Editorial agosto 2017

  28 Agosto 2017

¡Vaya verano!

jerry-lewis-100Se va acabando este caluroso verano, al menos en su etapa vacacional, aunque aún se extenderá hasta más de la mitad del mes septembrino. Un periodo en el que se han producido demasiadas cosas y casi todas trágicas, tanto en general como para el mundo del cine en particular.

Ahí están los cercanos atentados de Barcelona con una trama llena de dimes y diretes que dan para una novela de John Le Carre y una película en sus buenos tiempos de Costa Gavras. Tenemos de todo: atentados, curiosos terroristas que aparecen y desaparecen, muertos sin piedad (con grabación en vídeo incluida que se anuncia, ojo, que puede herir la sensibilidad de quien lo vea), miserables de uno y otro lado, imanes que acrecientan odios junto a políticos (se supone honrados) y algún sacerdote salido de madre en el aumento del odio. De todo hay, se dice, en la viña del Señor.

Para colmo se llega a una guerra (podría ser con consulta incluida) sobre si bolardos sí o borlados no. Sólo faltaba que el país entero, o el mundo entero lo encerrarán en bolardos, o mejor, en vallas o muros para que nadie pudiera entrar… o salir. Prisioneros de nosotros mismos, en definitiva.

Menos mal que de vez en cuando algunos periodistas o escribientes en los medios son sensatos y escriben cosas con sentido común sobre esto y sobre lo de antes o lo que puede venir después. Recuerdo un artículo del diario El PaísNo llores Barcelona por mí, o algo parecido—, algo raro ya en este lamentable diario, amado antes por la progresía y ahora convertido en pozo de impostura, intereses del capital y de los poderes dominantes. O artículos de opinión de Diario.es o de Público y muy especialmente el de Ignacio Sánchez Cuenca.

Luctuosa realidad o irrealidad, lo ocurrido en Cataluña con todas las implicaciones políticas que ese hecho posee en ese momento con las que (muchos) aprovechan para meternos miedo (más que el ocasionado por las películas de terror).

Y de Cataluña viene una de las tres películas seleccionadas por los grandes sabelotodos (aunque no se sabe en qué materia) de la Academia del Cine Español, para ver si pasa a la selección final de los Oscar de Hollywood. Se trata de Verano 1993, un filme que en Encadenados no nos tiene a todos de acuerdo sobre sus (más bien) ocultas maravillas. Creo que citar El espíritu de la colmena (será porque sale una niña) al hablar de ella es una exageración. Un filme correcto sí, pero no mucho más.

Los otros dos títulos que le acompañan son la versión actual (como corresponde en estos tiempos, antimilitarista) de aquella cosa de Los últimos de Filipinas. Su presencia en la terna es un misterio, aunque la verdad es que en este año el cine español de calidad ha brillado por su ausencia. La tercera, y la más entonada, es Abracadabra. Entonada, curiosa no quiere decir grande, ni importante. Es un paso más en la carrera de Pablo Berger (1963), uno de los realizadores, de momento, más interesantes de nuestro cine. Sus tres películas largas, Torremolinos, 73, Blancanieves y Abracadabra, junto al corto  Mama, así lo confirman. Con todo no llega a la calidad, ni la innovación de la anterior en una senda (por la que caminó su último título) no tan lejana a la de cierto cine de Almodóvar.

Con todo, no esperamos que ninguna de estas películas, acorde con lo ocurrido en los últimos años, sirva para pasar el corte (una vez se escoja Verano 1993, casi seguro, o mucho me equivoco). De todas maneras para dejar claro que el cine español (¡ojalá!) es muy importante, el festival de cine de San Sebastián presentará varias películas españolas a concurso o en la sección informativa. Tantas que luego ninguna nos llega para estar representados en festivales como Cannes o Venecia. Berlín es otra cosa.

verano-1993

Hablando de hechos tristes tendremos que recordar los muchos fallecimientos que llevamos contabilizados en este verano dentro del mundo del cine. La racha la inició George A. Romero el director de la importante —y base de muchos títulos posteriores— La noche de los muertos vivientes. Y, curiosamente, finalizó con un compañero de generación, otro de los grandes del cine de terror de los años 70 y 80: Tobe Hooper, quien se dio a conocer con la impactante La matanza de Texas y alcanzó su esplendor en taquilla con Poltergeist, producida (y hay quien dice que algo más) por un tal Steven Spielberg.

También hubo que decir adiós a actrices y actores como Jeanne Moreau o Martin Landau, aquel maravilloso malo, enamorado de un, como siempre, excepcional James Mason, de Con la muerte en los talones. Y de muchos más títulos.

También se han ido el escritor, dramaturgo, actor y director Sam Shepard o Paquita Rico, Elsa Martinelli, Terele Pávez (la hermana de Emma Penella y Elisa Montes; las tres aparecieron juntas en una sola película: La cuarta ventana, 1963, de Julio Coll), quien ganó un Goya a la mejor actriz de reparto por Las brujas de Zugarramurdi. Por cierto, Terele se negó a interpretar la obra de Lorca La casa de Bernarda Alba al haber sido su padre la persona que detuvo al poeta, aunque no tuvo que ver nada con su fusilamiento. Sobre la historia (y las obras) de Lorca nunca quiso saber nada Terele, militante de izquierdas y cercana a Podemos.

Ahora bien, de todas las importantes marchas que se han producido en estos meses, hay dos que, para uno, han representado mayor dolor que las otras. Los motivos son diversos.

Uno, la última acontecida, la de Jerry Lewis, el  personaje que deseaba querer, a través de su personaje, a todos los seres aunque al final se encontrase con la rebelión de las cosas. Jerry, fue aquí en nuestro país, muy al contrario que en la vecina Francia, bastante ignorado o, mejor, desacreditado. Para muchos era un payaso. ¿Y qué tenía eso de malo? Era, si nos ponemos en esa tesitura, un gran payaso, admirador de Stan Laurel y seguidor de la gran corriente del cine cómico americano.

Hay grandes momentos en su cine, de gran calidad cómica e interpretativa, sobre todo en la etapa que trabajó como actor a las órdenes (que no eran tales) de Frank Tashlin. Y luego, ya como creador total. Realizador de una obra maestra, El profesor chiflado (1963) que utilicé en muchos cineclubs en la segunda mitad de los años sesenta para mostrar sus grandes cualidades.

A Lewis le correspondió una entrega (larga y entusiasta junto a otras tres más) dentro de un estudio —uno de los primeros artículos que escribí— sobre varios actores y directores del cine cómico americano en la revista Cinestudio dirigida por José María Pérez Lozano, donde nos encontramos gente tan diversa como Fernando Moreno, José Luis Garci, Adolfo Castaño, Antonio Mercero, José Luis Hernández Marcos, Antonio Gíménez Rico, Mamerto López Tapia y, por supuesto, Carlos Losada (hoy con nosotros en nuestra revista Encadenados) y José Luis Martínez Montalbán, Monti, quien se fue, y tanto lo sentimos, no hace muchos meses, dejando un gran vacío en todos los que hacemos la revista, y cuya sapiencia y concienzudo trabajo echarán en falta nuestros lectores al carecer de las extensísimas y minuciosas filmografías que preparaba para los Rashomon. No sólo, también otras cosas que llevaba, incluso una sección sobre cine mudo. Allí, en Cinestudio también estuvieron Carlos Pumares y Carlos Heredero en las últimas etapas.

George-A-Romero

El segundo adiós que tanto nos ha impresionado, dolido, es el de un gran realizador y amigo: Basilio Martín Patino. A él le he dedicado en la revista un largo artículo en el que resumo mis nueve encuentros con él, homenajeando, a la vez, el título de su primer gran largometraje.

Un artículo en el que he volcado muchas cosas, habrá gustado o no, incluso puede que a alguien le haya sentado mal, pero en él he dado rienda suelta a muchas cosas sobre su cine, su obra y sobre nuestra amistad de años. Con él, en el rodaje de Octavia, estuvo mi hijo Adolfo. Sobre su trabajo en ese rodaje he cometido un error. No fue como meritorio, como digo en el artículo, sino como auxiliar de dirección. Uno de los días seguí el rodaje, de ello dejé constancia en su momento en otro artículo de nuestra revista. Me hubiera gustado haberlo seguido día a día y haber podido escribir un libro sobre esa labor diaria y, por tanto, sobre su forma de trabajo. Ya que no podía hacerlo por motivos de mi trabajo lejos de Salamanca, se lo propuse a uno de sus grandes amigos, de Lumbrales como él, periodista que siguió muy de cerca el rodaje, Nacho Francia, pero no se sintió con fuerzas o no lo consideró un trabajo interesante, o fácil, para él, quien por cierto tiene editado un libro muy sugerente y necesario, Salamanca de cine.

Patino se despidió del cine con un mediometraje no muy lejano, 2012, sobre el movimiento 15-M y que título Libre te quiero. Una frase que, si tuviera escudo, podría ser (un verso de García Calvo al que puso música Amancio Prada) el emblema de su vida. El ansia, sus ansias, de libertad y la de todo un mundo, que hoy más que nunca necesita de ella, para liberarnos de los miedos y ataduras.  

Con cine mediocre, al igual que en gran parte de estos meses, se despide agosto en espera de una temporada mejor en la que aparezca un cine bueno y… libre, en su intento de ayudarnos a buscar también nuestra libertad.

Escribe Adolfo Bellido López

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