Editorial agosto 2019

  29 Agosto 2019

¡Hollywood, Hollywood!

erase una vez en holywood 0Año 1969 algo ha cambiado en Estados Unidos y también, ¡cómo no!, en el cine de Hollywood. Han pasado muchas cosas y pasarán otras muchas que harán un mundo difícil. ¿Mejor? Eso dependerá de cada uno. Al menos, eso sí, será diferente.

Sharon Tate, la mujer de Polanski, es asesinada por Charles Manson y su grupo. Un asesinato que supondrá el declive del movimiento hippie. Hollywood llorará su muerte, Sharon era una de las suyas, de las que sería, se supone, una de esas actrices modelo, prototípicas de una época. Como su marido Polanski, caminaba hacia la cima de su carrera.

En ese año, el Oscar lo recibe un musical (género por excelencia de Hollywood) dirigido curiosamente por un inglés: Oliver, de Carol Reed. Un filme sobre una obra de prestigio llevada al cine en distintas ocasiones (sin música) y hasta años después Polanski dirigirá una nueva versión (no musical, claro). Es, sin duda, una película de estudio.

El año siguiente, o sea premios de la cosecha del 69, el Oscar se le concede a un filme distinto y distante de la trayectoria de Hollywood, Cowboy de medianoche. Curiosamente, como la oscarizada el año anterior, también realizada por un inglés, John Schlesinger. No es ya la típica película de estudio, trata un tema que años atrás sería tabú, imposible de ser llevado a la pantalla. Los actores tampoco son los típicos de la década que acaba. Para Dustin Hoffman, triunfador con El graduado, será uno de los primeros papeles.

Las majors, en parte, comienzan a languidecer, desparecen los grandes productores, los artistas de ayer comienzan a sustituirse por otros nuevos, los géneros tradicionales van dando paso a películas más dispersas en cuanto a ceñirse a un género concreto. El western, en concreto, de hacerse, cada vez menos, mira hacia Italia y sus spaghetti-westerns y en especial a Leone (al que luego Hollywood se encargará de hundir al destrozarle, al menos en América, la maravillosa Érase una vez en América.

En este cambio de época, en el paso a una nuevas formas, es donde Tarantino sitúa su desmesurada, ampulosa, grandilocuente Érase un vez en… Hollywood, homenaje y crítica a la vez a una época, a una determinada manera de entender el cine y la vida. Y también, a su manera, un recuerdo hacia el gran Sergio Leone y su serie, incompleta, de las Érase...

Para certificar esos cambios y esos homenajes, ahí están la presencia de Al Pacino, las referencias/recuerdos a otros films o la presencia, de extras, de algún admirado —por Tarantino— realizador de lo que fueron en su día considerados, más o menos, engendros.

Un filme que es amor y despecho, donde Tarantino da lo mejor de sí mismo y… lo peor. Pero en conjunto, esa desorganizada propuesta es eficaz y sentida con dos actores actuales como maestros de ceremonia.

Si alguien duda aún sobre el saber de Tarantino como realizador, basta que recuerde la secuencia en que la actriz que interpreta a Sharon Tate acude al cine donde se proyecta la última película que Sharon ha estrenado. Un momento genial (con un excelente final) y que, como toda la película (y como muchas de la suyas) juega con la realidad y la ficción.

Además, y quizá como siempre, Tarantino se homenajea a sí mismo y a su cine. ¡Faltaría más! Cannes, que premió Pulp fiction, se desentendió en su último festival de su filme actual que se marchó sin recibir ni un solo premio de consolación. Duro castigo para una película adulta y adusta, realizada por un director capaz de lo peor y de lo mejor, conocedor del cine, devorador de películas, incluidas las infumables.

De cualquier manera, alguien capaz de admirar a Godard de tal forma que a su productora le da el título de una de las películas del realizador francés, Bande a part, deberá ser tomado más en serio de lo que normalmente se toma.

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Si el último Cannes no supo reconocer la grandeza del filme de Tarantino, tampoco estuvo fino al quitarse del medio Dolor y gloria, de Almodóvar, concediéndole un simple premio al mejor actor. Y sí, Banderas está muy bien, pero los absurdos estatutos del festival impidieron que la película recibiera otro premio. No se entiende esa decisión de impedir que un filme pueda recibir más de un premio a no ser que con tal absurdo lo que se pretenda es aumentar el número de películas con premio. Una forma de contentar a muchos. Pero, alguien puede imaginarse que en los Oscar, Goya, Cesar… o premios semejantes se tomase esa medida… Sería claramente inaceptable.

Dolor y gloria inicia ahora su escalada para estar en la ceremonia de los Oscar, un premio que, en el apartado de filme extranjero, ya ha conseguido Almodóvar. Como era lógico, ha sido seleccionado por la Academia del Cine para representar a España junto a otros dos títulos. Uno puede dar bastante juego, Mientras dure la guerra, ya que el tema y el director, Amenábar, suponen una apuesta fuerte. A su lado el filme de animación Buñuel en la isla de las tortugas poco o nada tiene que hacer.

¿Por cuál de las tres se decidirán los académicos del cine español? Este año será difícil decantarse por Almodóvar o por Amenábar. Ambos tienen ases en su mano para, si salen elegidas por acá, puedan llegar a la final en Hollywood. Habrá que esperar.

Cómo también esperamos, después de su conflicto provocado más o menos por Hollywood, la película de Woody Allen rodada hace dos años y secuestrada por Amazon, así como le fue rescindido el contrato para seguir realizando, como hasta ahora, una película por año. Un secuestro absurdo procedente de una especie de caza de brujas, muy propia de Hollywood, de la que ha sido objeto al ser acusado, más o menos, como depredador sexual por su ex mujer, Mia Farrow, aún furiosa por la forma en que se separó de ella. Un caso, el presentado contra el director, confirmado por unos familiares y negado por otros.

El film, Día de lluvia en Nueva York, se estrena en España el 4 de octubre. Antes en setiembre se proyectará ya en Francia. Curiosamente, ha sido Polonia el primer país en el que se ha estrenado esta película. De momento, en Estados Unidos sigue sin tener fecha de estreno. Mientras tanto, Allen probablemente ha terminado ya el rodaje de su último filme en San Sebastián. La producción es española. Confiamos  que su nueva película española nos haga olvidar que un día, aquí, rodó la horrible Vicky Cristina Barcelona.

Escribe Adolfo Bellido López

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