Editorial abril 2017

  28 Abril 2017

¿Otros países?

aki-kaurismakiEl mundo, y no digamos nuestro país, vive momentos de incertidumbre, temores, oscuridad. Elecciones por allá, nuevos casos de corrupción asolando al partido gobernante por acá y un tira y afloja más allá entre dictadores reales y presidentes con ansias dictatoriales enfrentados al juego diabólico de una guerra nuclear (¿apocalíptica en un fuego destructor?).

Vuelven a sonar, pero más duros, los tambores, con otros escenarios, de una guerra tirando a caliente y del nacimiento del águila nazi ensombreciendo años donde aparentemente no se incubaban los huevos de serpiente. Atrás quedaban tantas películas que hablaban del ayer o que nos llevaban a pensar, desde el drama o la ironía, en la posibilidad de una verdadera destrucción masiva desde la insolidaridad más radical y el desprecio a quien no es como como nosotros.

La realidad es que a nadie le extrañaría ver a Trump montando sobre una bomba destructora como aquel chulapa imitador de cowboys en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú o asistir a la apoteosis de unos magnates derechistas (ellas o ellos) festejados por sus tropas en un remedo de las exaltaciones de El triunfo de la voluntad o del racismo de Olimpiada.

Se echa de menos, por otra parte, el cine combativo y de denuncia de corruptelas de las producciones italianas de los años setenta para contar la corrupción a todos los niveles, el atraco a los ciudadanos desde, incluso, cercanías soberanas que asola a esta España en la que se intenta comprar a jueces valientes o se opta por expulsar a otros capaces de llegar a los entresijos del Poder. Faltaría para mostrar todo ello a un Costa-Gavras en plena forma, incluso desde sus limitaciones —como en La caja de música o El sendero de la traición—, denunciador de la aparente bondad de un mal oculto o de la existencia de sectarios ultraderechistas.

Quizá no sean buenos tiempos para un cine político claro, consecuente y bueno. Tampoco para ocultarse desde planteamientos policiacos o desde aparente historias aventureras. Comanchería de David Mackenzie (con un excelente guión de Taylor Sheridan) es, entre las películas de los últimos meses, la que mejor expresa ese concepto de cine denuncia en el momento actual.

Ojalá nuestro cine fuera capaz, desde una metodología equivalente, de acercarse a nuestra realidad con la profusión de películas policiacas que actualmente se hacen, imitativas en muchos casos de modelos americanos hace tiempo en desuso, lo que supone una inoperancia con fecha de caducidad. En una marea de títulos de acción delictiva queda el recuerdo de los dos últimos títulos de Alberto Rodríguez: La isla mínima, ejemplo de cine policiaco que desde una historia del ayer refleja el hoy, y El hombre de las mil caras intento, no totalmente conseguido, de representar un cine político, de escaso arraigo en nuestro cine.

No se sabe si el cine actual no trata de representar esa realidad inquietante debido a que el espectador la rechaza al preferir un cine no comprometido o para evitar problemas censores de diferente tipo. Y no exclusivamente estatal, aunque esa también cuenta. Los años ochenta del siglo pasado eran sin duda mucho más permisivos que los actuales. Hoy, con la ley mordaza, como fondo y la mirada ladeada hacia el hermano refugiado, el problema es grande. Nuestro problema de huida y de no aceptación, de cruzarse de brazos y de no saber qué es eso llamado solidaridad.

Los directores de cine no parecen entusiastas defensores de los valores humanos, aunque algunos escapan a esa negación. Por aquí hemos podido ver lo último, fiel a sí mismo, de Aki Kaurismäki (su hermano Mika, cuya última película es Reina Cristina, va por otro lado), quien sigue con sus personajes y sus historias sencillas hablándonos de seres y mundos en los que creer. ¿Cuentos o realidades? Sean como sean, son hermosas parábolas. Unas mejores que otras pero siempre desde unas historias para hacer el mundo mejor. Ocurría en la estupenda Le Havre y sigue fiel a sus propuestas en la bonita —aunque quizá menos conseguida— El otro lado de la esperanza. Una afirmación sobre la unión y la ayuda entre los seres humanos, sean de donde sean.

guediguian

En una línea cercana a la de Aki Kaurismäki se mueve el cine de Robert Guédiguian prácticamente siempre junto a su compañera Ariane Ascaride (más que actriz en sus filmes), lo que ocurre es que el cine de francés ha ido perdiendo fuerza con los años. Aparece bienintencionado pero cada vez más lejano, repetitivo y, desgraciadamente, hasta, por momentos, insulso. Una pena.

Guédiguian eso sí, no se traiciona, no trata de engañar a nadie. Es fiel a sí mismo rodando con una cierta precipitación como si descuidara sus películas porque cree que debe hacerlo para construirla con sencillez y dar un aire de improvisación. Cine el suyo que, de otra forma, muestra la gran variedad existente en el cine francés actual, uno de los más interesantes que se realizan en Europa. Gran cantidad de películas, de buena factura, y de formas y recursos diferentes. Varios títulos actualmente en cartelera así lo refrendan. Unos más pensando en la taquilla, otros en la calidad o en la búsqueda de un estilo. A fondo de Nicolas Bernamou, Rosalie Blue el primer largometraje de Julien Rappeneau, hijo de Jean Paul Rappeneau (su mayor éxito fue Cyrano de Bergerac) y que debuta después de haber escrito más de 15 guiones, o La alta sociedad del siempre sorpresivo y desconcertante Bruno Dumont, son buen ejemplo de ello

De todas formas lo mejor del mes viene de Corea del Sur. Un país que ha dado, y sigue dando, buenos director y buenas películas. No hace muchos años fue una sorpresa el encontrarnos con una cinematografía tan variada como potente.

Uno de esos directores importantes es Hong Sang-soo (Seul, 1960), incansable en sus vueltas y revueltas sobre el amor y el desamor, una especie, sus películas, de cuadernos personales a través de los cuales se sincera y reflexiona con el espectador. Detrás de sus personajes está el propio Sang-soo ofreciéndonos un dialogo continuista sobre la pareja en un juego entre lo que es y no es. Un ejemplo de ello sería el anterior filme estrenado en España, Ahora sí, antes no. Nos acaba de regalar la excelente Lo tuyo y tú y si el ánimo de los distribuidores no decae pronto podremos contemplar sus nuevas, y excelentes, obras.

En este 2017 ya tiene tres títulos más. En uno de ellos La camére de Clairse la protagonista es la inconmensurable Isabelle Huppert que ya había sido intérprete de una de sus películas anteriores, En otro país (2012). En el diálogo continuo y muy personal mantenido por Sang-soo en su obra, no es raro (por ello mismo) que los protagonistas sean guionistas, escritores o directores de cine, devolviendo, desde el espejo de la pantalla, la misma persona de su realizador. Un director, sin duda, al que hay que seguir porque obras como Un cuento de cine o una Noche y día son siempre interesantes. Obras que vienen de otro país para hablarnos de sentimientos propios de cualquier país.

Escribe Adolfo Bellido López

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