Editorial septiembre 2017

  29 Septiembre 2017

Seguimos igual

dunkerque-111Habrá que esperar a los estrenos de octubre, de la entrada en la nueva temporada, para ver si cambia el sentido de una mortecina programación que nos viene persiguiendo desde hace meses, a pesar de los cohetes que ciertos espectadores y algunos —convencidos, pagados o adormilados— críticos lanzan de vez en cuando.

La verdad es que, por ejemplo, no se puede entender que se proclame por críticos que conocen el cine, y por supuesto los géneros, la excelencia, y además maestra, de —la al menos irregular y en parte mediocre— Dunkerque, de uno de los realizadores —al menos para mí— más engolados, egocéntricos y falsarios del cine moderno. Quizá únicamente sea ganado por Iñárritu.

Entiendo, si se puede, que se califique con una nota decente al filme, pero de ahí que varios críticos de una de las pocas revistas de cine especializadas le otorguen la nota máxima, equivalente a obra maestra, chirría bastante. No vamos a ser malpensados y creer en un convenio, aunque no de hecho, o si quiere un plegamiento a los poderes de distribuidoras y exhibidoras, pero cuesta creer que personas que han visto mucho cine lleguen a esa peregrina conclusión.

Revistas, diarios e incluso publicaciones digitales —no sólo en el caso del cine— se alimentan con la publicidad de las grandes casas distribuidoras, cadenas de producción y exhibición. Y en ellas se hace crítica de cine, o así lo llaman… E, incluso, hay publicaciones serias que cuentan con otras más publicitarias de la misma editoria. Tanto vale para una que para otra. La cuestión es clara y rotunda. Lo subjetivo impuesto gana por goleada a lo objetivo sin imponer o al subjetivismo, personal de uno, de la misma linde.

En el caso de Dunkerque hay una crítica seria y recomendable de Monterde en la revista Caimán y sobre el cine de Nolan existe un excelente e imprescindible artículo publicado en la revista digital www.ctxt.es, muy recomendable, de Jonathon Sturgeon titulado Porno Tory.

Denominarse Nolan como seguidor entusiasta de Hitch y de Kubrick (a lo mejor piensa que los ha superado), demuestra no entender demasiado de que van esos dos admirables cineastas. Si en el caso de Hitch se refiere a su forma de utilizar el suspense, su error es manifiesto. Nolan utiliza ese concepto dentro de la acción más cómo intriga que otra cosa y nunca desde los personajes. A lo que hay que añadir que entiende el suspense como propuesta de forma acumulativa, saltando de una acción a otra, dejando la anterior en un interrogante más próximo a las antiguas películas de jornadas o más allá, los finales tipo Griffith, o, incluso, más acá: el planteamiento de algunas series en las que se cruzan varias historias y se salta de unas a otras.

Dunkerque, en definitiva, ni aporta demasiado al cine, ni mucho menos sirve como referencia histórica de una realidad que se manipula al antojo del director británico hasta convertir no sólo una derrota en una victoria, sino transformar el filme en un alegato inglés.

Entre las cosas que han pasado en estos días de septiembre, está la candidatura a representante de España en los Oscar. Ha sido para Verano 1993 la primera película de Carla Simón. Sobre ella también se han vertido infinidad de alabanzas bastante injustificadas, llegando, las más increíbles, a considerarse como la actual El espíritu de la colmena. Entre uno y otro filme la distancia es abismal. El simbolismo, reflejo y análisis de una época conseguido por Erice no tiene nada que ver con la historia, al parecer autobiográfica, reflejada en la historia de una niña recogida por unos tíos ante el fallecimiento por Sida de su madre. El periplo de la protagonista de Verano 1993 es simplista dentro de una narración sin estridencias, ni alardes. Es una peliculita. Y es que el cine español no da para mucho más.

verano1993

Mejor es duda Abracadabra de Pablo Berger, aunque peque de incompleta y de no centrarse en lo que realmente le interesa. A Berger le sigue pasando lo mismo que en sus filmes anteriores. Sus esperpentos son frenados ante el miedo de ir demasiado lejos por esa línea. Berger se contiene, produciendo una mezcolanza de estilos y formas que le hacen perder el equilibro al filme.

Su último título, el más discutible de los realizados (tras Torremolinos, 73 y Blancanieves) opta, pero frenándose, por seguir una línea cercana al cine de Almodóvar, del cual bebe sin duda y, sobre todo, en este caso de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? donde el personaje de Carmen Maura se transmuta en el de Maribel Verdú. Esa falta de definición, desequilibrio se encuentra, por ejemplo, en la secuencia a la visita de la casa del muerto o la del hospital, y en personajes como el del vendedor de la casa o el interpretado por Josep María Pou, a los que les falta ese mordiente de desmelenamiento, no por ello y sí por la forma de concebir la escena.

Por cierto el excelente final, ese travelling antecediendo al caminar de una muy buena Maribel Verdú, ha sido, quizá, una forma de rendir homenaje a un plano muy parecido y también cierre del filme. Me refiero al final de Cielo negro (Mur Oti, 1951). En ambas, aunque de forma distinta, se muestra una liberación. Allí la de Susana Canales, aquí la de Maribel Verdú

De todas maneras, se halla escogido una u otra, y se haya quedado en el camino también la insignificante  1898, Los últimos de Filipinas, remake en línea progre de la patriotera Los últimos de Filipinas (Antonio Román, 1945), no creemos que Hollywood opte por dejar Verano 1993 entre las elegidas para el Oscar a la mejor película extranjera. A no ser que sean consideradas otras razones para la elección, como por ejemplo ser un filme catalán y hablado en catalán. Cualquier cosa es posible.

De momento el ministro, y quieren le digan cosas cariñosas por eso, se decide a bajar el IVA del cine (¿motivos pre-electoralistas?). Nada menos pretendía ser tratado así en el festival de cine de San Sebastián donde abundan las producciones españolas. Ya que ningún festival de categoría A opta por producciones de acá, se decide hacerlas visibles en el marco del certamen donostiarra. Nada raro, ni extraño. En todos los festivales de cine se hace lo mismo con las producciones realizadas en casa. Ahí tienen a Cannes repleto de cine francés o a Venecia de películas italianas. Y no sólo ellos.

Lo que seguimos esperando es el último filme de Denis Villenueve. Ya casi en la rampa de lanzamiento. Hay expectación por ver lo que este interesante realizador canadiense todo terreno ha sido capaz de hacer con la continuación de la mítica Blade Runner. Todo un reto.

Escribe Adolfo Bellido López

blade runner