Editorial octubre 2017

  30 Octubre 2017

Puntos de vista

UNO

wiazensky-2La casualidad o el azar, ese tan querido que (y no sólo) aparece como conductor en el cine del gran Fritz Lang, se muestra en varios momentos de la vida de las personas. De esa forma, el día 5 de octubre pasado compré el libro Un año ajetreado de Anne Wiazemsky, donde cuenta el año, 1967, que conoció y se casó con Godard. La escritora y actriz, también rodó alguna película, sin yo saberlo, acababa de morir hacía escasos minutos.

Anne, nieta de François Mauriac, fue la protagonista, en 1965 con 18 años, de Al azar Baltasar de Robert Bresson. En el plató se presentó Godard roto su romance con otra Anne, Anna Karina, musa del revolucionario director francés, entonces en busca de una nueva musa. Godard piensa que quizá pueda ser Maina Vlady, pero termina inclinándose por una joven estudiante, que se encuentra en el último año de bachillerato y que no sabe muy bien qué hacer en la vida.

En un libro anterior, también publicado en España, La joven, nos habla de su encuentro con Bresson. De su entusiasmo ante el trabajo con tan importante director pero también de sus dudas y desilusiones.

Un año ajetreado es su inmersión total en el mundo del cine. Por sus páginas no sólo aparece Godard, también están, aparte de Mauriac, Truffaut, Rivette, Coutard, Bertolucci, Jean Pierre Léaud y todo el mundillo intelectual de aquel momento, junto a los estudiantes de la Universidad de Nanterre. Sobre todos ellos, claro, Godard visto por los ojos de Anne. Y lo ve contradictorio, endiosado y tímido, cínico e inseguro, posesivo e infantil. Inteligente e ignorante, progresista y reaccionario, adulto y niño, genial y mediocre, libre y celoso.

Conocemos, al igual que los personajes de sus filmes, cómo responde con frases extraídas de una obra o de una película, y cómo, en fin, trata de convertir sus películas en trasposición de su propia vida. Desde la vacilación y la duda, desde la inexperiencia, la joven de 18 años se enamora de un Godard 18 años mayor, que la deslumbra, sorprende y rechaza.

Se casaron en 1967 y duró su matrimonio hasta 1979 (con Anna Karina sólo fueron seis años).

El inicio de su amor se une al rodaje de La chinoise, un filme que rodó con cariño y entusiasmo, del que esperaba mucho y se convirtió en un fracaso. Estamos en un año clave, el siguiente encenderá una revolución sin apenas mecha, la del 68, pero que moverá a Godard y a su cine hacia posiciones más radicales tanto políticas como cinematográficas. Sobre ese año Anne escribirá también un libro, Un año después, no publicado en España

Los libros autobiográficos de Anne son lúcidos, atrayentes, bien escritos y de fácil lectura. Una forma de conocer una época y a sus protagonistas.

Lo peor es que un director incompetente tome en sus manos ese material para reírse de Godard. A lo mejor se cree que los absurdos Oscar que le concedieron por la tramposa, irregular y mediocre, The artists, le conceden la patente para rodar un filme con el único objetivo de ridiculizar a Godard. El buen relato de Anne se ha convertido en la indecente Mal genio.

Michel Hazanavicius juega la baza, como en su película ¿muda?, de tomar el cine, y sobre todo uno de los cineastas claves del cine moderno, para crear sus temerarios juegos. El director no da para más, tan sólo para no tomarle en serio e ignorarlo. A Hazanavicius le pasa lo mismo que al otrora oscarizado Benigni, La vida es bella: se han crecido creyendo que los, incorrectos e incomprensibles, premios concedidos por la Academia hollywoodense (muchos más los del francés que los del italiano) les concedían patente de corso para picotear sobre la grandeza del cine y de sus maestros. Lo zafio sólo sirve para mostrar la ineptitud de un realizador con poco que decir y menos que contar.

Mal genio es un fallido puñetazo sobre una mesa o pared que ni siquiera existe. Si con este filme el director ha querido ridiculizar a Godard, lo único que ha conseguido es seguir contemplando que detrás del cine de Hazanavicius sólo existe el vacío. Podía haberla título Vaya tontería, Una gansada o, quizá, Mal gusto. El suyo, por supuesto.

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DOS

Desde el pasado mes nuestra revista, cómo se habrá comprobado, en algunas críticas, comparte algunos artículos con Cine Nueva Tribuna, una relación mutua que permite, a unos y a otros, acceder a una mayor información y contenidos, hecho que hay que agradecer a nuestro colaborador Francisco Nieto.

En definitiva, un mejor servicio para ambas partes.

TRES

No sólo la novia viste de negro, el cine en general no se quita el luto. Ya, al principio de este editorial, hemos hablado de Anne Wiazemsky y de su fallecimiento, pues bien a este se han unido, al igual que a lo largo de julio y agosto, otras personas ligadas al mundo del cine.

Cuando comenzamos a preparar el especial dedicado al cine español, dos de nuestros colaboradores enseguida fijaron su atención en Antonio Isasi-Isasmendi, ya que es un nombre importante dentro del devenir de nuestro cine policiaco y de acción. Ya en el rashomon actual, Francisco Nieto ha escrito sobre Relato policiaco, 1954, el primero de los casi 20 largometrajes que dirigió.

Isasi fue quién intentó realizar una serie de películas de este tipo con categoría internacional. Tal es el caso de Estambul 65 (1965) o Las Vegas, 500 millones (1968). No sólo eso, también fue junto a Julio Coll el guionista de un filme clave del género en nuestro país, Apartado de correos 1001 (1950), de Julio Salvador.

Si Isasi se marchó a finales de septiembre, el enorme actor argentino Federico Luppi nos Ha dejado hace escasos días. Su potente presencia en más de ciento treinta títulos, varios de ellos de gran calidad, bastan por si solos para demostrar su valía. Su valor está la interpretación de los diferentes personajes a los que dio vida. Sobra cualquier otro comentario.

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CUATRO

Todo el mundo sabe que Blade Runner (1982) de Ridley Scott es para muchos cinéfilos uno de esos filmes llamados de culto. Como, en otro sentido, lo fue otro título del mismo director, Alien, que por cierto en parte bebía de Planeta prohibido (1956) de Fred M. Wilcox y en mucho mayor parte de una película de pequeño presupuesto, Terror en el espacio (1965) de Mario Bava, nada raro en un realizador coronado con los Oscar por Gladiator (2002), vulgar copia de La caída del imperio romano (1964) de Anthony Mann.

Pero no queremos hablar de Scott ni de su obra futurista sobre los replicantes y humanos, habitantes de un lluvioso 2019 en Los Ángeles y nacidos de la pluma del buen escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, sino de su continuación, o lo que sea, dirigida por Denis Villenueve.

En esta continuación del filme del 82 teníamos puestas muchas esperanzas ya que el director canadiense, moviéndose en diferentes géneros (Indendies, Prisioneros, Sicario, La llamada), había dado muestras de saber contar (no en Enemy). Sin embargo Blade Runner 2049 ni aporta nada al original y menos al cine de su director. Copia sobre el original, excesiva duración, narración cerca de un filme policiaco sin demasiada trama, Blade Runner 2049 se convierte en un filme sin sentido, en una monumental pifia. No se adivina ni qué, ni por qué Villeneuve apostó por volver sobre los replicantes y los humanos. Hasta, incluso, la presencia de Harrison Ford suena a impostura.

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CINCO

Con madre! (en minúscula y con admiración, tal como aparece en los créditos del filme) llegó el escándalo, la confrontación, división entre aquellos que odian el filme o los que lo admiran. Diré que estoy más cerca de los segundos que de los primeros. No comprendo la razón de atacarlo sin piedad o de refugiarse en el socorrido “no hay quien la entienda”.

Una persona me preguntó a qué venía, desorientada, la escena de la misa negra. De pronto me quedé sin respuesta ya que no recordaba hubiese alguna escena mostrando una misa negra. Intenté rebobinar hasta dar con lo de la misa negra. Entiendo que ese momento no sea comprendido por una civilización distinta a la nuestra. La nuestra educada en unos principios católicos sabe exactamente lo que significa la comunión en la misa. Las palabras del sacerdote son claras. “Tomad y comer el cuerpo de Cristo”. Eso mismo narra ese momento: Él (Javier Bardem) entrega el hijo/Mesías nacido de la madre/virgen/tierra a la Humanidad. Ante el terror de la madre, el hijo es aplastado, muerto, por el pueblo, para luego, previa absolución de un ministro poder alimentarse con su cuerpo.

Aronofsky en este filme, en una de sus varias lecturas, procede a contarnos una historia metafórica del mundo desde su advenimiento por el creador hasta el apocalipsis. Un ciclo continuo: origen-destrucción-origen, nacimiento-muerte-nacimiento. La casa, en ese sentido, donde transcurre la acción, será el mundo, lo de fuera, el espacio exterior. Y en el centro Él/Dios (Javier Bardem) ordenando, o creyendo que lo ordena todo. En un momento del filme llegará, incluso, por si no estuviera claro, a definirse diciendo: “yo soy el que soy”.

Por la casa pasa Adán, llega primero, y luego le seguirá Eva y más tarde Caín y Abel y así hasta el cierre apocalíptico.

Este sentido metafórico bíblico marca gran parte del cine de su director, presente en La fuente de la vida, señalado por la pasión en El luchador y reforzado en su título (fallido) anterior, Noé.

Una lectura que se abre a otras como la visión personal de una mujer alocada, frustrada, algo, esas visiones, relatos, mostrando la perturbación, locura de alguien que está también en otros títulos de Aronofsky, caso de Pi, Réquiem por un sueño o Cisne negro.

O sea que, en ese sentido, la madre del filme estaría no muy lejos de la protagonista de Repulsión, de Polanski, filme del que madre! es deudora, como también lo es, entre otros, de La semilla del diablo, también de Polanski, o de El ángel exterminador ,de Buñuel.

Sea como sea, por encima o por debajo de sus interpretaciones, no se entiende cómo sus detractores no se han dejado llevar por un filme exquisitamente realizado, con su melodiosa sucesión de primeros planos de su protagonista, focalizadora de la narración, su asombroso montaje o la excelente banda sonora. Una película sorprendente, rodada en 16 mm y que, al menos envuelta de polémica, trae un viento de aire fresco a la mayor parte del cine varado, enrarecido, vulgar, que nos llega a borbotones.

Escribe Adolfo Bellido López

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