Editorial febrero 2020

  24 Febrero 2020

Y el ganador es…

parasitos-10Finales de enero y el mes de febrero son las fechas donde se acumulan, en los distintos países, y en las revistas de cine de aquí y de allá (en papel o digitales), los galardones que recaerán en las películas estrenadas en el año anterior. Los últimos en acudir a la cita serán los italianos, con sus David de Donatello a comienzos de abril.

En las ceremonias que tienen lugar en los diferentes países se premian las mejores películas del país organizador existiendo un apartado especial para la mejor película de otros países estrenada en ese año. También existen, en Europa, los premios europeos de cine donde se trata de premiar la mejor película europea del año. 

A falta de los premios Cesar (del cine de francés) que serán a finales de febrero,  haciendo una especie de rápido paseo por los países que han concedido sus trofeos, nos encontramos que Antonio Banderas ha sido uno de los actores más galardonados y al que sólo se le ha negado el Oscar que ha ido, con toda lógica a Joaquin Phoenix por su excelente interpretación en Joker. Sin embargo, de Banderas fue el premio de los Goya y del cine europeo.

Sorprenden muchas cosas de los premios concedidos hasta ahora, como que La favorita fuera considerara la mejor película en los EFA (premios del cine europeo). Un filme que no es, ni con mucho, lo mejor del director griego Yorgos Lanthimos, cada vez más creído de sí mismo, de su endiosamiento como director de obras tan discutibles, como hinchadas y derivando, su obra, cada vez más hacia un cine de autor en el peor sentido de la palabra.

La sorpresa que supuso Canino, incluso desde sus referentes a la obra de Buñuel, intentó reproducirse en la menos interesante Alps para desbordarse, con mucha más aplicación a la obra del gran calandés, en Langosta y resultar fallida en El sacrificio de un ciervo sagrado, su primer filme realizado fuera de Grecia, donde sus metáforas y sus inconexiones desde la irrealidad para sugerir grandes temas y mensajes, llegan casi al ridículo.

Algo en lo que incide, aunque tendiendo a ser más normal, La favorita, la múltiplemente premiada a los EFA, donde incluso, aparte de la mejor película ha obtenido el premio a la mejor ¿comedía?  La brillante Retrato de una mujer en llamas sólo ha conseguido el premio al mejor guión, mientras la reiterativa y a veces inconexa Los miserables, el premio de la crítica.

En los Goya, como era previsible, ganó por goleada Dolor y gloria, descabalgado como su actor, de los Oscar. Un premio justo para un filme que parece cerrar la trilogía autobiográfica de Almodóvar compuesta, además, por La mala educación y Los abrazos rotos.

Aunque uno debe decir que gran parte de la obra del director manchego es en parte autobiográfica, algo nada raro para cualquier artista: impregnar su obra de su propia vida. Ejemplos claros, y citemos sólo dos, en el cine vienen expresados y explicados por las películas de Bergman y Hitchcock. Y no sólo. Veremos hacia donde deriva, ahora rodando sus películas en inglés y, al parecer, en América, el cine de Almodóvar.

Pero, se llaman EFA, Goya, Cesar, Donatello o como se llamen, los premios apuestan por lo seguro, o mejor dicho por esas producciones sonadas, de directores (productoras, intérpretes) reconocidos olvidando lo novedoso o lo realizado fuera de las grandes productoras. El cine independiente, el innovador, el distinto o no aparece ni siquiera en las nominaciones o se le aparta a la hora de la decisión definitiva.

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Y no digamos en el caso de los Oscar. ¿Cuántas películas verdaderamente independientes (una cosa es denominarse así y otra serlo de verdad) han sido nominadas a los Oscar a lo largo de sus largos años de existencia? No sólo, también cabría preguntar  cuántas películas excelentes, y hoy día consideraras maestras, no han obtenido Oscar.

El último número de la revista de cine Dirigido… estaba dedicado a las películas nominadas pero que no se habían llevado el Oscar. Está bien recordarlo, pero quizá sería mejor pensar en aquellos maravillosos films, numerosos, que no tuvieron ni siquiera una nominación. Ford ganó varios Oscar como director, también algunas de sus películas, pero esa enorme película que es Centauros del desierto no tuvo nominación alguna. Es un ejemplo entre muchos.

Los Oscar de este año han sido sorprendentes, y lo han sido en cuanto un mismo filme, no resulta muy comprensible, se ha llevado el Oscar a la mejor película y también el Oscar a la mejor película extranjera confirmando que parte de la filtración que se había producido días antes de la ceremonia era bastante veraz.

No es que Parásitos sea un mal filme, todo lo contrario, pero, en principio, ambos premios parecen contradictorios. Parásito es sorprendente, brillante, quizá demasiado evidente y con un epílogo que sobra. Incluso no es la mejor obra de su director, Bong Joon-ho, que ya nos sorprendió hace años con Crónica de un asesino en serie.

Con todos los reparos que se le puedan ver, es un filme magnífico, como queda demostrado además por la unanimidad de la mayor parte de las revistas de cine, o no, que se han decantado por ella como la mejor película del año. De cualquier manera la cosecha cinematográfica del 2019 fue bastante buena.

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No todas, de las 10 películas que optaban el premio de la mejor película, eran buenas, pero sí la mayoría, como se demuestra por la presencia de títulos como El irlandés, Historia de un matrimonio, Érase una vez en… Hollywood o, incluso, Joker, menos se entiende la presencia de Le Mans 66, Jojo Rabbit y no digamos de la engañosa, falsaría,  pretenciosa… 1917 embadurnada de un falso plano secuencia (unidos diferentes planos entre si…) tratando de hacer creer que toda la película era uno sólo (algo imposible en cuanto la acción del filme se alarga en más de un día).

En realidad el filme, del embaucador (como ha demostrado en otros títulos) Sam Mendes, dramaturgo antes que realizador, tardó en rodarse 65 días y el plano (sin corte alguno) más largo no llega a los siete minutos. Mendes debería aprender cómo narrar una secuencia (y nada gratuita) en plano secuencia, viendo el inicio de Sed de mal de Orson Welles.

Si su realización es gratuita, no lo es menos su argumento y su desarrollo. Si Kubrick viviera (él que había realizado sobre esa misma guerra la impresionante Senderos de gloria) y viera la película… se volvería a morir, pero de risa. De cualquier forma este filme engaño (vapuleado sin piedad en el último número de Cahiers du Cinema) recibió, como era de esperar, varios premios a la ¿mejor? película del año en los Globos de Oro y en los premios BAFTA, concedidos por la industria británica.

Si una vez ha pasado el vendaval de los Oscar, Goya y otros premios, echamos un vistazo a la cartelera no encontramos —salvo el mantenimiento de títulos premiados o que desde las navidades siguen activos respecto a la comercialidad— películas realmente importantes.

Se pueden salvar partes o ideas presentes en Sinónimos (con recuerdo y todo a Soñadores de Bertolucci y al artificio de una ya lejana nouvelle vague) premiada el pasado año en el festival de Berlín y cuyo mayor error se encuentra en la dificultad de unificar la metáfora con una lógica narrativa. Eso que tan bien lo sabía utilizar, por ejemplo, Buñuel. Historia, de todas maneras, de tintes autobiográficos tan irregular como interesante. 

Ahí está también el último Malick, Vida oculta, cada vez más cargante, tedioso. Una primera hora notable, da paso a otras dos interminables y centradas, nuevamente, en la búsqueda ¿espiritual?, en la que parece centrar sus últimos filmes. No estaría mal que Malick volviera a sus principios y distanciara sus películas, en vez de realizarlas de forma obsesiva sin respiro alguno.

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Por nuestras pantallas también se pasea El escándalo de Jay Roach, especializado en los últimos años en realizar biopics, como lo demuestran Trumbo, All the way (realizada para televisión sobre el presidente Johnson) anteriores a este título que, desde planteamientos feministas (interpretado por tres buenas actrices: Nicole Kidman, Charlize Theron y, la menos conocida, Margot Robbie) trata de contar la caída de Roger Ailes, el tremebundo director de la cadena televisiva Fox, pero no consigue sino un filme mediocre de buenas intenciones. Si quieren ver la historia de este siniestro personaje, les recomiendo la miniserie de cinco capítulos, La voz más alta donde se muestra su ascensión y caída. El actor que da vida a Ailes es Russell Crowe.

Después de años parece que nos encontramos ante una nueva película de Brian De Palma, perdida su pista durante años y rescatado en 2015 por el documental de Noah Baumbach y Jake Paltrow (De Palma) sobre su obra. Se trata de Domino. Sería un feliz reencuentro, pero la verdad es que este filme aunque lleve su nombre poco tiene que ver con el que planteó. Masacrado por la productora, remontado, negado por el propio director que no quiere saber nada de esa película al no considerarla suya, es un filme insulso en el que sólo en algunos momentos parece intuirse lo que el realizador de Fascinación o Impacto quiso hacer.

Lo mejor del mes, no sé si ha llegado en España a alguna sala, a Valencia desde luego no lo ha hecho, es sin duda Diamante en bruto de los hermanos Safdie, realizada para Netflix.

Desconocido su cine en España (salvo el pase de algunos títulos por festivales) se muestra impactante, capaz de crear un ritmo ascendente en una historia que, incluso, utiliza personajes reales (un jugador de baloncesto de la NBA, un cantante) para dar ese sentido de veracidad a la película que se mueve entre el cine de Cassavetes y el de Scorsese. Temible viaje al fondo de un Nueva York de matones, joyeros sin escrúpulos, de familias y de grupos religiosos (judíos) embarcados en ludopatías en un mundo de engaños y frustraciones.

Rodada en gran parte a mano, convirtiendo —lo que demuestra la calidad de los realizadores— a un actor tan limitado como Adam Sandler en excelente, el filme da una visión de un mundo caótico y conduce la acción hacia un final endiablado donde el azar juega su baza. Como realización es portentosa y, sobre todo su segunda mitad, es un gran festín cinematográfico.

Sin duda lo mejor que nos ha podido deparar este mes de febrero donde la medianía ha sido el dominante de los estrenos cinematográficos

Escribe Adolfo Bellido López

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