Editorial enero 2019

  23 Enero 2019

Balance de un año de cine

el-hilo-invisibleYa hemos jugado también en Encadenados a votar las mejores del año. De momento coincidimos con alguna otra publicación especializada, al menos, en la mejor película estrenada en España en 2018. Como pueden leer en la sección de la revista Todo lo demás, ha recaído en el film de Paul Thomas Anderson El hilo invisible, una gran película sin duda, de influencias hitchcockianas como escribimos en su día en la crítica publicada en la sección Sin perdón. Una película sobre el dominio y el (des) amor perfectamente dirigida e interpretada.

Queda claro, de todas formas, que el haber quedado este filme el primero no quiere decir que sea el mejor estrenado en este año en España, y mucho menos en el mundo. Las razones son obvias: no todos los títulos estrenados en el año han sido visionados por todos nosotros debido bien a no haber aparecido en todas las ciudades, haberlo hecho de forma fugaz o incluso ser estrenados prácticamente a final de año.

Es el caso, por ejemplo, de Burning, Lazzaro feliz, El reverendo o Sin amor, entre las segundas, o de El león duerme esta noche (recientemente ha sido editado en DVD) entre las primeras, mientras que Un asunto familiar (un título puesto absurdamente para su distribución en España cuando el original es consecuente con el filme: Ladrones de tiendas) ha tenido una distribución muy limitada.

Respecto a los títulos, sería más lógico que la traducción de los títulos fuera lo más correcta posible con respecto al original con lo cual se evitan confusiones. No es algo que ocurre solamente en España también fuera se han producido y se producen cambios de títulos, al menos, despistantes. Así, nuestro Solo ante el peligro —en original era High Noon, Mediodíamereció en Francia el título de El tren silbó tres veces o, también en Francia, la viscontiana Luis II de Baviera (Ludwig en el original) se estrenaba como El crepúsculo de los dioses.

Volviendo al tema del juego sobre las mejores del año, hay que dejar muy claro que las mejor distribuidas partirán con más posibilidades a la hora de obtener puestos de honor en la clasificación final. Son, de momento (y en espera de la salida de muchos otros filmes del año en DVD) las vistas con menor dificultad. En esa lista se encuentran (independiente de sus méritos), por ejemplo, El hilo invisible, Los archivos del Pentágono, First man.

Nos hemos referido sólo por lo que respecta a filmes extranjeros. Hay publicaciones que aún separan de las listas las películas extranjeras de las españolas; otras, como la nuestra, no lo hace, pues consideramos que nuestro cine puede competir en gran parte, por calidad, con las producciones de fuera, aunque en muchos casos se tope con el problema de la distribución.

Salvo casos excepcionales como son Campeones y Superlópez (la primera se encuentra en el quinto puesto de las más taquilleras del año, y la segunda es la octava) las películas españolas se estrenan mal y se ven… peor. En la lista de las más taquilleras habrá que buscar títulos españoles más alejados de los anteriores así Todos lo saben –española a medias, medias— se encuentra en el puesto 49 y, mucho más atrás, eso sí entre las cien primeras, Ola de crímenes, Loving Pablo o El reino. Eso sí, en esa lista de las cien más taquilleras no aparecen películas españolas bastante más interesantes que las anteriores. Es el caso de Viaje al cuarto de una madre, de Celia Rico, una gratísima sorpresa; o Petra, tan innovadora en la búsqueda de un lenguaje como todas las anteriores de Jaime Rosales; o Entre dos aguas.

viaje-cuarto-madreA la hora de llevar a cabo el balance de las mejores del año nos encontramos con un pequeño problema: ¿podría incluirse en ese listado las películas producidas por algunas plataformas digitales o incluso algunas series? De hecho, el pasado año Cahiers du cinema consideró la mejor película la tercera temporada de Twin Peaks, totalmente dirigida (?) por David Lynch, formada nada menos que por 18 capítulos de casi una hora cada uno de ellos.

En 2018, en ese sentido, ha sido mayor ya que ciertos realizadores han decidido trabajar para esas plataformas (con polémica incluida en más de un festival de cine por incluirlas o no en la sección oficial del certamen), y en especial para Netflix, que parece dispuesta a dar la batalla a lo que se considera el cine (o más bien) las películas tradicionales. Ha sido el caso de La balada de Buster Scruggs, de los hermanos Coen, o de Roma, de Cuarón (Scorsese acaba de rodar para la misma plataforma El irlandés). En la mayoría de las publicaciones, y en la nuestra también, se ha posibilitado su inclusión e incluso hemos publicado la crítica de ambos.

No voy a discutir ahora la importancia de ambas películas: son películas, son cine, independientemente del medio y soporte utilizado. Eso no se puede dudar.

Roma, ha recibido ya diversos premios que van desde el primer premio en el festival de Venecia al Globo de Oro, tanto a la mejor película extranjera como al mejor director, mientras espera sacar mucho en la ceremonia de los Oscar. Y la verdad sorprende un poco, y más que ciertos, importantes y serenos críticos le pongan la medalla correspondiente a obra maestra, cuando en realidad tal nominación, en el momento de su producción, resulta fuera de lugar.

La obra maestra será aquella que en el futuro resplandezca, no la que en el hoy nos presente desde un ingenuo deslumbramiento su (discutible) grandeza. Y Roma, aparte de que desde la más elemental subjetividad nos conmueva o nos llene de gozo, no puede ser catalogada como tal si la analizamos con sus luces, que las posee, y sus sombras, que también abundan. Es un goloso caramelo que está gritando (por parte del director): degustad lo bueno que soy, lo bien que hago las cosas. Mirad con atención: soy un autor en toda regla. Más o menos lo que en otro orden de cosas hace Pawel Pawlikowski en Cold War (aclamado por su anterior filme, esa especie de contestación a Viridiana que era Ida).

Cuando se estrenaron títulos tan maravillosos como Vértigo o Centauros del desierto, hoy considerados auténticas obras maestras, pocos dijeron maravillas de ellos, al contrario. Y hoy son diamantes. Dejemos tiempo al tiempo y quedémonos hoy con el análisis objetivo de lo que vemos, evitando ser deslumbrados por unas imágenes adornadas con vistosos ropajes de calidad.

El nuevo año ha comenzado. Larga vida a las imágenes en movimiento vengan de donde venga, se nos transmitan por una forma u otra. Ahí está, ahora mismo, la grandeza de una serie estupenda: La chica del tambor sobre la obra de Le Carre, realizada en seis capítulos por el buen director coreano Park Chan-wook; sin duda, mejor que la película realizada en 1984 por Roy Hill. Una serie que muestra y demuestra la relación, la igualdad de unas formas expresivas: su identidad.

Escribe Adolfo Bellido López

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