Editorial noviembre 2019

  28 Noviembre 2019

Netflix al ataque

el-irlandes-11Igual que ocurrió a finales de 2018 con los de La balada de Buster Scruggs de los Coen y de Roma de Cuaron, ha vuelto a ocurrir en este con otra serie de estrenos, algunos más sonados que otros, lo que no quiere decir mejores: Netflix ha dejado para estas fechas de finales de año el estreno, en algunos (pocos) cines, de ciertos filmes.

Cines que deben cumplir una serie de requisitos tal como ser pequeños, proyectar en versión subtitulada, estando además su exhibición limitada a una serie de días, de forma que sean, esas proyecciones, como una especie de reclamo y de anuncio del inmediato pase a la plataforma digital productora de las películas.

O sea, esas películas se ponen unos días antes de su pase a la plataforma como aperitivo para el cinéfilo aunque no sólo, ya que la idea de Netflix es poder optar a las nominaciones de los Oscar, para lo cual es preciso que hayan sido estrenadas en cine. Incluso que se hayan presentado en algún festival de cine, sin importar que sea de categoría A.

Hay festivales que no admiten, de momento, las películas producidas por las plataformas digitales e incluso (caso de Cannes) donde, rizando el rizo, al recibir un premio se imposibilita recibir otro. Por ello, este año Dolor y gloría de Almodóvar no pudo recibir (en Cannes) el gran premio al haber recibido Antonio Banderas el premio al mejor actor. Ni ese, ni otro más que pudiera merecer. Un hecho insólito en los festivales o en los premios de cine nacionales, pero cuyo sentido es claro, conseguir un mayor reparto de premios y con ello contentar a cuantos más (países, productores) mejor.

El año pasado la política de Netflix no le salió mal. Así La balada de Buster Scruggs recibió el premio al mejor guion en el Festival de Cine de Venecia y tres nominaciones a los Oscar, mientras que Roma en el mismo festival se llevó el gran premio (León de Oro) y, nada menos, que diez nominaciones para los Oscar, de los cuales le serian concedidos tres (mejor película extranjera, director y fotografía).

En vista de estos éxitos, este año la plataforma ha vuelto a la carga presentado, nuevamente, en Venecia dos películas: Historia de un matrimonio, de Noah Baumbach y The Laundromat: Dinero sucio, de Steven Soderbergh. Las dos se fueron de vacío a pesar, al menos, de la gran calidad de la película de Baumbach.

La tercera producida por Netflix no pasó por ningún festival de cine pero ha sido la estrenada en bastantes (es un decir) salas de nuestros cines: 26 en total (frente a las siete en que se pasa Historia de un matrimonio). Se trata de El irlandés, dirigida por Martin Scorsese e interpretada nada menos que por Robert de Niro y Al Pacino junto a Joe Pesci y (en un pequeño papel) Harvey Keitel. Un título altamente promocionado que aspira a tener muchas nominaciones para los Oscar, con grandes llenos en los lugares donde se ha proyectado.

Scorsese estará, sin duda, presente en los premios de la academia de Hollywood de forma directa (en este filme) o indirecta, ya que nadie duda que otro de los títulos del año, Joker, también apuntado muy alto, se mira en algunos títulos de Scorsese como son Taxi Driver (sobre todo) y El rey de la comedia.

El irlandés a su vez rinde tributo a gran parte de su cine anterior (Uno de los nuestros, Casino, Infiltrados, Gangs of New York) al tiempo que, en cierta manera, homenajea a los Padrinos de Coppola, como muestran unas ráfagas musicales pertenecientes a aquel título.

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De cualquier forma El irlandés sigue en una línea que le lleva a separarse de esos filmes al hablar de la mafia y de su poder, pero también de su decadencia. Una historia donde la vida y la muerte se aúnan con la culpa pero no la redención, el dolor, la separación y el desprecio.

Personajes que dibujan toda una trayectoria vital de horror inmersa en el mundo del crimen organizado siguiendo el largo flashback, incluido en otro flashback, que el protagonista cuenta (mirando a los espectadores desde la silla de ruedas en la que se encuentra, en sus últimos días, en una residencia católica de ancianos), de la misma manera que la contaría al autor del libro sobre el que se basa el filme, abarcando desde su violencia en la II Guerra Mundial, la historia de su vida a la que se ve encadenado por azar, y que le llevará a formar parte de la delincuencia norteamericana que domina en la segunda parte del siglo XX.

Y, por ello, de ahí uno de los grandes aciertos de la película, esa historia personal, pareja a la de los mafiosos a los que estuvo unido, corre en paralelo a la propia Historia de los Estados Unidos: se habla de Kennedy o de Nixon, del trasfondo que aúna a unos poderes y otros.

Robert de Niro (también presente en Joker) y Al Pacino aparecen juntos por primera vez dentro del mismo plano, aunque ambos trabajasen en una misma película. Aquí e la primera que, plano a plano, se enfrentan. Ambos estaban en el reparto de El padrino II y de Heat. En la primera, De Niro sustituía en el papel de Vito Corteone a Marlon Brando, que había sido don Vito en El padrino I. En la segunda, ambos eran los protagonistas, pero nunca coincidieron en el rodaje aunque lo pareciera ya que sí aparecían juntos en una escena. Las maravillosas mentiras que el cine nos depara.

En El irlandés ambos son protagonistas y coincidieron en el rodaje. Sus planos juntos son realmente planos de ambos. Robert de Niro es el protagonista, Frank, el irlandés, el hombre que por hacer se vio convertido en criminal, y que pasó de transportar camiones (y trapichear con la carne que cargaba) a pintar paredes (título del libro en el que se basa la película), referencia a las paredes manchadas con la sangre de las ejecuciones que le encargaba la mafia.

Al Pacino interpreta a uno de los poderosos sindicalistas del transporte, Hoffa, personaje que había sido objeto de una película del mismo título dirigida por Danny De Vito e interpretada por Jack Nicholson. La interpretación histriónica de Al Pacino devora a todos los demás, de forma que cuando aparece en pantalla antes de la hora de proyección (de las tres y media que dura), el filme gana, si eso es posible, en eficacia. Hay escenas sensacionales, entre ambos actores, como toda la que conduce al asesinato de Hoffa. Y entre los intérpretes no se puede olvidar a Joe Pesci, extraordinario en el personaje de Bufalino, uno de los grandes gerifaltes mafiosos.

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La película cuenta con esos travellings (el del comienzo, los contrapuestos del final) propios de Scorsese. Aunque no es una película donde las mujeres adquieren protagonismo, su presencia, en sus silencios y temores, es importante dando lugar a momento muy conseguido: la angustia de la mujer de Hoffa en el momento de arrancar su coche pensando que posee una bomba o el desprecio de la hija mayor a Frank, cuando intenta, en el banco donde ella trabaja, alcanzar su perdón o su cariño o al menos su misericordia.

El mismo reconocimiento no ha tenido (pocos cines como la han programado antes de su pase a Netflix) la película de Noah Baumbach (Frances Ha, Mientras seamos jóvenes, Mistress América) y es una pena porque va a privar de ver tan excelente película a los que no puedan acceder a ella a través de la plataforma digital (aparte que no es lo mismo, hoy por hoy, ver un filme en un televisor aunque sea de gran resolución que en una gran pantalla de cine).

Lo curioso es que la pareja de Baumbach, protagonista de varias de sus película y también directora, Greta Gerwig, será una de las grandes apuestas cinematográficas de estas Navidades, al estrenar, en principio el mismo día de Navidad, su personal versión de Mujercitas basada en la novela de Louisa May Alcott, objeto de varias adaptaciones anteriores tanto para cine como para televisión.

Probablemente será la película de Greta Gerwig una de las grandes dominadoras de las películas de las próximas fiestas, aunque su posible poder comercial sea vencido por la fuerza, es decir el último episodio de La guerra de las galaxias, dirigido como todos de la trilogía final por J. J. Abrams, Star wars: El ascenso de Skywalker, dispuesta a barrer (claro, comercialmente) a sus dos oponentes (Vengadores: Endgme y Joker) por ser la más comercial del año.

Qué la paciencia (y el aguante) nos acompañe (n).

Escribe Adolfo Bellido López

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