “lucha” por el buen cine, a preparar un monumental pastel de cumpleaños.  

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