Editorial septiembre 2018

  28 Septiembre 2018

Todos lo saben: Campeones al Oscar

todos-lo-saben-20El mes pasado nos hacíamos eco de la propuesta de la Academia de Artes cinematográficas de Hollywood de conceder un Oscar a la película más popular, y de lo absurdo de la misma. Ante las críticas recibidas se ha dado marcha atrás y, así, de momento ese premio queda en suspenso, aunque se habla de que ello era no para ahora sino para estudiarlo y hacerlo posible dentro de unos cuantos años. Para entonces, y para animar el cotarro, pueden hacer otras singulares propuestas. Todo es válido en una América errática presidida por una mala presidencia que sería hilarante si no metiese miedo.

Cuando escribimos este editorial en agosto también realizamos una serie de conjeturas sobre la terna propuesta por nuestra academia, y cuál sería la película más adecuada. Entonces, claro, no habíamos visto —no se había estrenado aún y no somos de los afortunados en acudir al festival de cine de Cannes— la película del iraní Farhadi, Todos lo saben.

Descartamos Handía y nos centrábamos en las otras dos. Campeones, no es una mala película, es eficaz, en cuanto es capaz de llegar al espectador. De eso su director sabe bastante. Podría ser una buena opción para los sensibles académicos. Contando además con la posibilidad de que Javier Fesser, listo cómo él, pueda preparar un espectáculo llevando allí a los protagonistas de su filme. Con lo cual enternecerían aún más a los acaudalados oficiantes del cine americano.

Cabía la posibilidad, para nosotros desconocida, que esos pomposamente llamados académicos, en este caso de nuestro cine, quisieran jugar la carta del renombre de los que intervienen en la tercera de la terna. Nada menos que un afamado director iraní, con dos Oscar a la mejor película extranjera en su baúl, y un reparto, digamos, internacional, por haber interpretado películas en el aquí y en el allá como son Javier Bardem, Penélope Cruz, Ricardo Darín y Eduard Fernández, entre otros. Como hemos indicado cuando escribimos aquello no conocíamos Todos lo saben.

Después de haberla… soportado, nos parece que en este caso los miembros de la academia de nuestro cine han acertado. Ya, cuando el filme de Farhadi se proyectó, nada menos que en la sesión inaugural del último festival de Cine de Cannes, la crítica se mostró inmisericorde con la película. No es para menos.

La película del director iraní es mala en todo: en la historia en sí, donde ser mezcla thriller con crítica social, historias de amor no correspondido, tipismo y tópicos, donde los personajes son meros trazos, saliendo o entrando en escena sin ningún sentido, incluso sacando del sombrero de hipnotizador alguno —caso del policía retirado, los dos secuestradores o el del propio Darín— que no se sabe qué hacen en la película, acompañando la catarata de errores.

Ahí, como prueba, está un uso del tiempo inexistente por equívoco y de difícil rigor, un guión con lagunas destacables y con momentos indigeribles por increíbles, tal es el caso del secuestro o la secuencia del campanario, donde los primos se reúnen mientas en la iglesia tiene lugar la boda de sus familiares.

the rider-1Sí, claro, el mundo de Farhadi se insinúa, el de la familia con sus mentiras, secretos, ocultaciones. Pero todo ello mezclado en una historia con tintes folletinescos a cuyo hundimiento contribuyen tanto los actores como una realización equivocada, con planos donde los integrantes del mismo no saben cómo moverse. Sin duda, una de las grandes desilusiones de este año.

Aparte de estas historias de los académicos, de los Oscar y de nuestro cine habrá que señalar la presencia en las pantallas de una muy brillante película, que no llegará a muchos espectadores, tanto por su carácter minimalista como por el hecho de haberse estrenado exclusivamente en salas de versión original. Me refiero a The rider segundo largometraje de la directora china, afincada en Estados Unidos, Chloé Zhao (1986), un ejemplo de buen hacer, donde de manera perfecta se une el cine de ficción con la realidad.

Esta historia de los últimos vaqueros sorprende por lo bien que retrata el ambiente una mujer nacida en Pekín y contada a través de ellos mismos y de sus historias. Pero todo como si fuera una ficción. Vaqueros —como una contradicción, ellos mismos se llaman así, siendo descendientes de pieles rojas— que se dedican a cuidar y adiestrar caballos salvajes o a ir de un rodeo en otro. Da igual que, realmente, sean machacados en sus oficinas, que tengan placas de acero en sus cerebros, que estén paralíticos… su mundo es el de los antiguos cowboys. El único que quizá conocen.

Con momentos memorables, como el de la conversación entre el protagonista y su amigo en el hospital. Un instante que va más allá del propio cine, porque esos personajes son reales, en todo, incluso en sus nombres, y viven una historia que ocurrió y que la directora va reviviendo.

Caballos, paisajes y hombres. Todo muy escueto, con un cierto recuerdo al filme de Nicholas Ray Hombres errantes. No pasa nada, si se quiere, a lo largo de los 105 minutos que dura el filme. Si se piensa que ese nada es la vida y una reflexión sobre el tiempo y el espacio. Eso que, quizá, también se ha propuesto hacer Farhadi en su último filme de ficción… sin conseguirlo.

En un mes donde varias películas han querido indagar en historia reales (ese cartel que anuncia aquello de «basado en hechos reales») o que intentan ser un documento preciso, e incluso denunciatorio, de algo que pasó, existe o se niega a morir (caso, sin ir más lejos, de las más o menos logradas El escándalo Ted Kennedy, El capitán o Carmen y Lola), The rider aparece como ejemplar muestra valedora de una mirada novedosa para el cine, aunque sea hecha posible desde su (aparente) clasicismo.

Escribe Adolfo Bellido López

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